Fernando Fraga

Fernando Fraga

Es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico y conferenciante.

Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista Scherzo.

Asimismo, es colaborador de otras publicaciones culturales, como Cuadernos Hispanoamericanos, Crítica de Arte, Ópera Actual, Ritmo y Revista de Occidente. Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros Vivir la ópera (1994), La ópera (1995), Morir para la ópera (1996) y Plácido Domingo: historia de una voz (1996).

Es autor de las monografías Rossini (1998), Verdi (2000) y Simplemente divas (2014).

En colaboración con Enrique Pérez Adrián, escribió para Alianza Editorial Los mejores discos de ópera (2001) y Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD (2013).

Copyright de la fotografía © Blas Matamoro.

graciasportadadefesq

Entre L’apoteosi d’Ercole (Nápoles, 1819) y Virginia (ídem, 1866), Mercadante escribió alrededor de 60 óperas que fueron triunfando (o menos) a lo largo y ancho de Italia y Europa, compitiendo con los mayores colegas nacionales, desde Rossini a Verdi.

Anna Netrebko (Krasnodar, Rusia, 1971) es hoy sin duda la soprano operística más famosa, sin que apenas discutan su supremacía las búlgaras Krassimira Stoyanova o Sonya Yoncheva, la norteamericana Sondra Radvanovsky o la alemana Diana Damrau. Una lista que podría quizás ser susceptible de ampliación o mejora y donde no aparece ninguna cantante italiana, dejando de lado a la que podría considerarse como la “reina madre” de todas esas sopranos que se halla ya algo cercana ya a la sesentena: Renée Fleming.

El sello videográfico Farao nos permitió, a veces con un poco de retraso, acceder a producciones operísticas provenientes de ese imponente teatro que domina la bahía de Sidney como un ave gigantesca a punto de emprender el vuelo. Con cantantes afectos a la Ópera Australiana, muchos de ellos de un nivel más que respetable y en producciones muy trabajadas, la mayoría de bastante interés, para las que se convocaba a profesionales de cierto prestigio internacional como Lofti Mansouri, Moshinsky, Hampe, Lazaridis, Negrín, Zambello, Copley y algunos otros.

Giovanni Paisiello fue un auténtico hijo de su época, músico errabundo que sabía impregnarse de las corrientes estéticas de su generación. En la postrera fase de su carrera, después de las fructíferas etapas rusa (El barbero de Sevilla), vienesa (El rey Teodoro en Venecia) o napolitana (La molinera) fue llamado por Napoleón a París (donde años atrás había triunfado con Nina, la loca por amor) para dar algo de impulso a la mortecina producción lírica francesa.

Giacinto Calderara fue un compositor que vivió entre 1729 y 1803 y trabajó durante 54 años en Asti, estrenando algunas óperas que gozaron del esperado éxito como el Ricimero, ofrecida por vez primera en el Teatro Regio de Turín el 27 de diciembre de 1755, con el detalle curioso de que en el rol titular se turnaron el tenor Pasquale Potenza y la soprano Felicita Suardi.

La trágica historia de Romeo y Julieta, los dos jóvenes enamorados de Verona que acabaron con su vida por la ancestral oposición de sus familias, surgió del poeta renacentista Matteo Bandello, que se basó en un hecho real; fue universalizada por William Shakespeare y puede considerarse que se popularizó sobre todo a través del cine.

Mara Zampieri: su mejor época

Este Ernani de Verdi procedente, sin estar fechado, del teatro de Trieste que lleva el nombre del compositor, con Mara Zampieri en el nada cómodo papel de Elvira, puede situarse entre 1978 y 1985, un momento en que el arte de la soprano paduana encontraba una correlación entre medios y pretensiones.

La fanciulla del West de Puccini no es una obra que obtenga la atención que merece, orillada siempre por otros títulos del maestro luqués. Se trata, sin embargo, de una partitura estupenda que permite el lucimiento a cantantes (tres principales y varios «de reparto» con momentos de relieve pasajero) y directores musical (¡qué sutil y refinada orquestación!) y de escena (ha de mover un acto primero complicadillo).

Tosca de Puccini y La Traviata de Verdi son sin duda las óperas más representadas a lo largo y ancho del mundo lírico. Dos obras con historias femeninas de diferente contenido pero de similar conclusión: en las dos muere la heroína que le da título.

En 2015 el sello Decca publicó un cedé que denominó Los cinco contratenores. Producido por Georg Lang y uno de los cantantes convocados, Max Emanuel Cencic, grabado durante el mes de julio de dos años atrás en el Dimitris Mitropoulos Hall, Megaron, en Atenas, reunía a parte de la crema contratenoril de la actualidad. Una especie de ONU de contratenores ya que el citado Cencic representaba a Croacia, Yuriy Mynenko a Ucrania, Valer Sabadus a Rumanía, Vince Yi a Corea (del Sur, claro) y Xavier Sabata a España.

En la primavera bávara de 2015, amplio espacio ciudadano de la Königsplatz muniquesa, flanqueada por edificios que le dan aún mayor espectacularidad al reproducir los tres estilos de la arquitectura griega, el dórico, el jónico y el corintio, tuvo lugar un magno recital que el Palacio de la Prensa hizo llegar al público madrileño que ante semejante exposición musical se sintió interesado.

Desde 1953, año en que inició su actividad la Asociación Bilbaína de los Amigos de la Opera (ABAO), Jules Massenet ha estado presente en sus temporadas únicamente con dos obras: Manon y Werther.

Desde el Palacio de la Prensa madrileño hubo oportunidad de asistir en directo a una reposición del Rigoletto verdiano desde la Royal Opera House londinense. Se trata del montaje de David McVicar que comenzó a andar en 2001, sustituyendo al anterior de Núria Espert, y que ha sido constantemente repuesto en ese Covent Garden donde está en camino de sobrepasar las dos décadas.

Gilbert-Louis Duprez fue un tenor francés nacido (1806) y muerto en París (1896) que, después de una carrera como lírico ligero, se enfrentó a partes más pesadas para su cuerda, estrenando Arnold de Guglielmo Tell de Rossini en su presentación italiana, Benvenuto Cellini de Berlioz, Fernand de La Favorite, Polyeucte de Les Martyrs y Dom Sébastien de Donizetti, además de Gaston de Jérusalem de Verdi, el equivalente italiano al Oronte de I lombardi alla Prima crociata.