Cuando llega la noche

Cuando llega la noche "The Cat and the Canary", Paul Leni, 1927

El dormitorio es el lugar donde nos hallamos a solas, cara a cara, con el espanto. Conviene, a juzgar por lo que nos muestra, en especial, el cine, que la víctima del terror duerma sola y sea una mujer. Las razones de la soledad son evidentes, puesto que esta multiplica el pavor.

"Horror of Dracula", Terence Fisher, 1958

En cuanto al sexo del yacente, este se ve condicionado por una serie de tópicos seculares que guardan relación con un concepto unidireccional del erotismo y con una tradición artística que vincula el reposo con el cuerpo femenino, mientras que la actividad se asocia con el hombre. Una larga serie de indolentes Venus lo demuestra, por mucho que Degas “pusiese a trabajar” a la mujer: es decir, optase por representar artísticamente la realidad de unas mujeres que se lavan, se mueven, ejecutan penosos y dolorosos ejercicios de danza, planchan y se agotan por el esfuerzo físico.

"Dos planchadoras", Edgar Degas, Musée d'Orsay, París, 1888

Pero no es de esto de lo que deseamos ocuparnos ahora, sino de la cama donde se halla tendida la persona que va a sufrir el asalto del miedo, y de la estancia donde esta se ubica.

Un lecho que se respete, en esta ambientación propicia para los terrores nocturnos, ha de contar con un dosel y su correspondiente cortinaje. Ayuda mucho, para vestir la escena, contar con “un viejo lecho de roble con columnas”, como aquel donde dormía el protagonista de El Horla de Maupassant. Si se puede contar con unas buenas columnas barrocas, mejor que mejor. Aunque lo principal, en este caso, no son las columnas, sino las cortinas que encierran el lecho.

"La cripta e l'incubo", Camillo Mastrocinque, 1964

Las cortinas de la cama cumplen las mismas funciones que cualquier otro tipo de cortinaje: suscitar la inquietud al ser agitadas por el aire, ocultar o, haciendo gala de la teatralidad propia de la cortina-telón, revelar al monstruo, encubrir desapariciones...

La inquietante pequeña de Otra vuelta de tuerca utiliza las cortinas de su cama para ocultar a su nerviosa institutriz que se ha levantado. “¿Corriste las cortinas para hacerme creer que estabas acostada?”, pregunta esta. “No, porque no quería asustarte”, responde el pequeño monstruo, incitándonos a sentir cierta comprensión hacia el viejo Herodes.

"The Innocents", Jack Clayton, 1961

Muchos de los dormitorios del género de terror son excesivos. Lo es, por ejemplo, aquel con una cama en forma de barca donde el fantasma de la ópera acuesta a Margarita, en la versión rodada por Rupert Julian en 1926. Esta misma cama será reutilizada por Norma Desmond, el personaje interpretado por Gloria Swanson, en Sunset Boulevard, dirigida por Billy Wilder.

"The Phantom of the Opera", Rupert Julian, 1926

"Sunset Boulevard", Billy Wilder, 1950

También adopta la forma de barca el lecho donde duerme Belle, observada por la dulce Bestia, en la película de Jean Cocteau La Belle et la Bête:

"La Belle et la Bête", Jean Cocteau, 1946

Las alcobas donde Drácula asalta la garganta de las durmientes suelen ser unos respetables dormitorios burgueses con sus silloncitos tapizados, sus cuadros, la lámpara de tulipa y el despertador sobre la mesita de noche, y su cama provista de sólido cabezal de madera y acogedor edredón.

"Dracula", Tod Browning, 1931

Mucho más sobrio es el dormitorio que aparece en The Black Cat, de Edgar G. Ulmer, con su gran ventanal y las transparencias de los cortinajes.

"The Black Cat", Edgar G. Ulmer, 1934

El género ofrece, en cualquier caso, dormitorios de todos los estilos y camas para todos los gustos: desde lechos donde uno podría pasarse una semana entera, siempre y cuando cuente con buena compañía, hasta estilizadas camas Imperio con acompañamiento de arpa en la habitación y chaisses-longues.

"Dr. Jekyll and Mr. Hyde", Rouben Mamoulian, 1931

"I Walked with a Zombie", Jacques Tourneur, 1943

"Frankenstein", James Whale, 1931

Sea como sea vuestro dormitorio, recordad, como dice John Sheridan Le Fanu en Carmilla, que “los sueños atraviesan los muros de piedra, iluminan las habitaciones vacías y oscurecen las iluminadas, y los personajes que intervienen en el sueño entran y salen a placer, burlándose de los cerrojos”.

Que tengáis dulces sueños.

"Vampyr", Carl Theodor Dreyer, 1932

Copyright © Carmen Pinedo Herrero. Reservados todos los derechos.

Carmen Pinedo Herrero

Doctora en Historia del arte y licenciada en Historia moderna, investigadora y escritora. He impartido clases de Patrimonio cultural, he sido comisaria de exposiciones y he catalogado fondos museísticos, pero el terreno en el que me siento más a gusto es el de la investigación y la escritura. Los temas que más me atraen son los relacionados con los espectáculos precinematográficos, la escenografía teatral, la historia de las mentalidades y las relaciones entre arte, técnica y sociedad.

He publicado artículos en diversas revistas especializadas, capítulos de catálogos de exposiciones y los libros La ventana mágica: la escenografía teatral en Valencia durante la primera mitad del Ochocientos (2001), Cuatro artistas de Meliana. Una generación (2001), La enseñanza de las bellas artes en Valencia y su repercusión social (2003), El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (2004) y El profesor que trajo las gallinas a la escuela: Antonio Cortina Farinós (1841-1890) (2007).

Durante los últimos años he realizado investigaciones sobre la industria artesana aplicada a la arquitectura; sobre las noticias relativas a arte y artistas publicadas en la prensa histórica y sobre diversas metodologías aplicadas a la escritura autobiográfica y biográfica.

En la actualidad prosigo con las investigaciones sobre escenografía y espectáculos precinematográficos, preparo una serie de libros sobre fuentes documentales del arte y escribo un libro sobre arquitectura y terror, de próxima publicación en Punto de Vista Editores. 

Sitio Web: carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/

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