¿Dónde está Federico?

¿Dónde está Federico? Imagen superior: Federico García Lorca con la actriz Margarita Xirgu y. Cipriano Rivas en la presentación de Yerma (1934).

A comienzos de 1936, Margarita Xirgu planeaba un viaje por América con su tropa y propuso a Federico García Lorca que la acompañase. El escritor prefirió quedarse en España.

Vino la guerra, algún amigo le sugirió que Granada era más segura que Madrid. Lo demás es tristemente consabido.

Más de una vez, pasando por las calles porteñas de sus primeros éxitos internacionales, por Corrientes o la Avenida de Mayo, me pregunté qué habría sido encontrarlo como, a veces, a Casona o Alberti, en aquellas mismas aceras. Lamentablemente, la historia no conjuga el modo potencial.

He recordado la escena al hilo de la propuesta, tantas veces desechada por su familia, de remover el barranco de Víznar donde yacen sus huesos. No soy afecto a estas cosas. Mis mayores reposan lejos de mí. Consulto siempre un diccionario que mi madre encuadernó con recortes de un vestido de mi abuela. Fue su última labor.

Sigo usando el jabón de afeitar La Toja que empleaba mi padre. Veo las manos de mamá, sus agujas y sus hilos. Huelo el aroma que despedía el cajón de la mesilla de luz de papá. Me siguen acompañando como si estuvieran cerca.

Ian Gibson, cumplidísimo biógrafo del poeta, dice que el hallazgo contribuirá a contestar la pregunta de la historia: ¿dónde está Federico García Lorca? No sé si la historia formula preguntas. Más bien pienso que, definitivamente, no las contesta nunca.

Por si acaso, respondo por mi cuenta: Federico está en sus poemas, sus dramas, sus farsas, sus dibujos de infantil ensueño. No hace falta excavar tumbas para hallarlo, basta con leerlo. No hay tiempo, ni fusiles, ni odios cainitas que puedan con él.

Unos años atrás, algo similar le ocurrió a Diego de Velázquez. Por suerte. Rescatar las falanges de aquellas manos prodigiosas habría resultado macabro. Muy barroco, si se quiere, pero fúnebre y morboso. Velázquez está, aquí en Madrid, al alcance de cualquiera. Pruebe el lector —una vez más— a situarse delante de «Las Meninas». Al rato verá cómo se agita su pincel y, junto al armazón con su tela, sigue trabajando mientras nos clava su mirada inmortal.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Este artículo fue publicado previamente en ABC y se reproduce en TheCult.es (Thesauro Cultural) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador admirado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint-Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015) y Alejo Carpentier y la música (2018).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina.

DECLINACION

Más en esta categoría: « Doña Simona Hasta ahora »

logonegrolibros

Términos de uso y Aviso de privacidad. ISSN 2530-7169 (Ilustración: Kellepics, CC)

  • Leer a los clásicos
    Escrito por
    Leer a los clásicos Apunto unas sabrosas reflexiones de Italo Calvino, tomadas de una publicación de Tusquets (Por qué leer a los clásicos). De jóvenes, todo nos ocurre por primera vez, hasta el encuentro con los clásicos. Por eso,…

logonegrociencia

Comfreak, CC

Trestesauros500

Vlynn, CC

Cartelera

Cine clásico

  • Doce tipos duros
    Escrito por
    Doce tipos duros Lo bueno de clásicos como Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967) es que uno puede revisarlos sin temor a decepciones. Dirigida por Robert Aldrich, esta excepcional producción bélica fue protagonizada por Lee Marvin, Charles…

logonegrofuturo2

Imagen © Richard Kingston (young rascal)

logonegrolibros

MystycArtDesign, CC

logonegromusica

Fradellafra, CC

  • "Viento adentro" (2014), de Solano
    Escrito por
    "Viento adentro" (2014), de Solano En 2014 pudimos disfrutar del álbum que daba a conocer el nuevo proyecto de Rainer Seiferth: Solano, el trío que este guitarrista alemán afincado en España formó con Jesús Mañeru (percusión) y Miguel Rodrigáñez (contrabajo),…
  • Paolo Gavanelli: todo un barítono
    Escrito por
    Paolo Gavanelli: todo un barítono Pese a dos Marcellos puccinianos, un Filippo Visconti belliniano y unos verdianos Nabucco, Rigoletto (éste videográfico en el Covent Garden) y Gusmano de Alzira, Paolo Gavanelli no ha encontrado aún en la discografía un reflejo…

logonegroecologia

Coffy, CC

etimologia