Charles Waterton: Explorador y naturalista

Dicen que los ingleses tienen un ‘espíritu explorador’ innato. Puede que no más, tampoco menos, que los habitantes de otros países, si tenemos en cuenta diferentes épocas de su historia. Si no, que se lo digan a Marco Polo, a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, o a un número ilimitado de reconocidos viajeros y viajeras (aunque la de estas últimas es otra historia) de todos los tiempos y naciones.

Puede que la idiosincrasia sea más determinante que los países. También, que haya momentos en los que un país ‘mire’ hacia fuera, y otros en los que se enclaustre dentro. ¿Será el Brexit una expresión reciente de esto último?

El siglo XIX contó con grandes exploradores y naturalistas ingleses. Darwin, Wallace, Fawcet, son sólo tres de los nombres con los que se podría constituir una larga lista. En ella es especialmente relevante para un museo de historia natural como el nuestro, la figura de Charles Waterton, recio inglés de Yorkshire (1782 – 1865).

Waterton tuvo una vida singular en muchos aspectos y gran sensibilidad hacia la naturaleza, sobre todo si lo medimos con los parámetros de valor que se empleaban en el siglo XIX. Fue una persona multifacética, de una curiosidad inagotable, firme defensor de la naturaleza, y precursor e innovador en varios ámbitos de la historia natural. Fue el primero en crear una reserva natural, ubicada en su Yorkshire natal, Walton Hall, que protegió con un muro de 5 km y cerca de 5 metros de alto, donde instaló especies y nidos artificiales para aves.

Esta iniciativa de Waterton tiene su traducción actual en la propuesta de Edward Wilson, el famoso biólogo americano que ha contribuido a difundir el término Biodiversidad. Wilson propone reservar “la mitad de la tierra (Wilson, E. O. (2016). Half–earth: our planet’s fight for life. WW Norton & Company. ), para que no acabemos definitivamente con la biodiversidad, salvo por aquellas especies emblemáticas, a la que podemos asignar un “pensionado”, en palabras de Sánchez Ferlosio, es decir, aquellas a las que habrá que proveer de espacio, comida, pareja y cuidados especiales, si queremos que sobrevivan. Es lo que ya se hace con el lince o el oso, entre otras especies.

charleswaterton1

Suele atribuírsele a Waterton poner de manifiesto que el curare no era un veneno, sino un potente relajante muscular. Tan potente, que te puede matar. Está descrito un experimento en el que administró curare a tres burros, dos de los cuales murieron y el tercero pudo sobrevivir gracias a la respiración asistida que se le aplicó por medio de fuelles durante cuatro horas. Su uso posterior como anestésico mereció la celebración de un congreso internacional en su memoria, en 1982, en su querido Walton Hall.

Waterton también fue muy activo como conservacionista, en su lucha contra la contaminación industrial. En muchas ocasiones y lugares se plantea la falsa dicotomía entre el desarrollo social, con el coste que acarrea en contaminación de tierras, agua y aire, o mantener a la sociedad en un estado subdesarrollado, con las implicaciones que tiene de miseria y enfermedades. Debate complejo en el siglo XIX y todavía actual en muchas partes del mundo.

Waterton luchó con la contaminación que producía la fábrica de jabón de Edward Thornhill–Simpson, cercana a su reserva. Ganó la disputa, pero todo se perdió cuando, a su muerte, su propio hijo vendió los terrenos a la familia de Edward. Puede que la vertiente como taxidermista de Waterton sea motivo de desagrado para algunos. Sus técnicas, apreciadas por Charles Darwin, que lo visitó en Walton Hall, no siempre fueron empleadas con un fin naturalista.

En justicia, Waterton fue el principal (si no único) representante de la taxidermia ‘caricaturesque’, antecesora de la que después se llamaría ‘naturalización grotesca’. En casos singulares, como en su naturalización de criaturas a las que llamó ‘Noctifer’, ‘Nondescript’ y otros, nuestro naturalista se sirvió de diferentes partes animales, para producir naturalizaciones parecidas a algunos de sus enemigos políticos. Él mismo negó, con palabras que más bien lo confirmaban, que la criatura bautizada como el ‘Nondescript’ tuviera nada que ver con J. R. Lushington, Secretario del Tesoro inglés.

charleswaterton2

Imagen superior: Wakefield Museums and Libraries.

Hecho de partes de un mono aullador, Waterton indicó que era el ‘eslabón perdido’ en la evolución del hombre, según la teoría ‘recientemente expuesta por Mr. Charles Darwin’. Una de estas naturalizaciones se pudo ver en la exposición “Making Nature: How we see animals” en las salas de la Wellcome Collection de Londres.

Todo esto puede parecer más o menos anecdótico, pero es una forma de llamar la atención sobre esta persona tan singular, que publicó sus viajes por Sudamérica, en unas obras que todavía se leen con gusto (Wanderings in South America; Essays on Natural History).

Antes de embarcarse a la Guyana inglesa, donde su familia tenía ciertas posesiones, Waterton pasó el año de 1802 en Málaga. Allí asistió a la devastadora irrupción de la fiebre amarilla, que acabó con la vida de unos 15.000 malagueños y desplazó a cerca de 50.000. De su propio relato se deduce que fue en málaga donde adquirió cierta resistencia contra la Malaria, además de un conocimiento del español que le sería muy útil en sus andanzas sudamericanas.

Su presencia en Málaga se explica por la inmigración a España de ingleses de profesión católica, para evitar la persecución –sobre todo económica– del gobierno inglés. La historia de sus tíos maternos, que le acogieron allí, forma parte de una saga de otros muchos ingleses, que como los Huelin y otros, desembarcaron tempranamente en la Málaga del siglo XIX, por razones semejantes.

Un aspecto a destacar, es que tanto en Wanderings como en sus ensayos Essays, Waterton no se deja caer en esa zoología mistificadora que popularizaron Gosse y otros autores, y que ha sido recientemente recuperada por los ‘criptozoólogos’, ansiosos de misterios y muy cercanos, cuando no declaradamente, creacionistas. Waterton siempre tuvo los pies en tierra, muy frecuentemente desnudos, pero se ajustó a lo empíricamente comprobable. Vaya eso en su crédito.

Copyright del artículo © Azucena López Márquez y Antonio G. Valdecasas. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Azucena López Márquez y Antonio G. Valdecasas

Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN–CSIC). Los artículos de Azucena López Márquez y Antonio G. Valdecasas se publican en www.TheCult.es por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

ECOCULT041

Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

ECOCULTdinosaurio

  • La cueva de Ikim-tzotz
    Escrito por
    La cueva de Ikim-tzotz “Ikim tzotz, ikim tzotz.” Aquellas palabras mayas no dejaban de dar vuelta en mi mente mientras nos preparábamos para otro día de trabajo de campo en las cuevas de Yucatán. “Estaba loco el viejito, ¿no?”,…
  • Josechu Lalanda, el trazo de la vida salvaje
    Escrito por
    Josechu Lalanda, el trazo de la vida salvaje Recuerdo haber cruzado el umbral de un bosque cuando sus criaturas eran sólo pinceladas de acuarela. Josechu Lalanda (1939-2015) había creado esa fronda con su arte, pero gracias a la fantasía, no era difícil avanzar…
  • El último de los dodos
    Escrito por
    El último de los dodos En una caricatura, Porky Pig se adentra en "la más negra de las Africas" buscando al último de los dodos. Después de una serie de alucinantes eventos, el popular cerdito finalmente logra la captura del…

ECOCULTcaballo

Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

  • La vida familiar en las Seychelles
    Escrito por
    La vida familiar en las Seychelles "Nadie está dispuesto a sacrificar su vida por la de una sola persona, pero todos la sacrificarán si con ello pueden salvar más de dos hermanos, o cuatro medio hermanos u ocho primos..." (W. D.…
  • Biodiversidad urbana: aprender a mirar
    Escrito por
    Biodiversidad urbana: aprender a mirar Vivir en la ciudad no tiene por qué significar vivir de espaldas a la naturaleza. Las ciudades son el hogar de una sorprendente variedad de vida silvestre, no necesariamente cosmopolita. Si algo caracteriza a las…