"Pulp Fiction" (Quentin Tarantino, 1994)

El fenómeno se llamó Pulp Fiction, e impactó en los cines en 1994. "Quedamos boquiabiertos –dice el realizador Kevin Smith–, convencidos de que habíamos visto algo genial. Pulp Fiction era genial sin ningún esfuerzo, una película que había que ver y recomendar a la gente; al verla, te sentías parte de algo".

Una excelente campaña de promoción por parte de los infames hermanos Weinstein, que supuso el lanzamiento definitivo de la por entonces modesta Miramax –beneficiada por la imagen de “artista de culto” que se había forjado Tarantino a partir de Reservoir dogs y Amor a quemarropa– se sumó a la popularización de la banda sonora y la excelente acogida en festivales de cine, Palma de Oro en Cannes incluida. 

Vamos, que la película generó una curiosidad inusual para lo que suele ser una producción independiente, atrayendo público que no suele arriesgarse con este tipo de películas.

Todo podía haber quedado en un enorme chasco comercial, pero la arriesgada operación de los Weinstein dio en el blanco cuando el entusiasmado público (en especial, el juvenil) salía de las salas repitiendo de memoria los diálogos y recomendando la película hasta a sus abuelos. 

Tarantino se autopromocionaba como si fuera una versión americana y con talento de Santiago Segura, dando rienda suelta a su histrionismo y diarrea verbal tan características (y posiblemente plagiadas de Sam Fuller, uno de sus héroes) mientras los listos de turno comparaban cualquier película en la que apareciera una pistola con el cine de Tarantino, aunque se tratara de alguna de Takeshi Kitano

Por si alguien ha estado fuera del planeta o en coma en estos últimos años, les diremos que Pulp Fiction narra una serie de historias cruzadas dentro del mundo del hampa de Los Ángeles. 

A partir del clásico sistema literario de episodios, nos topamos con las desventuras de personajes como una enamorada pareja de atracadores (Amanda Plummer y Tim Roth), dos matones atribulados por los designios divinos (John Travolta y Samuel L. Jackson), un elegante especialista en limpieza post-criminal (Harvey Keitel) o la bella mujer de un mafioso (Uma Thurman), de peligrosas aficiones nasales.

Llena de brillantes diálogos (y monólogos, como el Ezequiel 25:17 o la historia del reloj de oro contada por Christopher Walken) casi aceptados como himnos por gran parte de los admiradores, quienes los recitan de pe a pa, la película opta en mayor medida por la comedia negra que por el tenso relato criminal de Reservoir dogs, pequeños sketches basados en situaciones tensas con las que el juguetón destino pone a prueba a unos personajes característicos de la serie negra. 

De este modo, asistimos a la típica escena en la que los matones de un mafioso ajustan cuentas con unos listillos que cogieron algo que no era suyo (un maletín de enigmático contenido), un momento mil veces repetido en las películas de acción.

Lo bueno es que Tarantino nos muestra lo que siempre se nos oculta, que es todo lo que pasa después. En un ejercicio moralmente peligroso, se provoca una situación humorística a partir de un tiro en la cara a un chaval. Lo gracioso no es tanto que se le dispare, sino las causas accidentales y las consecuencias.

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Del mismo modo, Mia (Uma Thurman) consume una droga que la deja a dos pasos de “La Luz”, el atribulado Vincent (John Travolta) y su camello tratarán de salvarla mediante un chute de adrenalina en pleno corazón. 

Tarantino se las apaña para que esta escena vaya creciendo en tensión a la vez que en humor, uno de esos momentos en los que uno se sorprende riéndose de algo terrible.

Pero tampoco sería justo decir que Pulp Fiction es un brillante ejercicio de estilo (que es como decir “superficialidad”), sino que se las apaña para introducir, casi de tapadillo, temas tan en clásicos como la redención o el honor. 

El reparto vuelve a ser el punto fuerte de la película, repitiendo actores de Reservoir dogs como Keitel, Roth y Buscemi, recuperando del infierno profesional (en el que después se ha vuelto a meter) a John Travolta e introduciendo en el mundo tarantiniano a futuros habituales como la musa Uma o el “Bad Motherfucker” Jackson, un hombre que parece haber venido a este mundo para recitar diálogos escritos por Quentin, a los que dota de esa musicalidad propia de los personajes de la blaxploitation, transformándolos casi en extrañas canciones.

Sorprende encontrar también en el reparto a la actriz portuguesa María de Medeiros y a la mega-estrella Bruce Willis (en uno de los mejores papeles de su carrera), dos interpretes cuya presencia en principio no se esperaría en un thriller independiente, lo que indica el poder de convocatoria que ya había generado Tarantino, quien también encarna un cabreado personaje aficionado al café poco dispuesto a que su casa se convierta en un “almacén de negratas muertos”.

Además de poner de moda la música surf, el film sirvió para que algunos críticos ‒despistados entre tanta referencia a películas que no conocían: desde La caja de Pandora (1929) hasta El beso mortal (1955)‒ encontraran algún guiño directo a Godard.

Por otro lado, Pulp Fiction inauguró un breve boom del cine independiente americano. A ese carro se apuntó casi todo el mundo, incluyendo imitadores de segunda como Peter Berg y su Very bad things (1996), una auténtica birria que, sin embargo, hizo las delicias de los modernos sin criterio. Los mismos que, sin embargo, se sintieron decepcionados un año después ante la brillante tercera película de Quentin TarantinoJackie Brown.

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Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes © 1994 A Band Apart, Jersey Films y Miramax Films. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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