"Lemmy contra Alphaville" (1965)

Dirigida por Jean-Luc Godard y protagonizada por Eddie Constantine, Anna Karina y Akim Tamiroff, Alphaville es una cinta sagrada dentro de la mitología de los críticos de cine. Sin embargo, al revisarla uno siente que su premisa –introducir a un héroe pulp, el detective Lemy Caution, en una distopía de arte y ensayo– es una pedantería tan grande como una enciclopedia de semiología en diez tomos.

Cuando se rodó la cinta, el público ya conocía a Lemmy Caution, un agente del FBI que protagonizó un buen número de películas de serie B.

Por decisión de Godard, el héroe visita una metrópoli orwelliana, dominada por la fría lógica de una computadora llamada Alpha 60. Caution llega a esa ciudad, Alphaville, con el propósito de encontrar a un agente desaparecido. Su némesis va a ser el Profesor von Braun, el creador de ese miniestado en el que un ordenador ha impuesto su dictadura racional, prohibiendo la espiritualidad que distingue a nuestra especie.

Para emprender su investigación, Caution finge que es un periodista. Obviamente, su pesquisa nos conduce hacia un enfrentamiento entre el pensamiento binario de la máquina y ese festival de emociones que constituye el espíritu humano.

Durante la primera etapa creativa, Godard pensó en titular su película Tarzan vs IBM. Es un título que hace honor al contenido.

Desde su estreno, Alphaville se ha convertido en un fetiche. Los amantes del cine intelectual la tomaron con ejemplo de un modo elevado de entender la creación audiovisual. Por supuesto, si a cualquiera se le ocurría decir que, comparada con cualquier película negra norteamericana, la película era un tostón, inmediatamente era objeto de comentarios condescendientes. Y es que Alphaville, supuestamente, es un bocado exquisito que sólo pueden apreciar los happy few: los espectadores cultivados, que arrugan la nariz ante cualquier atisbo de narrativa popular.

Andrew Sarris, seducido por Godard, alabó esta fábula, a la que llamó "un film de ciencia ficción sin efectos especiales". En lo sucesivo, a ningún crítico sensato se le ha ocurrido decir algo negativo sobre la cinta. Y si a alguien se le ocurre, en el pecado llevará la penitencia.

En realidad, Alphaville comparte algunos de los temas de la obra maestra de Stanley Kubrick, 2001. Sin embargo, allí donde Kubrick revela una inventiva asombrosa, Godard se limita a jugar a las referencias, ahogando las convenciones de una B-movie con la pesadez narrativa de un cineasta que quiere ser intelectual.

El gran cine negro francés, en particular las películas de Jean-Pierre Melville, llega mucho más lejos que Godard en la revisión de este género que él maneja con una erudición digna de mejores empeños.

Por supuesto, la fotografía en blanco y negro de Raoul Coutard es muy bella, y su eficacia es equiparable a la que exhibe la partitura musical de Paul Misraki. De igual manera, Anna Karina, en la piel de Natacha von Braun, llega a enamorar al espectador. Pero todo eso no constituye un cúmulo de virtudes suficiente como para agradar al público de hoy, por muy educado que esté.

Por cierto, Godard muestra cierto sentido del humor en el film. O eso dicen los manuales de historia del cine. Yo aún no le he encontrado la gracia a este aburrido delirio narcisista.

Reseñas

"Película de ciencia ficción ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín 1965 que utiliza la realidad de su época para crear un universo inquietante. El detective Lemmy Caution es la personificación del nuevo hombre perdido en la inmensidad de una sociedad multiforme y que, no obstante, se mantiene fiel a sus ideales ante un sistema totalitario que rememora al universo orwelliano" (Cineteca Nacional de México).

"Esta postura puede ser frustrante cuando vemos una película como Alphaville y esperamos ver una película de ciencia ficción como creemos que debe ser una película de ciencia ficción. Claro que puede ser frustrante porque Godard prescinde en el filme de cualquier elemento que podría considerarse futurista, y aún así, sin caer en tales obviedades de decorados, vestuarios, utilería, logra (eso si nos disponemos a entrar en la convención que él propone), hacernos sentir por ejemplo, que realmente estamos atravesando el universo en una nave espacial, a pesar de que en realidad estamos viendo un Ford Galaxy avanzando por una autopista; o incluso nos hace creer que el París de los 60 es realmente una ciudad lejana, en otra galaxia o acaso en otra realidad" (Casa de Francia Digital en México, Centro Cultural y de Cooperación – Instituto Francés de America Latina de la Embajada de Francia)

"Alphaville –escribe Miguel Ángel Palomo– es un filme de ciencia-ficción. También es una película de cine negro. También es un thriller. En definitiva, es una película de Jean-Luc Godard. (...) En Alphaville, Constantine se alía con Godard para desarmar a su personaje y transitar por un París futurista fotografiado en un insólito blanco y negro por el gran Raoul Coutard. Un ejemplo de cine total, en el que un ventilador se convierte en una computadora, en el que las ejecuciones públicas se realizan en una piscina y en el que las palabras malditas desaparecen de las Biblias. Como tantas otras obras de su autor, aún es un ejemplo de modernidad. Godard, tras 50 años de carrera, aún es el cine ("Alphaville, Godard a contracorriente", Miguel Ángel Palomo, El País, 9 de abril de 2012)

Sinopsis

Si a principios de los sesenta, Lemmy Caution se hace consciente de su propia naturaleza ficcional, Godard la desmonta en este film futurista que transcurre en la ciudad de Alphaville. Como no podía ser de otra manera, tratándose de Godard, Lemmy Caution es la excusa perfecta para descodificar no sólo el cine pulp a la francesa, sino la oportunidad para experimentar formalmente con el lenguaje de los géneros. La perplejidad de Eddie Constantine añade una capa extra de ironía.

Copyright de la sinopsis © Centro de Interpretación del Cine de Asturias. Película proyectada el 22 de febrero de 2012. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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