Vicente Díaz

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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Da la impresión de que Javier Gutiérrez aparece últimamente en todas las películas y series españolas. Pero no nos vamos a quejar por ello. Más bien al contrario. El trabajo de este excelente intérprete es lo mejor, con diferencia, de Campeones, un film tan bienintencionado como artificioso.

La franquicia de videojuegos Tomb Raider pasó por un lavado de cara en 2013. Fue aquel año cuando salió a la venta un reboot (reinicio), en el que sufrían cambios tanto el tono del juego como el aspecto de Lara Croft, la protagonista. En aquella ocasión, asistíamos a la primera aventura de la arqueóloga, que se nos mostraba como una joven con recursos, pero vulnerable. Por su parte, su voluptuoso y caricaturesco físico daba paso a una anatomía realista, en la que ya no se hacía explotación de su sex appeal.

Se dice pronto, pero son 20 años ya los que lleva Santiago Segura atado a la figura de José Luis Torrente, protagonista de su ópera prima como director de largometrajes. Desde entonces, la exitosa carrera como realizador de Segura se ha limitado exclusivamente a las entregas de Torrente (cinco películas, nada menos). Por supuesto, nadie le puede mirar raro por querer intentar algo distinto.

En estos tiempos que corren en los que el cine ya no es la variedad de ocio más popular, y pierde su trono ante las series e Internet, cualquier director que saque adelante una película por año merece cierto reconocimiento. Si además hablamos de grandes producciones, con la complejidad que eso suele implicar, el mérito es todavía más grande. Y si tenemos en cuenta que dicho director ya ha cumplido los 80 años, más allá de lo que nos puedan parecer sus obras, uno tiene que quitarse el sombrero ante Ridley Scott.

El turbio y esperpéntico escándalo en torno a la patinadora artística Tonya Harding, sospechosa de organizar un ataque a su compañera y rival Nancy Kerrigan, fue carnaza para la prensa de todo el mundo en 1994, aunque se vivió con especial intensidad en Estados Unidos, al menos hasta que el juicio a O.J. Simpson tomó el relevo en el circo mediático.

Las nominaciones a los premios Oscar de 2018 han sido las que más cejas han levantado, incluso para aquellos a los que la ceremonia de los Oscar no le importa más que el Concurso Nacional de Cocina “Ajo Morado” de Las Pedroñeras, como es el caso de quien escribe estas líneas.

No sólo de saltimbanquis enmascarados vive el cine basado en cómics, pese a que los “súper” dominen las taquillas de todo el planeta. De vez en cuando, llega a las pantallas la adaptación de alguna sensación del tebeo independiente, o incluso un fenómeno de la bande dessinée reciente como es La muerte de Stalin.

A causa de lo directo y básico del lenguaje en la era de Twitter, WhatsApp y los emojis, estamos perdiendo la facultad de leer entre líneas y comprender lo que no se dice, los gestos, las elipsis... Por eso, gran parte del público (y lo que es peor, de la crítica) interpretó El francotirador (Clint Eastwood, 2015) como una celebración de la guerra, los tiros en la sesera y la política de Bush, en vez de apreciar esa oscura historia acerca de un tipo que no estaba del todo bien, por así decirlo.

Una película actual en blanco y negro y con 71 minutos de duración. Sólo por eso, The Party se merece nuestro aplauso, pero es que además se trata de un film “de actores” donde dan lo mejor de sí mismos intérpretes del calibre del Kristin Scott Thomas, Timothy Spall o Patricia Clarkson.

Cualquier conversación acerca de esta tercera entrega de la extraña serie Cloverfield girará alrededor de su distribución, y probablemente ignore la película en sí, que no deja de ser una divertida, aunque algo caótica, serie B de ciencia ficción "directa a vídeo".

Una novela basada en unos hechos reales y en otros más bien dudosos (Horror en Amityville, de Jay Anson, publicada en 1977), y una fachada lateral con unas ventanas que parecen ojos, han sido base suficiente para la creación de una interminable serie de películas, todas ellas centradas en el caserón encantado de Amityville. Nada menos que un ciclo de 18 entregas, iniciado con la exitosa, aunque no especialmente magistral, Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979).

Es todo un reto para un narrador contar una historia donde los protagonistas resultan antipáticos. Sólo un valiente con talento como Paul Thomas Anderson es capaz de arriesgarse y salir victorioso de ese empeño, como demuestra con El hilo invisible.

Aunque el periodo colonial ya quedó atrás, los europeos seguimos mirando a África con la misma fascinación, temor y codicia que en tiempos decimonónicos, aunque a eso ahora hay que sumarle cierto sentimiento de culpa.

Si alguien no supiese nada acerca de la carrera de Liam Neeson, al ver ese rostro más bien melancólico, incluso vulnerable, jamás sospecharía que el actor norirlandés es una presencia habitual en el cine de acción.