Basada en el ensayo biográfico de Margot Lee Shetterly, Figuras ocultas nos narra una etapa apasionante en la vida de tres mujeres afroamericanas que en 1961 unieron su destino al de la carrera espacial.

Es un tópico, aunque algo desteñido, con cierta vigencia, decir que España es una sociedad mayormente de izquierdas. Para ello se suman marbetes que repiten la palabra pero que, observados de cerca, admiten diferencias bastante radicales.

Recuerden el esquema clásico que se estableció con El padre de la novia (1950), de Vincente Minnelli, y que tuvo su mejor vuelta de tuerca en Adivina quién viene esta noche (1967), de Stanley Kramer. Bien... Ahora, introduzcan en esa vieja receta el delirio procaz y malhablado al que nos han acostumbrado tipos como Jason Mewes ‒el eterno colega de Kevin Smith‒, y entonces se podrán hacer una idea de lo que nos brinda ¿Tenía que ser él?

Un poco de todo hay en Volar en círculos. Historias de mi vida de John Le Carré que, traducido por Claudia Conde, ha editado Planeta en Barcelona. A una serie de crónicas  sueltas, mayormente prescindibles, se añade un par de capítulos de autoanálisis, imprescindibles. No sólo guardan al fino y encarnizado investigador de sí mismo sino que permiten pensar acerca de la calidad vocacional de cierto tipo de escritor, el que podríamos llamar escritor espía. Me atrevo a pensar que es generalizable y decir que cualquier escritor lo es.

¿Qué línea separa el suspense del terror? Un ejercicio estimulante para el aficionado al cine de género puede ser intentar localizar esa frontera en esta notable película de André Øvredal, director noruego que llamó la atención mundial hace unos años con su sorprendente Trollhunter (2010).

Hace unos años el cine se ocupó de biografiar al poeta Jaime Gil de Biedma. El filme se llamó El cónsul de Sodoma y en él un excelente y sensible Jordi Mollá lidió victoriosamente contra un guión presumido y débil. Comentándolo con un amigo que había tratado al escritor, escuché su rasante censura, basada en el hecho de que (sic) había conocido a Gil de Biedma y no era para nada como lo mostraba su biopic. Pensé que aviados estamos si cada vez que se nos referencia algo histórico en el cine sólo lo entenderemos si hemos conocido a los personajes “reales” del caso.

Si lee usted periódicos o blogs, ve o escucha noticieros, o está conectado a las redes sociales, seguramente ya se enteró del hallazgo, dentro de una pieza de ámbar procedente de las minas (sí: el ámbar se extrae de minas) del estado de Kachin, en Myanmar (o Birmania), de un fragmento de cola de dinosaurio maravillosamente bien preservado, que tiene la característica de presentar plumas.

En lo que llevamos de siglo, los zombis han pasado de ser “propiedad” de los aficionados al cine terror a convertirse en un producto de consumo general. El éxito de la adaptación televisiva del cómic The Walking Dead, las “marchas zombi” (zombie walk), la avalancha de comedias zombi a raíz del éxito de Shaun of the Dead (Edgar Wright, 2004), glamourosas muñecas infantiles zombi, videojuegos, monólogos zombi (!)... todas estas cosas y alguna más han “democratizado” a los zombis, y de paso han terminado por cansar un poco.

En el melodrama, las palabras emocionantes y el gesto sincero son armas muy poderosas. Belleza oculta acude a su cita con los espectadores usando ambos recursos, pero también lastrada por algún que otro problema de guión.

Hace poco, todos nos entusiasmamos con la serie de televisión Stranger Things, básicamente porque remitía al cine juvenil de los años 80, con un buen puñado de referencias directas e indirectas a las películas y la cultura popular de aquellos tiempos.

Jim Preston (Chris Pratt) sólo quería emprender una nueva vida en otro planeta. ¿Era eso tanto pedir? Jim quería ser un colono espacial, pero acaba de descubrir que su cápsula de hibernación se ha desactivado noventa años antes de lo previsto. Para su desgracia, no puede regresar al estado de letargo y morirá de viejo antes de llegar a su destino.

En la ficción, todo es negociable. Empezando por la verdad. Bien lo sabían los inspiradores del Nuevo periodismo ‒de Truman Capote a Gay Talese‒ cuando nos acostumbraron a ver crecer las palabras a partir de hechos reales. Y es justamente en esa intersección entre lo real y lo soñado donde nos sitúa este cómic prodigioso, independiente de los géneros, tan conmovedor como la vida misma y tan imaginativo como uno de esos casos que resuelve Batman.

El cine fantástico está hecho de grandes saltos, de movimientos novedosos y también de fórmulas y secuelas. En realidad, la reiteración de un modelo forma parte esencial de eso que llamamos género, y que en realidad, no es otra cosa que volver a contar una historia que merece ser repetida.

La misión espacial no tripulada Cassini-Huygens se emprendió gracias a la colaboración entre la NASA, la ESA y la ASI. Diseñadas con el propósito de estudiar el planeta Saturno y sus satélites, la nave Cassini y la sonda Huygens partieron el 15 de octubre de 1997, impulsadas por un cohete Titan IV Centaur. Después de una travesía que apasionó a los científicos, la sonda llegó a la mayor luna de Saturno, Titán, el 14 de enero de 2005.

Hemos convenido que un cuento de hadas es, primordialmente, la suma de magia, inocencia infantil y moraleja. Ahora bien, ¿es así? Podríamos aceptar esa definición, pero lo más probable es que le encontremos defectos a los pocos segundos. Y cuando llegue ese momento, lo más sensato será recordar a Angela Carter.

Escribía René Guénon que la civilización occidental moderna es una anomalía: "de todas las que conocemos, es la única que se ha desarrollado en un sentido puramente material, la única también que no se apoya en ningún sentido superior. Este desarrollo material, que continúa desde hace ya varios siglos y que va acelerándose de más en más, ha sido acompañado de una regresión intelectual, que ese desarrollo es harto incapaz de compensar".

Dentro de poco desaparecerá el estadio Calderón de Madrid, que se mudará a la periferia y cambiará su nombre castellano por otro chino: Wanda. No veré nunca más su resplandor nocturno cuando había, justamente, partidos de noche. El barrio sur de la capital se queda sin su club emblemático, algo propio que desaparece en una suerte de enajenación.

Mine atrapa a cualquiera que se atreva a ir más allá de los géneros, y sobre todo, acepte que su trasfondo bélico esconde un relato más próximo al realismo mágico. La película es, en este sentido, una muñeca rusa que va mostrando, capa a capa, los secretos y las emociones más profundas de su protagonista, un convincente Armie Hammer dispuesto a sostener todo el largometraje sobre sus hombros.

Hay una ironía implícita en ciertos títulos, como el de esta serie norteamericana. Durante su emisión inicial, que constó de tres temporadas con un total de 83 episodios, fueron alternándose diversos grados de éxito y fracaso creativos, ofreciendo una clara indicación del dilema al que se ha tenido que enfrentar la ciencia ficción desde sus inicios, a saber: ¿debe tener más peso la ciencia o la ficción? ¿Aventura, Emoción y Miedo o Física, Química y Matemáticas?

Por alguna razón que se escapa, en los últimos tiempos se ha puesto muy de moda la figura del célebre narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Series de televisión, películas y documentales han brotado como setas. ¿Por qué? Ni idea, pero al menos hay que reconocer que don Pablo fue un personaje mucho más interesante que Steve Jobs (lo de los mil biopics y documentales sobre ese vendedor de ordenadores sí resulta inexplicable).