Daniel Tubau

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Escribir

Sigo contando algunas cosas interesantes de la biografía de Stephen King Mientras escribo. Ahora acerca del asunto de por qué escribir.

Maneras de predecir el futuro

Adivinar el futuro ha sido una ambición de los seres humanos desde los tiempos más remotos. Se ha intentado conocer el futuro leyendo las entrañas de animales, mirando las estrellas, sacrificando toros o caballos, echando las cartas, examinando los posos del café o interpretando los sueños, como hizo Daniel cuando el rey Nabucodonosor soñó con una extraña estatua:

El obituario de Coca-Cola

En otra ocasión he hablado del análisis premortem,  una técnica que se emplea en el desarrollo de proyectos y que consiste en hacer un análisis de nuestro proyecto como si ya hubiera muerto (el proyecto). Un poco deprimente, claro, pero muy útil para poner un poco de distancia entre nosotros y el trabajo que estamos haciendo, entre nuestros sueños e imaginación desbocada y la dura realidad.

Gary Klein, analista premortem

La semana pasada hablé del análisis premortem que le practicaron al pobre médium Washington Irving Bishop, sometido a una autopsia todavía en vida, pero ya dije entonces que mi intención era hablar de otro tipo de análisis premortem, el que pueden aplicar estudiantes, investigadores, inventores, guionistas y cualquier persona que se proponga una tarea más o menos creativa, incluidas las que consisten en crear una empresa o diseñar un plan de vida, a sus futuros proyectos.

Rudimentos de prognóstica aplicada

En Maneras de predecir el futuro hablé de los trucos para predecir el futuro, que en realidad suele tratarse de una predicción desde el presente, pero atribuida a profetas imaginarios, como sucede en la lectura del sueño de Nabucodonosor, que se atribuye al Daniel bíblico. También me referí a las dificultades de los historiadores soviéticos para predecir el pasado en función de los gustos cambiantes de Stalin.

Hace muchos años aplicaba, y todavía lo hago en ciertas situaciones, un método que es muy semejante a la prognóstica aplicada, esa ciencia que se ocupa de la predicción del futuro. Mi método también tiene similitudes con el análisis premortem y con los obituarios del marketing, como el de Coca-Cola.

El azar y la necesidad

Uno de los asuntos que ha ocupado durante millones de horas a las mentes más inquietas de la humanidad es problema del azar y la necesidad. ¿Estamos determinados por nuestros genes, por las estrellas, por los dioses, por el clima, por la educación, por nuestro género, por nuestra cultura? ¿Son nuestras acciones libres o seguimos nuestros instintos, como los animales, o instrucciones de un programa, como las máquinas?

Este es uno de esos ensayos que logra convencerte completamente en favor de una tesis. Su único defecto es que la tesis que demuestra es la contraria a la que el autor defiende.

El genio no nace, se hace

Que yo sepa, no se conoce ningún caso de genio que no haya necesitado hacerse, más allá de algún matemático, algún músico  o alguna persona dotada para ciertas operaciones mentales, que casi siempre combina su genialidad en ese terreno con el autismo o alguna otra característica mental que suele afectar a su vida cotidiana. Lo que antaño se llamaban idiots savants, idiotas sabios. Pero eso no es lo que suele considerarse un genio, sino tan solo “un genio… para el cálculo”, por ejemplo.

Lo que sí está en los genes

En diversos momentos he hablado de la célebre y nunca concluida polémica entre lo innato y lo adquirido: aquello que somos a causa de nuestros genes y aquello que somos a causa de la sociedad, la educación o, quizá, a causa de esas extrañas causas imprevistas e imprevisibles a las que solemos llamar azar.

Parientes cercanos

Existen muchas maneras de definir qué es la inteligencia. Una de las más interesantes y precisas es: "La inteligencia consiste en ser capaz de modificar la conducta al tener en cuenta la información que se recibe del medio circundante".

Como ya he dicho, ciertos pasajes en los que Tucídides parece sugerir que el poder depende de la fuerza, aunque a veces lo haga a través de discursos de diversos personajes históricos, han hecho que se lo compare no sólo con Maquiavelo, sino también con Hobbes, Nietzsche y Diodoto.

Los discursos

El método de intercalar en su historia discursos que a menudo no han sido escuchados personalmente, como el propio Tucídides confiesa, pues debido a su exilio a partir de –424 no pudo presenciar la política interna ateniense, plantea muchos problemas de veracidad:

He querido combinar en el título de este artículo el concepto de sociedad abierta de Karl Popper, con la figura de otro filósofo, Bertrand Russell. De este modo, aparecen juntos, por un lado, uno de los filósofos más importantes del llamado pensamiento conservador o de derechas (Popper), y por el otro, el filósofo quizá más importante del siglo XX en el terreno progresista o de izquierdas (Russell).