"Adivina quién viene esta noche" (Stanley Kramer, 1967)

Se puede ser muy liberal, se puede votar demócrata, se pueden usar pantalones, se puede vivir en pecado pero, ay, los hijos son los hijos y una boda es una boda. Este puede ser un resumen capcioso del argumento de la película de Stanley Kramer de 1967 Adivina quien viene esta noche.

A cenar, añado, en una cena que se convierte en pesadilla y que pone sobre la mesa las contradicciones de la vida moderna en ese enorme país, casi un continente, en el que se dan mezcladas todas las tensiones, las posibilidades, las certezas y las dudas. Norteamérica, por extensión. EEUU, en realidad.

La cuestión racial no ha sido todavía, aunque nos parezca raro y cavernícola, superada en ese país. Puede incluso resultar lógico porque la evidencia de ese cisma previsible entre los Estados del norte y del sur es, para ellos, como nuestra guerra civil. Una brecha que no termina de cerrarse.

Samuel L. Jackson, en el rol de un escritor negro que va a pasar unas vacaciones a una isla bastante elitista en Amos y Andrew (1993), se las tiene que ver con un grupo social que aún considera que ser negro es sinónimo de delincuente. Que ser negro es ser marginal y no haber ido a las mejores universidades o no tener un Pulitzer.

Aquí, en esta cinta, Sidney Poitier, a veces tan desgarrado y marginal en sus interpretaciones, se ofrece como el yerno perfecto. Guapo, alto (casi 1.90), graduado universitario, con clase, elegante, educado y muy enamorado de la chica. Por su parte, ella es una hija de familia, cuyos padres necesitan algo más que un vodka para recomponerse al observar el pequeño detalle, que, por supuesto, su hija no les había comentado, de que el prometido es “negro”.

En un curioso y divertido remake a la inversa, Ashton Kuchner tuvo que vérselas con una familia de color, impermeable a los encantos de un blanquito blandengue. En esta ocasión, es el atractivo Sidney, en uno de sus papeles reivindicativos más amables, el que irrumpe, para trastornarla, en la vida de unos padres ya maduros.

Katharine Hepburn, la madre, tiene en el film el mismo aire inteligente, la misa distinción, el estilo independiente y lleno de personalidad que ofrece en el resto de sus películas y en la vida real. Su familia, de profesionales liberales, adobó esta forma de entender el mundo que la convirtió en una adelantada a la moda de los pantalones o a la de las parejas de hecho.

Precisamente esa pareja, Spencer Tracy, es su marido, el padre de la novia, en la película. Representan, pues, algo que nunca fueron, matrimonio, porque, al contrario que ella, Tracy era un católico acérrimo, además de acérrimo bebedor y bastante irrespetuoso con la diabetes que parecía. Resulta curioso constatar que solamente se llevaban siete años, porque la esplendorosa presencia de la Hepburn contrastaba ampliamente con ese aire abuelil de Spencer. Pero entre ellos hubo pasión y de la buena, fuera del matrimonio y fuera del tanatorio, al que Katharine no acudió por respeto tras la muerte de su compañero, en un ejercicio de prudencia por su parte y de hipocresía por parte del resto.

La película es un alegato antirracista hecho en clave de comedia. De deliciosa comedia de colores pastel, con vestidos años sesenta, peinados sesenteros y movimientos gráciles de las manos al servir el vermut, con una aceituna, por favor.

La espectacular sonrisa de Poitier es una pregunta que siempre queda en el aire. ¿Cómo vamos a estar en contra de un chico como este? ¿Quién sería capaz de darle calabazas?

Otras preguntas se dibujan en las conversaciones entre el padre y la madre, la chica y la madre, la chica y el padre, todos entre sí. ¿Somos tan permisivos y modernos como nos creemos que somos? ¿La lucha de razas es agua pasada? ¿Si me toca a mí, la cosa cambia? Estas son preguntas que debería cada uno hacerse a sí mismo. Quizá la respuesta no le guste demasiado. Como le ocurrió a una de mis amigas de hace algunos años. Salía con un muchacho negro y lo llevó a casa. Cuando se fue, le preguntó a su madre qué le había parecido. La respuesta de la madre es para esculpirla en mármol: “El mismo pero en blanco”.

Sinopsis:

Una pareja de enamorados va a conocer a los padres de ella. Planteado el encuentro, este se desarrolla en medio de una tensión patente al observarse, porque esto no se puede ocultar, que el chico es negro. Los padres intentarán acomodar su reacción a lo que se supone es su forma de pensar y de ver la vida. Pero esto, a veces, no es tan fácil.

Algunos detalles de interés:

Guess Who´s Coming to Dinner es el título original de esta película, dirigida por Stanley Kramer y estrenada en 1967. El guión es de William Rose, la música de Frank DeVol y la fotografía del gran Sam Leavitt.

En el reparto, la pareja durante más de veinticinco años, en el cine y en la vida real, Spencer Tracy y Katharine Hepburn, además del emergente actor negro Sidney Poitier.

Larguísima y fructífera vida la de la Hepburn, un icono de la modernidad en EEUU y referente de la mujer independiente y activa. Nacida en Connecticut en 1907, murió en este mismo Estado en 2003, con 96 años de los cuales sesenta estuvo en activo, consiguiendo el récord de 4 estatuillas doradas parecidas al Tío Oscar.

Por su parte, menos suerte tuvo Spencer Tracy, su pareja, que murió dos semanas después de acabar el rodaje de esta película, que es, por tanto, su canto del cisne. Había nacido en Wisconsin en 1900. Su personalidad no tenía nada que ver con la chispeante Kate sino que era un tipo rocoso, duro, paternal y también alcohólico.

Sidney Poitier había tenido ya un gran éxito en 1963 con Los lirios del valle y estaba por llegar otra de sus interpretaciones memorables en una gran película En el calor de la noche. Nació en Miami de forma accidental, en 1927, de padres naturales de Bahamas. Continúa en activo dedicándose a la política. Ha sido también escritor de su propia autobiografía. Antes de Denzel Washington, fue el actor negro más admirado, prototipo del éxito y del estilo.

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 34) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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