"La soga" (Alfred Hitchcock, 1948)

El film de Alfred Hitchcock «La soga» es una presentación de Universal Classics que tiene por protagonistas a James Stewart, John Dall y Farley Granger. Una Transatlantic Pintures Production, ha sido producida por Sidney Bersntein y Alfred Hitchcock y dirigida por AIfred Hitchcock en base a un guión de Arthur Laurents tomado de la obra «Rope's End», de Patrick Hamilton, tal como fuera adaptada por Hume Cronyn.

Joseph Valentine y William V. Skall son los directores de fotografía, y la música pertenece a Leo F. Forbstein, basada en el «Mouvement Perpetuel Nº 1», de Francis Poulenc. Cuando Hitchcock dejó a David O'Selznick en 1946 para formar una compañía productora con el magnate de cine británico Sidney Bersntein, llamada Transatlantic Pictures, decidió hacer algo candente y diferente en su primera aventura como productor/director independiente. Encontró el tema perfecto en «Rope's End», de Patrick Hamilton.

Al suceder en un ático de Manhattan, en la obra de teatro no había pases de tiempo, y toda la acción transcurría en una hora y media, el tiempo real que llevaba representarla. Además, rodaría la historia en un modo nada habitual: En vez de los cortes, fundidos y demás, Hitchcock filmó «La soga» en tomas sin cortes de diez minutos cada una; es decir, el tiempo que duraba cada rollo de película cargable en la cámara. No habría necesidad de hacer el montaje, por así decirlo, excepto pegar las interrupciones entre cada rollo.

Esto se hizo utilizando primeros planos de actores u objetos que eventualmente se fundían a negro y luego retornaba a la acción con el nuevo rollo de película. Hitchcock sentía que la falta total de cortes aumentaría el sentido de verse atrapado que quería crear en el espectador.

Obviamente, el maestro rompía con sus propias teorías de la necesidad del montaje para hacer que una historia fluya serenamente. No obstante, insistía en que «La soga», en alguna manera, estaba premontada, dado que mantenía su regla cardinal de «variar la dimensión de la imagen en relacion a su importancia emocional dentro de un determinado episodio».

Dada la forma especial en que se rodaría «La soga», se hicieron meticulosos e increíblemente largos ensayos para los actores y los tecnicos. Durante dos semanas, actores y técnicos ensayaron cada gesto y movimiento en sus menores detalles, literalmente recorriendo el guión del principio al fin.

Las paredes, muebles y luces estaban «sueltos» y debían acomodarse a la cámara en movimiento continuo que seguía a los actores y se desplazaba de habitación en habitación.

Todo era movible o se había montado sobre ruedas, de forma que pudieran ser puestos de lado y luego vueltos a colocar para cuando la cámara regresara a su posición original. Hasta el suelo fue señalado y marcado con círculos numerados para los 25 o 30 movimientos de cámara que había en un rollo de diez minutos. Los actores también tuvieron que alterar su método de trabajo. Como cada toma duraba diez minutos, en vez de los uno o dos minutos habituales, tenían que aprender de memoria todo ese diálogo y concentrarse en su interpretación durante todo ese tiempo. Cada vez que la cámara comenzaba a rodar, los actores debían saberse un promedio de unas once páginas de diálogo.

Además, algunas de las tomas tuvieron que repetirse en el plató sonoro número 6 de la Warner Bros hasta 10 o incluso 15 veces en un día. Para el fondo se utilizó un enorme ciclorama que reproducía la línea de edificios de Nueva York. Tres veces del tamaño del ático, el ciclorama era una reproducción en miniatura exacta de casi 70 kilómetros del famoso panorama de la ciudad. Fue iluminado por 6.000 bombillas incandescentes y 200 tubos de neón.

Hitchcock insistió en el oscurecerse gradual del fondo, tal como el atardecer se vuelve de noche, sin dejar de rodar la cámara. Por consiguiente, esto requirió un manejo de la luz que tenía que ser ejecutado con mucha precisión. Cada edificio en miniatura fue acondicionado con cables por separado, con bombillas de entre 25 a 150 vatios en las pequeñas ventanas, para simular el oscurecimiento de la ciudad.

En total, 8.000 metros de cable llevaron 126.000 vatios de electricidad para el efecto. El color agregó dificultades al equipo dado que tenía un papel fundamental en el paisaje. A medida que se acercaba la noche, el amarillo resplandor del último atardecer se torna en un suave gris, luego la oscuridad, y las luces de la ciudad brillando o apagándose en los edificios.

Cuando se dio cuenta que el tono naranja del atardecer era demasiado fuerte, Hitchcock hizo rehacer los últimos cinco rollos. «La soga» ha sido considerada a menudo como uno de los trabajos más «formales» de Hitchcock, pero la fascinación que tiene para el espectador de hoy en día va más allá de su técnica de rodaje revolucionaria. La ya mencionada obra de Patrick Hamilton, «Rope's End», estaba basada en el caso de asesinato de Leopold y Loeb, pero el director prefirió acentuar la noción de responsabilidad compartida por el profesor y sus estudiantes más que en el tema homosexual, al que apenas alude.

La adaptación cinematográfica fue escrita por Hume Cronyn, esencialmente un actor de teatro y cine, conocido por sus trabajos en «La sombra de una duda », «Recuerda», «Ziegfeld Follies» y «Sunrise at Campobello ». Hitchcock quedó tan bien impresionado por su trabajo en «La soga», que Cronyn también hizo la adaptación de la siguiente película del director, «Atormentada ».

Arthur Laurents, quien en aquel tiempo tenía dos obras de Broadway en su crédito («Homeof the Brave» y «Heart Song»), y que escribiría y/o produciría clásicos como «West Side Story» y «Gypsy», en teatro, y «Tal como éramos» («TheWay We Were») y «Paso decisivo» («TheTurning Point») en cine, fue contratado para escribir el guión de rodaje.

Durante el rodaje de «La soga», actores y técnicos sabían que estaban trabajando en algo especial.

Cuando el film se estrenó en 1948 causó una sensación en la taquilla, en parte por dos razones: Por la forma asombrosa en que estaba rodada y por su tema. Una vez más, Hitchcock ofrecía al público algo diferente; sin embargo tenía uno de sus tópicos favoritos, que era crucial a la estructura de la película: La constante asociación entre la expresión artística y la conducta del criminal. En el film, como uno de los asesinos dice a su cómplice inmediatamente después de la estrangulación: «El poder de matar puede ser tan satisfactorio como el poder de crear. Yo siempre quise tener un talento artístico. El asesinato también puede ser un arte.» Y sólo Hitchcock podía combinar a los dos con tanto éxito.

Sinopsis

En un elegante ático de la ciudad de Nueva York, dos jóvenes han estrangulado a un compañero de colegio (David) sólo por la excitación intelectual de hacerla. Como se espera que vayan a cenar unos parientes y la novia de la víctima, esconden el cadáver en un gran cofre de madera. El arrogante Brandon (John Dall) y su cómplice Philip (Farley Granger), un pianista muy sensible, no tenían ninguna razón para matar a David. Pero a través del crimen sin motivos intentan probar que algunos hombres así llamados «superiores» tienen los derechos que se les antoje, incluso el de eliminar a los débiles y mediocres.

Brandon decora el cofre como un «altar ceremonial », cubriéndolo con un mantel e incluso agregando velas: La cena de esa noche será servida encima de este cofre nada común. Sólo después de la reunión se quitarán de encima el cadáver, cuando Brandon lleve a Philip en coche a Connecticut, donde el joven músico debe ensayar para un próximo concierto.

Los invitados comienzan a llegar, incluyendo al padre de David (Sir Cedric Hardwicke), un sereno hombre de familia; la tía de David (Constance Collier), la novia de éste, Janet (Joan Chandler) y el rival de David, el joven Kenneth (Douglas Dick). Brandon también ha invitado –como un reto en especiala Rupert Cadell (James Stewart), un ex profesor de la escuela de los asesinos y su víctima, que ahora es un editor de libros y ensayos de filosofía. En sus clases, Cadell solía decir que los seres superiores no debían ser medidos con los modelos convencionales del bien y el mal. Mientras los invitados empiezan a especular con creciente ansiedad sobre las causas de la ausencia de David, tanto Janet como Cadell sospechan que el joven ha sido objeto de alguna broma pesada; quizá un secuestro.

El más exaltado de los dos asesinos, Philip, comienza a demostrar sus nervios a través de una conversación atolondrada en la cual, eventualmente, Cadell descubrirá al muchacho, contradiciéndose e incluso mintiendo. Cuando durante la cena la conversación recae sobre el tema del asesinato, Cadell discute, en un tono ligero y paradójico, las posibilidades de justificarlo: «El asesinato es un crimen para la mayoría, pero un privilegio para unos pocos.»

Deliberadamente jugando con fuego, Brandon va más allá, y en su exaltación expone la misma teoría que le ha llevado a eliminar a su amigo. Las crecientes sospechas de Cadell se ven aumentadas cuando Brandon, de forma brusca, impide a la asistenta (Edith Evanson) que abra el cofre. También nota que Philip se queda helado al ver la soga con la cual Brandon ha atado los libros que le ha dado al padre de David. Cuando los invitados parten, Cadell recibe un sombrero equivocado. Tiene las iniciales de David.

Horrorizado, y posiblemente temiendo enfrentar los hechos, se va de prisa y Brandon exclama triunfalmente: «Esta reunión pasará a la historia!» Pero con el pretexto de volver a buscar su olvidada cigarrera, Cadell regresa al apartamento para afrontar la terrible verdad. Jugando al gato y al ratón con Brandon –que ha metido un revólver en su bolsillo–, comienza a reconstruir las circunstancias del crimen. Sin–poder controlar sus nervios, Phipip tiene una crisis cuando ve que Cadell ha traído la soga consigo. Cadell abre el cofre. Brandon no trata de detenerlo, convencido que su maestro aprobará y admirará la audacia del crimen.

Después de todo, los dos estudiantes sólo han llevado adelante los sofisticados conceptos de su profesor... «El asesinato es un arte», dice el personaje de James Stewart medio en broma en «La soga», «y como tal debe ser sólo un privilegio de los seres superiores». Stewart interpreta a un profesor que desgraciadamente es tomado muy literalmente por dos de sus estudiantes cuando deciden matar a un amigo por «la excitación intelectual». Después de todo, ellos piensan que van al colegio a aprender...

Copyright de las notas de producción © 1984 Universal Pictures, Universal Classic, Cinema International Corporation. Reservados todos los derechos.

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Hay un momento para echar la vista atrás, recordando las condiciones en que nosotros, la especie Homo sapiens, emprendimos nuestra andadura. Hay un momento para explicar lo que fuimos, en el plano científico y cultural, e imaginar lo que seremos, más pronto que tarde. Tú y yo. Ustedes que nos leen y los que escribimos a este lado de la pantalla. Hay, en fin, un momento para explicar el trabajo de los paleontólogos ‒los historiadores de la vida‒ y sumarlo al de tantos otros investigadores que comprueban cómo la cultura altera nuestro recorrido social y evolutivo. Sabios que rastrean las civilizaciones en que se escindió la humanidad. Expertos que nos hacen partícipes de creencias y costumbres, creaciones artísticas y avances tecnológicos. Entre todos, definen una sutil conexión que que nos mantiene unidos desde hace... ¿cuánto tiempo ya? ¿165.000 años? ¿315.000?

Quién sabe si ese interés por la naturaleza humana, en su increíble diversidad, es lo que te trajo hasta aquí. Ahora ya lo sabes: si nosotros hacemos cada día TheCult.es (Thesauro Cultural), es porque tú sientes esa curiosidad por los retos más desafiantes de la ciencia y la cultura. Quizá acabas de descubrir esta revista, buscando un dato que necesitas para la clase de mañana. O acaso usted ‒a quien le incomoda el tuteo‒ hace mucho que completó sus estudios, y nos sigue fielmente desde que nos asomamos a internet, allá por 2007.

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