Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar). Colabora en el podcast Los Retronautas.

Imagen superior. "Astronaut Academy", de Dave Roman. Emerald City Comic Con, Seattle, Washington.

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"Las aventuras de Don Quick" (1970)

Nos encontramos en esta ocasión con una curiosidad de breve vida inspirada en un icono ibérico: una sátira en clave de ciencia ficción basada en el personaje de Don Quijote. Su anti-héroe protagonista, Don Quick (Ian Hendry), se dedica a cargar contra planetas en lugar de molinos de viento.

La de periodista es una profesión de resonancias casi míticas. Los mismos profesionales del gremio se han encargado de revestir a su tarea de un aura heroica, invocando las hazañas de intrépidos reporteros de guerra o investigación. El cómic ha sido especialmente proclive a elegir a periodistas como protagonistas de las más inverosímiles aventuras. La lista de reporteros-viajeros en el mundo de las viñetas es largo e ilustre: Tintín, Brenda Starr, Spirou, Taxi, Frank Cappa, Johnny Focus, Ernie Pike…

A comienzos de la década de los sesenta y a demanda de unas cadenas de televisión dispuestas a satisfacer las demandas de entretenimiento de todos los sectores de la población, las series de ciencia ficción empezaron a formar parte regular de todas las programaciones.

Atendiendo a la demanda de las cadenas de televisión, la ciencia ficción comenzó en los años sesenta a frecuentar las parrillas de programación. Desde el espionaje futurista de El agente de CIPOL” (1964-1968) a las aventuras con sabor pulp de Viaje al fondo del mar, la diversidad que se pudo encontrar en esa década dentro del ámbito de nuestro género fue extraordinaria.

En 1975, la revolución del cómic adulto francés gestada en el 68 todavía mantiene su vigor. Junto a la continuidad de series clásicas (Asterix, Lucky Luke, Alix, Blueberry…), aparece la primera aventura de Corto Maltés, La Balada del Mar Salado, serializada en France-Soir, y se lanza una nueva publicación de cómics, Fluide Glacial.

Más de treinta años después de su estreno, es difícil pasar por alto la influencia de Star Wars en el cine de ciencia ficción. Su masivo éxito popular y espectaculares imágenes pusieron punto y final a la larga lista de deprimentes filmes que el género había ofrecido en los años anteriores y directores y productores de todo el mundo se lanzaron a capitalizar la exigencia de los espectadores de una ciencia ficción escapista.

La década de los ochenta fueron años en los que la ciencia ficción de Hollywood redescubrió el negocio de las secuelas. Superman, Alien y Star Wars prolongaron sus éxitos de los setenta, mientras que Terminator o Regreso al futuro resultaron ser inversiones extraordinariamente rentables que iniciaron sus propias franquicias cinematográficas.

La primera película de Star Trek había nacido a la sombra de Star Wars y se apoyaba en sus largas secuencias de efectos especiales. La segunda, La ira de Khan recuperaba lo mejor de la serie televisiva original, utilizando la ciencia ficción como fondo para reflexionar sobre la naturaleza humana. Star Trek III buscó un equilibrio entre las dos anteriores, mezclando la space opera, la filosofía y los efectos especiales.

Misión salvar la Tierra fue la cuarta entrega cinematográfica de la serie basada en el programa televisivo de Star Trek (1966-1969). La primera de ellas, Star Trek: La película (1979) había sido una cara extravagancia que había decepcionado a los aficionados; la segunda, La ira de Khan (1982), bajo la batuta del director Nicholas Meyer, supuso una muy considerable mejora en cuanto al argumento y los personajes, logrando reconciliar a éstos con su ya madura edad.

En Star Trek III: En busca de Spock (1984), Leonard Nimoy había pasado a ocupar la silla del director de la vertiente cinematográfica de la franquicia. Su visión le llevó a alejarse de las aventuras galácticas que habían constituido el espíritu de la serie televisiva de los sesenta. Dio en cambio más relevancia al humor y, con el fin de satisfacer a los fieles aficionados, mantuvo inalterado el compacto reparto de viejos amigos que llevaban viajando en la Enterprise casi veinte años.

Star Trek llegó con esta película a la década de los noventa. La tripulación original ya está en las últimas y su reemplazo, extraído de las filas de Star Trek: La nueva generación, exigen convertirse en titulares. Es el momento del canto del cisne para el reparto original que dio forma al sueño de tantos aficionados. Y, por fortuna, lo hizo con una película que rompió la racha de cintas mediocres que ya empezaban a acumularse en su haber.

Hace ya mucho tiempo que el universo de Star Trek se convirtió en una región autónoma dentro de la ciencia ficción, con sus propias reglas y tópicos, su lenguaje, sus héroes y villanos, iconos y mundos. Y, sobre todo, sus aficionados.

Teniendo en cuenta que en su emisión televisiva original de los sesenta (1966–1969), Star Trek registró unas cifras de audiencia mediocres, resulta notable que el paso del tiempo la haya convertido en una de las franquicias más populares y lucrativas de la historia.

Quizá haya transcurrido ya el suficiente tiempo como para poder afirmar que 2009 fue un año excelente para la ciencia ficción cinematográfica. En ese periodo de doce meses se estrenó un buen número de películas del género, que destacaron no sólo por ofrecer una notable calidad, sino por su diversidad temática: Moon, Avatar, Watchmen, La carretera, Distrito 9, Los sustitutos, Pandorum, Más allá del tiempo, 2012, Splice: experimento mortal, Señales del futuro, Daybreakers, Terminator Salvation, Las vidas posibles de Mr. Nobody, Astro Boy, Preguntas frecuentes sobre viajes en el tiempo, Push…