Si es bueno para el gorrión, es bueno para todos

Si es bueno para el gorrión, es bueno para todos Imagen superior: un joven gorrión común, Passer domesticus. / www.pexels.com

Se estima que la población europea de gorrión común, Passer domesticus, ligada al ser humano desde su origen, ha caído un 63% en los últimos 30 años. El descenso del número de gorriones discurre en paralelo a la pérdida de biodiversidad urbana en las ciudades. Los científicos siguen investigando los motivos de este declive cuyas causas también podrían estar afectando a su vecino, el ser humano.

Para concienciar sobre su conservación y llamar la atención sobre la calidad ambiental de nuestras ciudades, SEO/BirdLife nombró Ave del Año 2016 a esta especie tan próxima. Y es que, si es bueno para el gorrión, es bueno para todos.

Según datos de SEO/BirdLife, en España había unos 165 millones de gorriones en 2006. En solo diez años, la población reproductora de nuestro país se ha reducido en unos ocho millones de ejemplares. La caída es más acusada en la meseta norte y Aragón que en la mitad sur del país. En el continente europeo, el descenso no ha cesado desde la década de los 80 y, según los registros, fue especialmente acusado entre 1970 y 1980. Solo en Reino Unido se perdieron 10 millones de ejemplares en esos diez años. Afectó tanto a poblaciones rurales como urbanas.

Biodiversidad urbana

No se trata de una cuestión anecdótica. Menos biodiversidad urbana significa más contaminación, más emisiones de CO2, menos zonas verdes y, por tanto, entornos menos saludables. No lo olvidemos: la presencia de gorriones es un indicador de la calidad de vida, por eso tenemos que cuidarlos defendiendo la biodiversidad de nuestros municipios.

“La pérdida de biodiversidad en el mundo es tal que a la lista de especies amenazadas –que incluye al águila imperial ibérica o al urogallo– se están sumando especies que tradicionalmente han convivido con el ser humano. Un caso evidente es el gorrión común”, señala Juan Carlos del Moral, coordinador del Área de Seguimiento de SEO/BirdLife. Además, a la ya larga relación de de especies en peligro ligadas a medios agrarios se empiezan a unir especies que, al haber evolucionado en íntimo contacto con los asentamientos humanos, dependen ahora de ellos para su supervivencia. Se trata por tanto de un nuevo problema de conservación ‒similar al que ya ocurre con otros hábitats como estepas, bosques o humedales–, que debemos afrontar por nuestra responsabilidad para con el resto de organismos a los que afectamos negativamente”, apunta Mario Díaz, presidente del Comité Científico de SEO/BirdLife e investigador del MNCN.

“Dependemos en gran medida de la salubridad de pueblos y ciudades para nuestro propio bienestar. Por eso, el declive de una especie que se ha adaptado a vivir en medios urbanos, de modo completamente salvaje, puede indicar disfunciones crónicas del sistema que a la larga pueden perjudicarnos”, añade Díaz.

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Imagen superior: los gorriones están perfectamente adaptados a vivir junto al ser humano, pero en las últimas décadas sus poblaciones están reduciéndose mucho / Antonio Acero.

Conoce al gorrión común

El gorrión común es un pequeño pájaro paseriforme de aspecto robusto y voluminoso. Posee un pico fuerte y un plumaje de tonos pardos en el dorso, adornado con marcadas listas negras y grisáceos en el obispillo, el pecho y el vientre. Las diferencias de plumaje entre machos y hembras son muy grandes y se mantienen durante todo el año. ¿Dónde lo podemos encontrar?

El gorrión común es un ave sedentaria en España, y no suele realizar movimientos superiores a los 10 kilómetros. En invierno forma bandos que, buscando comida o refugio, pueden moverse a mayores distancias que en la época reproductora. Está presente en todos los continentes y en gran parte de las islas oceánicas, aunque no en todos ellos ha llegado de forma natural. Está ausente en el este de Siberia, China, Japón e Indonesia, zonas tropicales de África, así como las áreas más frías y áridas del planeta. En su extensa área de distribución existen 12 subespecies, la subespecie balearoibericus es la que ocupa la región mediterránea.

En nuestro país se distribuye homogéneamente por todo el territorio peninsular, Baleares, Ceuta y Melilla. Es especialmente frecuente en las zonas agrícolas de los valles de los ríos Ebro, Guadiana y Guadalquivir, la costa mediterránea y en los núcleos de población grandes y medianos.

Recientemente, ha colonizado la isla de Gran Canaria donde seguramente llegaron ejemplares transportados por algún barco. Especie ligada al hombre Ya sea en el campo o en la ciudad, el gorrión común es un ave especialmente dependiente de la actividad del ser humano.

Escasea en aquellos lugares donde no existen pueblos y está ausente en las zonas de mayor altitud y en bosques sin ningún tipo de construcción humana. Su mayor población se ubica en sistemas agropecuarios muy fragmentados –sobre todo, zonas agrícolas y ganaderas no intensivas–, donde el gorrión puede llegar a alcanzar muy altas densidades, superiores a 600 individuos por km2.

En pueblos y ciudades no se encuentra en tan altas densidades como en las zonas agrícolas.

Alimentación y reproducción

Aunque son omnívoros, su alimentación fundamental son semillas, frutas y bayas. En menor medida consume insectos que captura en el suelo o al vuelo. Los pollos en nido son cebados con dieta animal —más rica en proteínas—, fundamentalmente larvas de todo tipo, saltamontes, grillos o escarabajos.

Entre abril y agosto la hembra de gorrión común pone de dos a siete huevos de color blanco o verdoso, y muy moteados. Cada pareja puede llegar a realizar entre dos y tres puestas anuales. El nido suele instalarse en huecos o grietas de edificaciones y consiste en un conjunto de pequeñas ramas tapizado con algún material más suave.

La incubación dura entre 11 y 14 días; en ella participan ambos progenitores, aunque el macho en menor medida, ya que únicamente releva a su compañera durante cortos periodos que ésta emplea para buscar alimento.

La estancia de los pollos en el nido es de 12–16 días. Durante ese periodo son cebados por ambos adultos con la misma dedicación. Los volantones ya se procuran solos el sustento a la semana de abandonar el nido, pero reclamarán alimento a los padres una semana más.

Copyright del artículo © Carmen F. Recuero. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Carmen F. Recuero

Área de Comunicación de SEO/BirdLife.

Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Los artículos de Carmen F. Recuero se publican en www.TheCult.es por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

Sitio Web: www.mncn.csic.es

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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