Gusto y disgusto

Montañas de libros se han escrito para explicar la realidad objetiva de lo bello y la reacción subjetiva ante lo bello. De cualquier manera, al fin y al cabo, lo que nos ocurre se puede sintetizar en cinco palabras: “Me gusta, no me gusta”. Son juicios inconvincentes pero absolutos e inapelables. ¿Quién puede decir a otro que está equivocado en gustar/no gustar de tal o cual cosa? ¿Quién puede discutir a Fulano que se haya enamorado de Zutana?

Divagaba sobre estas minucias saliendo del cine muy contento de haber visto Lejos del mundanal ruido, la película de Thomas Vinterberg sobre la novela de Thomas Hardy. Cine sólido que anda por caminos fiables, sensato y sustentado por la robustez narrativa y descriptiva de la novela realista. La obra bien hecha de la tradición inglesa que siempre vuelve a los buenos tiempos. Sé que hay gente a la cual no gustan el buen hacer ni las tradiciones ni los buenos tiempos. A mí me gustan y punto pelota.

Sigo sin desviarme porque quizá pueda decir alguna pequeñez sobre el gran tema del comienzo. Narro a mi manera el cuento de Hardy. Pastor de bello perfil y estupenda figura demanda en matrimonio a Chica, que lo rechaza argumentando que quiere ser independiente y administrar su finca. Pastor pierde todo cuando un lobo se lleva sus ovejas. Pobre y proletarizado, pide trabajo a Chica. Demostrará pericia, laboriosidad y abnegación. Apagará incendios y salvará cosechas de los aguaceros. Y seguirá amando a Chica con la secreta esperanza de que su insistente amor algo producirá. Desde luego, Hardy pelea de su parte. Chica se casa con Marido, buen mozo y sinvergüenza, que tiene a otra, haraganea y quema dinero en la timba. Vecino, que ha cortejado a Chica y demuestra una sugestiva admiración por Pastor, también espera. Entonces Hardy, que ha administrado accidente de ovejas, incendio y aguacero, hace perecer ahogado a Marido, cuyo cuerpo no aparece. Chica queda viuda, disponible para Pastor y para Vecino, acaso en vísperas del triángulo que alegoriza la perfección.

Pero no es así. Hardy guardó un as en la manga. Marido reaparece porque no se ha ahogado (es lo que jurídicamente se llama un ausente con presunción de fallecimiento). Chantajea a Chica pero Vecino, mandado por Hardy, lo mata y va preso. Pastor y Chica se quedan solos, o sea acompañados. Pastor insiste. Chica también. Entonces Pastor se marcha a América, a pie y Chica lo persigue a caballo y lo encuentra. Final feliz.

Moraleja: aguanta que algo queda. O asimismo: Chica seria debe huir de Maridos sinvergüenzas y unirse a Pastores virtuosos. No me gusta ninguna de las dos. Más bien leo a Hardy como un sutil psicólogo y un reflexivo moralista anidado en el melodrama. Chica teme al varón porque inconscientemente sabe que la fascina el sinvergüenza: lindo, placentero, juerguista, en fin: la vida como fiesta del domingo a la tarde. Pastor es el lunes a la mañana: trabajo, austeridad, producción en vez de gasto y derroche. Las dos caras del capitalismo, si se quiere. Finalmente, la moral laboriosa, del buen obrero y el buen burgués –se empieza por la pequeña propiedad, un rebaño de ovejas– se impone. La mujer se desorienta y el varón conduce y endereza, aunque hay varones viciosos que malogran a sus mujeres. ¿Machismo, valores fálicos? Bueno. Lo cierto es que Chica también trabaja y administra pues para ella la producción es un valor. Si le hubiese hecho caso a Pastor, hasta habría sido madre porque él se lo dijo con todas las letras. Suponemos que ocurrirá más allá del cuento pero los matrimonios felices no merecen novela. Como dice el personaje de Jorge Amado: A felicidade nao faz romanzo.

Llegando a casa, más allá de los altos valores artesanales de la película, me di cuenta de que me había gustado por la habilidad de Hardy y Vinterberg de instalarme en el cuento, así como cualquiera de nosotros se instala en ese lugar del tiempo que llamamos destino. Cumplimos un destino, dice Hardy, y acaso también toda la novela realista inglesa, rostro de una sociedad muy estructurada y segura de sí misma, que es trágico si lo ignoramos y nos aplasta en su torbellino oscuro e inmediato, y nos hace felices si sabemos descifrarlo. Para Pastor, el destino es rebaño perdido, incendio, aguacero y Chica esquiva que lo quiere sin saberlo pero acabará hallando su lugar entre sus pastoriles brazos. The End.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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