La arquitectura desde la cama

La arquitectura desde la cama Edouard Vuillard, "En la cama", Museo de Orsay, París, 1891

Xavier de Maistre nos habla, en su Viaje alrededor de mi habitación (1794), de los placeres de viajar sin moverse del sillón. Si el sillón no satisface plenamente nuestra holgazanería, siempre podemos recurrir a la cama. Desde la suya viaja incesante e imaginariamente en tren Edgardo, uno de los personajes de Eloísa está debajo de un almendro, de Enrique Jardiel Poncela. Es, también, lo que hace el pequeño Nemo a través de sus sueños.

Winsor McCay, "Little Nemo"

Winsor McCay, el “padre” de Nemo, procedía del mundo de la escenografía y el circo: las cabalgatas y los grandes espectáculos que decoró dejaron su impronta en el mundo onírico –nunca mejor dicho‒ de Nemo, el pequeño soñador.

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 17 de diciembre de 1905

El pequeño Nemo nació el 15 de octubre de 1905 entre las páginas del New York Herald. Los sueños dibujados de Nemo se poblaron de ciudades fantásticas y, también, reales; los edificios cobraron vida y las viñetas adoptaron una extraordinaria flexibilidad, al ritmo de la imaginación de McCay. Es grande el interés que el artista presta a la arquitectura, pero lo que me interesa destacar aquí son sus divertidos juegos arquitectónicos.

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 1 de marzo de 1908

Tanto los sueños como las deformaciones urbanas y la inclusión de figuras descomunales habían hecho ya aparición en obras anteriores de McCay, como Little Sammy Snezze y Dreams of the Rarebit Friend.

Winsor McCay, "Dreams of the Rarebit Friend", 1904

Winsor McCay, "Dreams of the Rarebit Friend", 1904

Edwin Stanton Porter, "Dream of a Rarebit Fiend", adaptación de la obra de Winsor McCay, 1906

Las delirantes escenografías urbanas de McCay y sus sugerentes cambios de escala convierten Manhattan en un gigantesco cuarto de juegos para sus personajes, que trepan por los edificios, se encaraman a ellos y se permiten todo tipo de diversiones:

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 22 de septiembre de 1907

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 29 de septiembre de 1907

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 15 de septiembre de 1907

Podemos ver cómo, con toda facilidad, se monta y se desmonta una ciudad en la que se reúnen, en un peculiar “sueño del arquitecto”, monumentos de las más diversas procedencias y, eso sí, cómodamente portátiles:

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 23 de mayo de 1909

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 30 de mayo de 1909

En este espacio distorsionado y mutante, a las casas, como a las camas desde donde se sueñan, les da por hacer cosas extrañas:

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 21 de marzo de 1909

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 26 de julio de 1908

Winsor McCay, "In the Land of the Wonderfuld Dreams", 3 de agosto de 1913

En ocasiones, alzan el vuelo:

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 20 de septiembre de 1908

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 25 de octubre de 1908

El espacio está vivo, se retuerce sobre sí mismo y da lugar a insólitas perspectivas que anuncian los mundos de Escher:

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 16 de febrero de 1908

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 23 de febrero de 1908

Hay que tener cuidado con los elementos arquitectónicos porque, como vemos, además de cambiar de forma y de orientación, crecen y menguan a voluntad. Las escaleras, por ejemplo, como siempre hemos sabido, no son de fiar:

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 18 de abril de 1909

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 16 de mayo de 1909

En el mundo de los sueños, una puerta se convierte con toda facilidad en escalera, los palacios pueden ser de hielo y las ciudades se destruyen con la misma alegría con que fueron creadas.

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 18 de octubre de 1908

Winsor McCay, "Little Nemo in Slumberland", 10 de marzo de 1907

Winsor McCay, "In the Land of the Wonderfuld Dreams", 5 de noviembre de 1911

En 1914, McCay rodó uno de los primeros cortometrajes animados, Gertie el dinosaurio. Gertie, nacido en principio como parte de uno de sus espectáculos de vodevil, debía haber protagonizado una segunda película en 1921, que no llegó a realizarse. Es una lástima, porque en ella habríamos visto cómo el dinosaurio daba brincos sobre el puente de Brooklyn e intentaba zamparse el monumento a Washington.

Winsor McCay, "Gertie el dinosaurio", 1914

Hay algo en las fantasías de McCay, con sus proteicas vistas urbanas de acentuada verticalidad y sus visiones de Slumberland –próximas, por otra parte, a la arquitectura de las exposiciones y, en particular, a la de la Exposición universal de Chicago de 1893- que me hace pensar en otro gran artista visionario: Hugh Ferriss.

Hugh Ferriss, Diseño arquitectónico, Avery Architectural and Fine Arts Library, Nueva York, 1939

Pero de Ferriss ya nos ocuparemos en otro momento. Ahora, pequeño Nemo, es tiempo de despertar.

Winsor McCay, "Little Nemo"

Copyright © Carmen Pinedo Herrero. Reservados todos los derechos.

Carmen Pinedo Herrero

Doctora en Historia del arte y licenciada en Historia moderna, investigadora y escritora. He impartido clases de Patrimonio cultural, he sido comisaria de exposiciones y he catalogado fondos museísticos, pero el terreno en el que me siento más a gusto es el de la investigación y la escritura. Los temas que más me atraen son los relacionados con los espectáculos precinematográficos, la escenografía teatral, la historia de las mentalidades y las relaciones entre arte, técnica y sociedad.

He publicado artículos en diversas revistas especializadas, capítulos de catálogos de exposiciones y los libros La ventana mágica: la escenografía teatral en Valencia durante la primera mitad del Ochocientos (2001), Cuatro artistas de Meliana. Una generación (2001), La enseñanza de las bellas artes en Valencia y su repercusión social (2003), El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (2004) y El profesor que trajo las gallinas a la escuela: Antonio Cortina Farinós (1841-1890) (2007).

Durante los últimos años he realizado investigaciones sobre la industria artesana aplicada a la arquitectura; sobre las noticias relativas a arte y artistas publicadas en la prensa histórica y sobre diversas metodologías aplicadas a la escritura autobiográfica y biográfica.

En la actualidad prosigo con las investigaciones sobre escenografía y espectáculos precinematográficos, preparo una serie de libros sobre fuentes documentales del arte y escribo un libro sobre arquitectura y terror, de próxima publicación en Punto de Vista Editores. 

Sitio Web: carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/

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