Vicente Díaz

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

logo200pxtesauro
Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

La nueva película de Edgar Wright es prácticamente un musical. Uno “disfrazado”, pero musical al fin y al cabo. Hay quien podría decir que en realidad es un largo videoclip, pero el director británico nunca abandona la narrativa para ofrecer una sucesión aleatoria de imágenes y ritmos llamativos, así que mejor nos quedamos con la definición de “musical”.

El cine clásico no ha sido olvidado del todo. Todavía nos quedan directores como Clint Eastwood o Steven Spielberg, a los que “les sale” sin esfuerzo, incluso se diría que sin querer. Luego están los intentos de imitación, que suelen quedar en esfuerzos bienintencionados, pero de sabor artificial.

Una novela ganadora del premio Pulitzer no siempre tiene una adaptación cinematográfica inmediata, quizá por miedo de los cineastas ante la tarea de “tocar” algo alabado. Mientras todavía esperamos ver en pantalla Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (Michael Chabon, 2000), American Pastoral (Philip Roth, 1997) llega al cine 20 años después de su publicación, y lo hace de la mano de un Ewan McGregor que se estrena en la dirección de largometrajes.

Pese a todo, aún hay espacio para el cine adulto en Hollywood, como demuestra esta película... Bueno, vale, no es una película hollywoodiense, sino una coproducción entre Israel y Estados Unidos de expectativas comerciales modestas. Pero cuenta con la (¿ex?) estrella Richard Gere como protagonista y con la participación de notables secundarios, como los veteranos Steve Buscemi, Michael Sheen y Hank Azaria, o el cada vez más presente Dan Stevens.

Hasta sus últimos días, el Imperio otomano se dedicó a molestar y destruir. Cuando la Primera Guerra Mundial estaba en marcha, "el Turco”, como dirían nuestros antepasados, aprovechó el río revuelto para efectuar, de tapadillo, el genocidio de los armenios.

No todo es salvar el planeta de invasores extraterrestres en el mundo de los cómics, y tampoco tiene por qué serlo en las adaptaciones cinematográficas de esos mismos cómics (o “novelas gráficas”, para los que se quieran sentir adultos).

Uno se da cuenta de lo poco que sabe sobre negocios cuando se entera de que estrenan una nueva entrega de Piratas del Caribe. ¿No se suponía que las secuelas de la primera película (La maldición de la Perla Negra, 2003) no habían sido del agrado del respetable, en especial la cuarta entrega (En mareas misteriosas, 2011)?

La manera de consumir imágenes por parte del público actual, aquejado de eso que llaman déficit de atención (la falta de paciencia y la concentración de un niño de tres años, hablando en plata), ha complicado la existencia del género de suspense, cuya esencia es, precisamente, forzar el temple del espectador para mantenerlo tenso y pendiente.

El título original de la película (Shepherds and Butchers) nos habla de “pastores y matarifes”, y de los problemas que suelen crearse cuando una misma persona ejerce ambas profesiones. En este caso, un funcionario de prisiones adolescente cuya humanidad es destrozada al tener que guardar (cuidar, en cierto modo) y luego acompañar al patíbulo a cientos de presos.

A ratos, esta película se mueve en terrenos ingenuos, algo que resulta paradójico ‒casi inquietante‒, ya que uno de sus temas principales es la pérdida de la inocencia.

En el momento de escribir estas líneas, los aficionados al buen cine de acción viven con una renovada esperanza. El reciente estreno de la brillante John Wick: Pacto de sangre (Chad Stahelski), los prometedores tráilers de Atomic Blonde (David Leitch) y Baby Driver (Edgar Wright) y el anuncio de proyectos internacionales con tanto potencial como Triple Threat (Jesse V. Johnson) nos han devuelto la fe en el género, casi haciéndonos olvidar que el panorama todavía está dominado por la chapuza estética y narrativa.

Axel (Santiago Segura) tiene que reunir de nuevo a la banda. No está en una misión divina, y por fortuna para él, su banda tiene menos integrantes que la de los Blues Brothers, pero tampoco le resultará fácil: Axel tiene síndrome de Asperger, debe abandonar España para regresar a Argentina y convencer allí a los ex-integrantes del grupo, que fracasó antes de despegar, allá por 1992.

Warren Beatty, esa especie de Guadiana cinematográfico que desaparece durante largas temporadas y vuelve a asomarse en Hollywood con algún proyecto inesperado, se pone de nuevo a ambos lados de la cámara (encargándose también del guión) con este inclasificable drama (¿cómico?) que transcurre en la órbita laboral del extravagante magnate-ingeniero-piloto-chalado Howard Hughes, papel que se reserva el propio Beatty.

El título original de este documental (Viaje a través del cine francés) resulta menos ambiguo que el español, ya que el célebre cineasta galo limita su análisis y sus elogios a las películas de la cinematografía francesa que más le han marcado, ya sea como espectador, como crítico o como colaborador en algunas de ellas.