"El Hombre Tranquilo" (John Ford, 1952)

¿Qué hace de El Hombre Tranquilo la película favorita de tantas personas? ¿Por qué es tan grande una comedia tan humilde en su planteamiento y en sus ambiciones? Mucho se ha escrito al respecto, y mucho más se podría teorizar, pero lo cierto es que capturar y etiquetar la magia que hace que El Hombre Tranquilo sea una obra de arte cinematográfico 100% perfecta es prácticamente imposible.

La historia es tan sencilla como la de un ex–boxeador que llega desde Estados Unidos a su pueblo natal en Irlanda, después de una vida dura, con la única intención de vivir tranquilo. Una pelirroja con carácter y los problemas que da su familia harán que la tranquilidad sea algo complicado de mantener. A grandes rasgos, eso es todo lo que se cuenta, aderezado con personajes pintorescos, pasajes bucólicos, romanticismo tosco y mucho humor “alcoholicatólico” irlandés.

Cada plano de El Hombre Tranquilo es perfecto, al igual que el montaje de dichos planos. Los actores no podrían actuar mejor, la música no podría ser más adecuada y evocadora.

Técnica y artísticamente, John Ford saca el máximo provecho al lenguaje cinematográfico, pero, al contrario que otras obras maestras de la historia del cine, lo hace con un filme situado en las antípodas de lo pretencioso, lo cerebral o lo trascendente. Esta es una película que sale del corazón, fabricada exclusivamente con sentimientos, con buenos sentimientos.

Referencias

"Cada personaje –escriben Santiago Sánchez González y Emilio C. García Fernández–necesita poner orden a su alrededor; cada uno tiene sus propios objetivos, aunque el marco de acción asemeje un juego diseñado sobre unas normas establecidas, las únicas capaces de llevar orden a la vida de Innisfree. Todo volverá a su cauce cuando, finalmente, el marido sepa defender a su mujer, la ilusión de su esposa, porque “es una costumbre muy antigua”. Es ahí cuando la convivencia pacífica se restablece, cuando una vez obtenido el dinero de la dote los dos saben perfectamente qué hacer con él, cuando ella tranquilamente le puede decir “yo me voy a casa, marido, tengo que prepararte la cena”.

Puestas todas las cosas en orden, la paz y la calma regresan a Innisfree; todo vuelve a ser tan normal que hasta los católicos reciben al obispo protestante con gran bullicio, con el deseo de conseguir mantener en el pueblo al pastor, que apenas tiene tres feligreses. Así es Innisfree y por eso siempre alguien querrá ir allí.

El Hombre Tranquilo

La narración de Ford apuesta de continuo por los personajes. Le interesan su rostro, las reacciones y conversaciones. Se fija en los pequeños detalles y en las grandes manifestaciones, se detiene en unas flores y en una pelea que rescate el honor. Ford aprovecha buena parte de su humor para resaltarnos la figura de Flynn, un personaje singular, simpático e inevitable, al que todo el mundo conoce sus debilidades, incluso su caballo que siempre se detiene ante la taberna. En el caso de Flynn hay una secuencia antológica que es cuando le lleva a Mary Kate una nota de Sean, momento difícilmente olvidable. Pero también sabe aprovechar las dos escenas en la estación del ferrocarril –en la conversación surrealista entre el jefe de la misma y el maquinista del tren–, la infructuosa pesca del sacerdote, o la pérdida del zapato de la pelirroja cuando es arrastrada por su marido" (Micronet).

"A primera vista –escribe Miguel Marías–, The Quiet Man (El Hombre Tranquilo, 1952) parece una película "sin guión" más "improvisada" sobre el terreno que cuidadosamente escrita y preparada. Hay espectadores –sobre todo críticos– que lo consideran un mérito; otros, en cambio se apoyan en tal suposición para quitarle importancia: se trata de un juego, un "divertimento" del director y sus amigos (técnicos y actores), una película "de vacaciones" hecha con poco rigor y sin prisas. En suma, el "Capricho irlandés" de John Ford. Basta una segunda visión, o un poco de atención para advertir que El Hombre Tranquilo tiene poco en común, pese a la presencia de John Wayne con Donovan`s Reef (La taberna del irlandés, 1963) del propio Ford, y menos aún con Hatari! (1961), película con la que suele ser asociada".

"Años antes de que John Ford consiguiera por fin rodarla –continúa Marías–, El Hombre Tranquilo existía ya en forma literaria: la novela de Maurice Walsh, que Ford hizo adaptar por Frank S. Nugent, personalizándola adicionalmente al hacer que los personajes fueran incorporados por miembros de su "compañía estable" de actores, tan asociados al mundo fordiano y tan inconfundibles por su aspecto, su modo de estar y moverse, o su dicción, que el "casting" sería suficiente para "fordianizar" automáticamente cualquier historia, por ajena que pudiera serle. No era este el caso, pues aunque no se trate de la primera película del cineasta con tema y personajes irlandeses, suponía su retorno a la tierra de sus antepasados, al país del que su familia se llevó un pedazo al estado de Maine (Nueva Inglaterra), poco antes de que, ya en el Nuevo Mundo, naciese John Ford, hijo y hermano menor de irlandeses nativos" (Viridiana, nº 3, 1992).

"Quince años después de haber comprado los derechos de la historia de Maurice Walsh The Quiet man –escribe Joseph McBride– Ford puso finalmente en funcionamiento sus cámaras el 6 de junio de 1951. Empezó el rodaje con una escena en la que participaba su hermano Frank, que lucía una larga blanca, en las escaleras del hotel Ashford Castle… La emocionante y bellísima fantasía en Technicolor que John Ford rodó en Irlanda a la edad de 55 años no era el ferozmente político Hombre tranquilo que habría hecho a los cuarenta. Tanto el dulcificador efecto de su avanzada edad como esos años de penosas y decepcionantes experiencias influyeron en la realización de este cuento apasionadamente romántico sobre el retorno del exilio, una película en que las corrientes ocultas fluyen bajo su seductora superficie. (...) Al igual que el Sean Thornton interpretado por John Wayne, que abandona América después de haber matado a un hombre en el ring, Ford huía de la violencia, el éxito material y las inesperadas consecuencias del sueño americano. El Hombre Tranquilo sería su exorcismo personal del demonio de la guerra" (Tras la pista de John Ford, Madrid. T&B Editores, 2004).

Sinopsis

Al pueblo irlandés de Innisfree llega un forastero que resulta ser oriundo de la comunidad, hijo de una familia que emigró a los Estados Unidos. Huyendo de un pasado turbulento (era un boxeador profesional que en el transcurso de un combate lesionó accidentalmente a su contrincante, que falleció a causa de la pelea), el recién llegado adquiere la que fuera casa de sus mayores, granjeándose la enemistad del cacique local. Cuando se enamora de la hermana de su enemigo, empieza el camino que le llevará a enfrentarse con su realidad y a aceptar la cultura de sus ancestros. Por el camino habrán quedado una resurrección personal, un amor con final feliz... y una buena dosis de whisky y bofetadas.

Ficha técnica

Director John Ford

Título original The Quiet Man

Guión Frank S. Nugent, basado en un relato de Maurice Walsh

Producción Argosy Pictures/ Republic

Fotografía Winton C. Hoch

Montaje Jack Murray

Música original Víctor Young

Intérpretes John Wayne, Maureen O`Hara, Víctor McLaglen, Barry Fitzgerald, Ward Bond, Milddred Natwick, Francis Ford, Eileen Crowe, Arthur Shields, Mary Craig

Copyright del artículo principal © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de las referencias © sus respectivos autores. Reservados todos los derechos.

Copyright de la sinopsis © Filmoteca de Andalucía. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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