El Oeste según Dorothy M. Johnson

El lector reconocerá estos tres films como obras maestras del western: El árbol del ahorcado (1959), El hombre que mató a Liberty Valance (1962), probablemente la última gran cinta del maestro John Ford, y Un hombre llamado caballo (1970).

¿Qué nexo les une? Todos ellos se basan en relatos de Dorothy M. Johnson (1905-1984), autora las novelas Buffalo Woman (1977) y All the Buffalo Returning (1979), y de las antologías de relatos Indian Country (1953), The Hanging Tree (1957), Flame on the Frontier: Short Stories of Pioneer Woman (1967) y The Man Who Knew the Buckskin Kid (1976).

Confieso mi desconocimiento previo sobre la obra de esta narradora. De hecho, yo atribuía erróneamente la autoría de Liberty Valance al escritor James Warner Bellah, autor de la base literaria de la fordiana “Trilogía de la caballería”. En realidad, en la cinta mencionada, Bellah sólo ejerce como guionista.

La lectura de Indian Country (que publicó en España la editorial Valdemar) supuso toda una revelación: Dorothy M. Johnson es una gran escritora. Puede que no sea la mejor autora del western de todos los tiempos, pero sí una de las mejores.

Escritora y periodista estrechamente vinculada a Montana, escenario donde transcurren un buen número de sus narraciones, Johnson tiene una ingente producción, en la que se cuentan ensayos relativos al Oeste histórico y otras temáticas ‒entre ellos, Famous Lawmen of the Old West (1963), Some Went West (1965), Warrior for a Lost Nation (1969), Western Badmen (1970) y The Bloody Bozeman: The Perilous Trail to Montana's Gold (1971)‒, artículos periodísticos, novelas y, lo que aquí nos ocupa, una prolífica obra breve, con una destacable porción dedicada al Lejano Oeste.

A riesgo de ser reiterativo, insisto en la alta calidad de Johnson: una muy buena escritora, sin concesiones. Sobran coletillas hipócritas del tipo "por su calidad transciende las barreras del género", que suelen usar los críticos más pacatos.

Y hablando de género, sexual no literario, resulta sorprendente que nadie haya reivindicado el nombre de Johnson; en especial desde el lado femenino, incluso feminista, dado que podemos estar hablando de la representante número uno de un género presuntamente machista.

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Como señala Alfredo Lara, el editor de la traducción española de Indian Country, tal vez la nula reivindicación desde dichas posiciones se deba, posiblemente, a que los relatos no están escritos desde un punto de vista femenino: Johnson cede la voz a pieles rojas, pieles blancas, fieras squaws, chavales de doce años y, prácticamente, a cualquier representante de la pirámide de población de Montana en el último tercio del siglo XIX.

Tampoco escribe Johnson desde una posición etnocéntrica. En muchos de sus relatos, los indios son los protagonistas o tienen un peso importante. Ahora bien, que no se emocionen los defensores de la corrección política: esto no es Bailando con lobos, no es una hagiografía de resonancias hippies y new age sobre el ocaso de los nativos americanos por culpa de la codicia del hombre blanco.

Los nativos pueden ser tan buenos como el que más, pero a las malas… mejor que no te cojan vivo: sirva como ejemplo el relato "La frontera en llamas" ("Flame on the Frontier"), donde un servicio religioso al que asisten conjuntamente blancos y sioux conversos da paso a una masacre de colonos sin previo aviso ni provocación alguna.

Johnson vivió la última etapa de su vida con plena independencia, tras un matrimonio fallido. A la manera de sus personajes, acabó convertida en una figura especial. Dejó este mundo el 11 de noviembre de 1984, a los 78 años. Su epitafio dice así: "Pagó íntegramente".

Copyright del artículo © José Luis González. Reservados todos los derechos.

José Luis González

Experto en literatura, articulista y conferenciante. Estudioso del cine popular y la narrativa de género fantástico, ha colaborado con el Museo Romántico y con el Instituto Cervantes. Es autor de ensayos sobre el vampirismo y su plasmación en la novela del XIX.

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