Los años centrales de la década de los sesenta supusieron una travesía del desierto para los aficionados a la ciencia ficción cinematográfica. Tras diez años de éxito, las adaptaciones de obras de Julio Verne y H.G. Wells que comenzaran con 20.000 Leguas de Viaje Submarino (1954) ya habían completado su recorrido y los estudios volvían a mostrarse reacios hacia un género que, en el fondo, seguían considerando propio de la serie B.

Hace más o menos una década, el cine surcoreano se puso de moda entre la cinefilia española. La principal causa fue la excepcional película de Park Chan-wook Oldboy (2003) un adaptación del manga homónimo de Minegishi Nobuaki que a todos impactó por su intensidad, originalidad y asombrosa realización.

Poco más se ha podido añadir a la doble herencia de Tolkien y de Robert E. Howard ‒fundadores, con permiso de Lord Dunsany, de la fantasía heroica y del subgénero de espada y brujería‒ después de que ambos se instalasen en el panteón de los clásicos. Y aunque es cierto que otros cultivadores de ese legado como George R. R. Martin aspiran a la originalidad, lo cierto es que pocos, muy pocos escritores han alcanzado la calidad literaria en ese escenario de bárbaros, princesas y hechiceros.

Al señalar en un mapa imaginario el lugar que corresponde a Muhammad Ali, lo más fácil es poner el dedo sobre el Olimpo. En realidad, es lo más próximo a un mito viviente que ha producido, en los últimos tiempos, la cultura pop. Más allá de sus hazañas deportivas y al margen de ese carisma que conquistó a los intelectuales de su época, Ali vino a ser un titán que parecía salir de un tebeo de Marvel o DC.

Nadie se arriesga tanto en una autobiografía como el impostor cuando emplea la inteligencia para inventarse un pasado. Cuanto más fantasioso es este último, más se obliga el falsificador a ir atando todos los cabos de su historia. Una historia que los demás han de creerse de principio a fin.

El británico Chris Foss fue uno de los nombres más importantes en la ilustración de ciencia ficción durante la década de los setenta. Sus portadas para novelas del género ayudaron a vender incontables ejemplares de ediciones en tapa blanda e inspiró a una legión de imitadores.

Seguramente muchos serán capaces de recordar el modo en que Neil Gaiman se transformó en un autor de culto. Tendrán presente la primera vez que lo leyeron, como una revelación que traía densidad intelectual y magia al cómic superheroico. Y luego, su irrupción en el universo literario, con novelas como Stardust (1999), a medio camino entre el cuento de hadas victoriano y las elegantes fantasías de Lord Dunsany.

A los entusiastas de Wonder Woman, esto que nos proponen Dini y Ross les sonará familiar. Un volumen que homenajea a la superheroína subrayando su esencia, entre el mito griego y una introspección muy contemporánea.

Por razones generacionales que muchos entenderán, esta excelente edición de México insurgente me lleva a un lugar de la memoria donde este libro cohabita con tres películas. Las tres llevaron a la figura romántica del periodista John Reed hasta nuevos horizontes.

¿Qué distingue a esta obra de una novela al uso o de una enciclopedia? En realidad, depende de la disposición del lector. Podemos adentrarnos en Leñador como si fuera una poderosa narración biográfica. También podemos disfrutarla como una reflexión vitalista e íntima en torno a los bosques y al oficio de la madera. Y ya puestos a la tarea, incluso podemos hojear el volumen en busca de determinadas entradas de tipo práctico, relativas al universo de los leñadores. Todo ello es válido, y todas esas posibilidades serán igualmente reveladoras para el lector.

He aquí una máxima ejemplar: "De la buena educación nacen los buenos ejemplos". Sigamos con otra: "En los gobiernos bien constituidos, las leyes se sancionan teniendo en cuenta el bien público y no la ambición de unos pocos". Decir que el autor de estas sentencias es Maquiavelo bastará para calibrar la importancia de este volumen.

Los seriales radiofónicos de CF tienen una larga tradición que se remonta a los populares programas de Buck Rogers (1932) o Viaje al Espacio (1953-1955) de la BBC. Más tarde, la experiencia visual de la televisión desplazó a la sonora de la radio. Las únicas excepciones fueron aquellas que se apoyaron en la comedia, en la fuerza del humor, en lugar de la recreación de imágenes espectaculares, mucho más atractivas en la forma de una imagen que en la dramatización sonora.

Viendo el cortejo fúnebre que recorrió Cuba con las cenizas de Fidel Castro, evoqué el que organizó Dionisio Ridruejo con los restos de José Antonio desde Alicante a El Escorial. No es la única asociación entre Franco y Fidel que se me haya presentado. Tengo para mí que el Caudillo alentaba una secreta admiración por el Comandante. Finalmente, era lo que él no pudo ser: un gallego que expulsara a los yanquis de Cuba, lavando la afrenta del Desastre Colonial de 1898.

En el idioma inglés hay una expresión, larger than life, que se aplica a esos personajes cuya figura excede lo común. Figuras tan impresionantes que, por su propia naturaleza, merecen ser inmortalizadas en el recuerdo. Tal es el caso de las protagonistas de esta novela inspirada en hechos reales: mujeres cuya aportación a la ciencia fue poderosa e ignorada a partes iguales.

Escribir una historia de amor y muerte, con el foco dirigido a sus cuatro narradores y protagonistas, es un reto que pone de relieve la ambición literaria de José Luis Rodríguez del Corral, escritor veterano, autor de obras muy reconocidas y premiado en el certamen literario "Letras del Mediterráneo" por el libro que nos ocupa.

Existen en todas las escuelas, más en las públicas, hay que decirlo. Se afanan y también se desesperan. A veces ya no aguantan más el olor del fracaso. Una y otra vez. Intentándolo. En ocasiones se convierten en disruptores. Las más, se aburren. Otras, los vemos mirando distraídos a un limbo que los conduce fuera de la clase.

Las sociedades occidentales afrontan un futuro político incierto en el que los partidos llamados populistas han ganado terreno hasta el punto, en muchos casos, de hacer peligrar algunos de los principios fundamentales de la democracia liberal.

A veces los científicos, pero también los escritores de ciencia ficción, se hacen preguntas extrañas. Por ejemplo, "¿podría evolucionar una planta transparente?"

El ser humano —y también muchos animales— tiende, de manera natural, a clasificar. Clasifica a sus congéneres en machos y hembras; en jóvenes, adultos y ancianos; en grandes y pequeños, y de muchas otras maneras. Clasifica a los seres que lo rodean: en animales (domésticos, ganado, aves y depredadores) y plantas (de ornato, hortalizas y malezas).

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, es el lema del Hombre Araña. Y pocas cosas hay en el mundo moderno que sean más poderosas que la ciencia y la tecnología.