Crítica: "Pesadillas" ("Goosebumps", Rob Letterman, 2015)

No es probable que R.L. Stine llegue nunca a ganar el Nobel de Literatura. Tampoco creo que persiga ese sueño. Sus libros no son precisamente un ejemplo de calidad literaria, pero hay que reconocer con su interminable colección de novelitas ‒¿relatos largos?‒ titulada Pesadillas (Goosebumps, algo así como “Escalofríos” o “Carne de gallina”) ha triunfado con todas las de la ley.

Y lo ha hecho por conocer bien los gustos y necesidades de su público objetivo: esos chavales con ganas de acercarse al terror, pero, quizá por decisión de sus padres, todavía alejados de las novelas de Clive Barker o Stephen King.

Estos libritos son una combinación de clichés, homenajes, algo de humor y “giros sorprendentes” que, por ejemplo, están protagonizados por algún niño que es un fantasma sin él saberlo.

Stine sabe cocinar estos ingredientes son astucia para enganchar al lector joven y dejarle con ganas de leer otra de sus novelas. Un negocio redondo, y de lo más admirable.

A la hora de opinar sobre esta película inspirada en el mundo de Stine, uno se siente un poco un intruso metiéndose donde no le llaman. La cinta está casi exclusivamente dirigida a los jóvenes lectores de Pesadillas y a esos espectadores que ya tienen una edad, pero que en un tiempo pasado gozaron con las terroríficas historietas de este autor.

A un servidor el auge de Pesadillas ya le pilló un pelín mayor, así que no leí esos libros, aunque sí seguí la simpática adaptación televisiva de mediados de los 90. Por consiguiente, conozco el material de origen, pero no tengo la suficiente conexión emocional como para considerar a esta película poco más que una simpática pero inferior repetición de la fórmula de Jumanji (1995) o Zathura (2005).

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La película trata sobre unos chavales que, accidentalmente, sueltan por todo el pueblo a las criaturas de Pesadillas, previamente encerradas en los manuscritos del propio R.L. Stine, a quien encarna el siempre enérgico Jack Black.

Las bromas sobre el escritor, en especial las eternas acusaciones de ser un Stephen King de segunda fila, son lo más gracioso dentro de una producción agradable, pero que uno olvida a medida que la está viendo.

El espectador lego en esta materia también podrá disfrutar de los guiños al cine de ciencia-ficción de la década de los 50, con referencias y apariciones de monstruos clásicos como la mantis gigante de El monstruo alado (Nathan Juran, 1957) o el popular “blandiblub” de La masa devoradora (protagonizada por un joven Steve McQueen en 1958, y objeto de un extraordinario remake en 1988, de la mano de Chuck Russell y Frank Darabont).

Monstruos digitales, bromas, algo de romance y terror de guardería para un entretenimiento que funcionará mejor entre aquellos que reconozcan al muñeco Slappy o al Coche Fantasma que entre los ajenos a la literatura de terror infantil.

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Sinopsis

Molesto por su mudanza a un pueblo pequeño desde la gran ciudad, el adolescente Zach Cooper (Dylan Minnette) encuentra el lado positivo a este cambio al conocer a Hannah (Odeya Rush), la guapa chica que vive en la casa de al lado, y hace amistad rápidamente con Champ (Ryan Lee). Pero todo lado positivo tiene sus sombras, y las de Zach aparecen al enterarse de que el misterioso padre de Hannah es R.L. Stine (Jack Black), el autor de la exitosa serie de libros Pesadillas. Al tiempo que Zach va conociendo más y más a sus extraños vecinos, descubre que Stine guarda un peligroso secreto: las criaturas que se han hecho célebres gracias a sus cuentos son reales, y Stine las mantiene encerradas bajo llave en sus libros para proteger a sus lectores. Cuando de manera accidental las criaturas quedan liberadas de los manuscritos, la vida de Zach toma un giro sobrecogedor. En una noche de locura y aventura, Zach, Hannah, Champ y Stine deberán unirse para para hacer que todos estos personajes de la imaginación de Stine –incluyendo a Slappy el Muñeco, la chica con la máscara encantada, los gnomos y muchos más– retornen a los libros de donde nunca debieron salir, para poder salvar al pueblo.

Desde el lanzamiento de la serie en 1992, Scholastic ha publicado más de 400 millones de libros de Pesadillas en todo el mundo, en 32 idiomas distintos, que le han valido los elogios de la crítica y le han permitido dominar las listas mundiales de superventas. R. L. Stine está reconocido como uno de los autores infantiles más vendidos de la historia. Ahora, el fenómeno literario llega al fin a la gran pantalla en 3D.

Para la productora Deborah Forte, es fácil ver porqué la serie supo conectar con lectores de todo el mundo. "En Pesadillas, asustarse resulta divertido", opina. "La serie estaba llena de personajes infantiles con los que era fácil identificarse, que se veían metidos en situaciones extraordinarias, rematadas por fantásticos giros finales que les encantan a los niños. Pesadillas se convirtió en un fenómeno que alcanzó incluso a los lectores más reticentes". Forte fue presidenta de Scholastic Media y vicepresidenta ejecutiva de Scholastic, Inc, editora de los libros de Pesadillas.

En un primer momento, el equipo de producción –que incluía al director Rob Letterman, Forte y al productor Neal H. Moritz– tuvo que afrontar un dilema: con casi 200 libros distintos de Pesadillas entre los que escoger, ¿qué libro adaptaban? La respuesta llegó cuando el equipo dio con una solución: meterían docenas de las creaciones más famosas de Stine en una sola película, con el propio Stine como figura central

La auténtica esencia exigía calcar el tono con el que habían conectado los lectores una y otra vez en cientos de títulos. "Los libros dan miedo, pero no mucho miedo; son divertidos, pero sin exagerar", explica Moritz. "Queríamos una historia con la que los niños pudieran sentirse identificados y divertirse con Jack Black encarnando a R. L. Stine. Jack posee una cierta cualidad que consigue que todo el mundo se sienta cómodo".

Como villano principal de la historia encontramos a la creación más perdurable de Stine: el muñeco Slappy. En la película, Slappy es el alter ego de Stine y el cerebro del malvado plan. El equipo de producción se puso en contacto con Ironhead Studio para que diseñara y creara un muñeco de ventrílocuo real que funcionara –y que se pareciera a Jack Black en muchos aspectos–. El muñeco era enteramente manual, sin nada electrónico, y se encargó de manejarlo Avery Lee Jones, trabajo que le fue ofrecido tras una búsqueda del mejor candidato por todo el país. Jones podía mover a Slappy con sus controles manuales de muchas formas distintas: haciendo girar la cabeza de lado a lado o dando una vuelta completa, controlando la boca, moviendo los ojos de lado a lado, pestañeando, abriéndolos de par en par o moviendo las cejas. Jake McKinnon, de Ironhead Studio, se ocupó de supervisar el funcionamiento del muñeco, para comprobar que todo funcionara bien.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Sony Pictures Animation, Village Roadshow Pictures, LStar Capital, Original Film, Scholastic Entertainment, Columbia Pictures. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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