Las reinas magas

Las reinas magas Imagen superior: detalle de "The Adoration of the Magi" (1904), de Edward Burne-Jones.

La carroza con alguna drag queen en una cabalgata de Reyes madrileña ya ha dado que hablar cuanto había que hablar. El hecho es en sí mismo banal aunque, si yo tuviera que optar, diría que no era el lugar ni el momento, no por respeto a los Reyes Magos sino a muchas familias para las que la cabalgata excluye ciertas imágenes. Añadiría por mi cuenta, las publicitarias, que a veces las ilustran y contra cuya inoportunidad nadie protesta.

Uno de los argumentos protestatarios fue que este desfile no es carnavalesco. O sea que los reyes son reyes y además, magos, y no unos actores disfrazados de reyes magos según las tradiciones pictóricas de la más teatral y carnestoléndica de las escuelas pictóricas, la del barroco. Incluso alguna vez, Baltasar resultaba ser un blanco pintado de negro.

Pero es que, conforme a las Sagradas Escrituras, que hablan de unos magos de Oriente, los venerables dispensadores de regalos ni eran reyes, ni eran tres, ni tampoco uno de ellos era negro. Desde luego, eso sí, sus huesos se veneran en la catedral de Colonia y ya sabemos que cualquier objeto, vivo o muerto, se vuelve sagrado si se lo trata con la veneración y las prohibiciones propias de lo sacro. Añádase que los tres regios personajes simbolizan las distintas razas humanas, convenientemente simplificadas, y los grandes poderes mundanos, todos ellos reconociendo la llegada del Mesías.

De éste, de Jesucristo, sabemos poco y nada en términos históricos, de modo que la mayor parte de sus escenas biográficas son narraciones ejemplares y de enorme secuencia en la historia del mundo, acaso porque, como tales, nunca ocurrieron en ella. Se dice que nació en un establo de Belén, acaso porque por allí hubo un altar consagrado al dios Mitra, sacrificado en términos muy parecidos a Jesús. Es decir que el lugar era religioso y recibía peregrinajes desde antaño. Tampoco se sabe a ciencia cierta que el Nacimiento hubiese ocurrido por Navidad, sólo que es la fecha del solsticio de invierno en el hemisferio norte y el dios Sol era adorado en tal día del año por ser, justamente, el astro luminoso por excelencia. Luego venían las Saturnales romanas, bullangueras y pródigas en comidas y bebidas, como nuestras cristianas Navidades.

Entonces: ¿qué celebramos con las dichosas cabalgatas? Desde luego, costumbres y tradiciones que juntan gente y la ponen contenta. De paso, la fiesta, es decir lo extraordinario de nuestras vidas, se viste de fiesta. Los reyes van de reyes. Entonces ¿por qué no hacer desfilar a unas reinas, en estos tiempos igualitarios? ¿No vino el Niño Dios a salvarlas de la muerte eterna, también a ellas?

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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