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Aunque parezca largo, en realidad el título original de esta película (y de la novela epistolar de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows en la que se basa) añade “de Guernsey” al nombre del club de lectura en cuestión.

Posiblemente, ni el propio R.L. Stine imaginó que se iba a hacer rico y famoso con Pesadillas, su serie de novelitas de terror infantiles. Hablamos de poco más que cuentos largos, no especialmente originales y repletos de clichés y lugares comunes, pero, por alguna razón inexplicable, capaces de encandilar a los críos y crear legiones de fans.

En un texto encontrado en el gran descubrimiento arqueológico de Yinqueshan de 1972, del que habrá ocasión de hablar más adelante, se cuenta el enfrentamiento del Emperador Amarillo o Huangdi con cuatro emperadores tan coloridos como él: el Emperador Rojo, el Emperador Blanco, el Emperador Negro y el Emperador Azul.

“El 15 de mayo de 1796 entró en Milán el general Bonaparte, al frente de aquel ejército joven que acababa de pasar el puente de Lodi y de enterar al mundo de que, al cabo de tantos siglos, César y Alejandro tenían un sucesor.” Con esta rotundidad comenzaba Stendhal su libro La cartuja de Parma, publicado en 1839.

¿Saben lo que se dice cuando alguien tiene cierto temperamento, no? Que si ha salido a este o a ese familiar. Que si lo lleva en la sangre. Que si son cosas propias de su edad. Que si los de su apellido son de esta o de aquella manera. En definitiva, es lo que todo el mundo viene asumiendo que vamos a decir cuando hablamos de biología del comportamiento. Sin entenderla ni por asomo, claro está.

La temporada 2018-19 del Metropolitan Opera House de Nueva York comenzó el 24 de septiembre y se extenderá hasta el 11 de mayo del próximo año. Apertura y cierre con dos partituras francesas separadas por ochenta años (respectivamente 1877 y 1957) y, curiosamente, estrenadas fuera de las fronteras galas: Samson et Dalila de Saint-Saëns en Weimar (en alemán) y Dialogues de Carmélites de Poulenc en la Scala de Milán (en italiano).

Una historieta, acaso apócrifa pero tan manoseada que parece mentira y tan repetida que parece verdad, atribuye a Mao Zedong, Gran Timonel de la revolución comunista china, el siguiente diálogo con el Secretario General del Partido Comunista de Montenegro.

Durante una proyección especial por el 50 aniversario de 2001: Una odisea del espacio, yo, matemático y científico computacional dedicado a la investigación en el área de la Inteligencia Artificial, no pude evitar ponerme a comparar el mundo actual con el futuro que predijo la película.

Si viviéramos ya en un mundo futuro y existieran robots equipados con inteligencia artificial, iguales en todo lo demás a los humanos, ¿sería necesario que fueran conscientes de que lo son? Es decir, ¿debe un robot saber que no es un ser humano? Imagínese viviendo en ese mundo sin saber si usted es o no un robot: ¿querría saberlo?, ¿sería conveniente? Si no hay diferencias fundamentales entre humano y robot, ¿tiene sentido saber si se es una cosa o la otra?

Dado que Fortnite se ha convertido rápidamente en uno de los videojuegos más populares del mundo —jugado por más de 125 millones de personas— decidí jugar yo mismo en un intento por comprender su atractivo.

“Nada de teléfonos móviles en la escuela”, prometió Emmanuel Macron durante su campaña. El proyecto de ley La République en marche (LRM), que prohíbe los teléfonos móviles en los colegios e incluso en algunos institutos franceses, se aprobó el 30 de julio de 2017 en el Parlamento galo.

La esencia del futuro es la automatización. Con ella se exalta este apogeo de los robots que ya anticiparon el cine y la literatura. Ustedes saben a qué me refiero: libros y películas que a veces nos hablan de un mañana prometedor, en el cual nos aliamos con las máquinas, y que otras veces describen un destino apocalíptico, en el que los autómatas dominan el mundo con palabras metálicas y armas invencibles.

Ayer visité las Descalzas Reales de Madrid. Pese a vivir en esta ciudad, pese a llevar años trabajando en las mujeres de la Casa de Austria, nunca había visitado las Descalzas. ¿Razón?: la pereza que me da su sistema de visitas, con cita previa obligatoria. Los días laborables me resulta imposible y los festivos y fines de semana nunca consigo llegar.

Gertrudis Gómez de Avellaneda. Tula, como era conocida entre los suyos. Retrato de 1857, salido de los pinceles magistrales de Madrazo. Me fascinan esas manos, bellas, delicadas. Manos que escribieron hermosas poesías, exitosas obras de teatro y, sobre todo, poderosos escritos a favor de la emancipación femenina. Porque Tula, cubana de Camagüey, fue una mujer polifacética. Entusiasta escritora, periodista, dramaturga. Viajera incansable de educación exquisita.

Manuela Tomasa Sánchez de Oreja, la Gran Piscatora Aureliense, es la primera española autora de un tratado astrológico. En 1741 recibió licencia del Consejo de Castilla para publicar su Teatro de Signos y Planetas. Pronóstico y diario general de quartos de Luna, juicio de los acontecimientos naturales y políticos de la Europa y otras partes para el año de 1742. Y ahí aparece, en la portada de su Pronóstico, con su telescopio, su compás, su esfera armilar... todos los instrumentos propios para interpretar los orbes celestes.

Siempre que llegamos al desenlace de una trilogía, llega también el momento de hacer balance. Este caso, por otro lado, es lo suficientemente peculiar como para que nos detengamos en el perfil de su autora.

Esta es la historia de Tara Westover, que nació en las montañas de Idaho y nunca fue a la escuela infantil, ni a la primaria ni al instituto. Su primer encuentro con las aulas tuvo lugar en la universidad.

En un tiempo en que las mujeres de la buena sociedad se sentían presionadas por la necesidad de hacer un buen matrimonio, de tener éxito social, Catherine Sloper no es una víctima de su falta de atractivos físicos o de su escasa brillantez de ingenio.

Los Boynton están de viaje por primera vez en mucho tiempo. Son una hermética familia cuya jefa es la madre, la señora Boynton, viuda de Elmer Boynton y ex celadora de una cárcel en la que él fue alcaide.

Aunque la aparición de esta novela viene precedida por el prestigio televisivo ‒luego les hablaré sobre ello‒, lo cierto es que quien despierta curiosidad en primer término es su autor. O mejor dicho, sus autores, dado que James S. A. Corey es el seudónimo que emplean dos escritores, Daniel Abraham y Ty Franck, a cuya colaboración se debe la serie The Expanse.