Arquitectura animal

Arquitectura animal Imagen superior: Cynomys ludovicianus (Gunnar Ries, CC).

Igual que el hombre, la mayoría de los animales distribuyen su espacio de forma ordenada para cubrir sus necesidades vitales; así, dentro de los límites de su territorio establecen zonas para dormir, para cazar, para comer, otras como retrete, etc. Para esta breve exposición, me he limitado a enunciar algunas de las características de las moradas de peces, mamíferos y aves.

Dejo para otra ocasión las interesantísimas variedades y características de las viviendas de los invertebrados, en especial de los insectos y los arácnidos.

Peces

El beta o luchador siamés construye su casa en la superficie. Este pez forma una especie de cestillo con burbujas muy consistentes de saliva. Otras especies prefieren ubicar sus nidos en la arena. Es el caso del macho del espinoso, que construye su nido al final de la primavera, a base de trozos de plantas. Después baila delante del nido para ‘incitar’ a hembras para que pongan en él sus huevos. El macho fertilizará los huevos y los protegerá hasta que nazcan las crías.

También la especie descubierta en 2015, Torquigener albomaculosus, prepara su casa en los fondos marinos. Los peces macho elaboran nidos circulares, de unos 2 metros de diámetro con diseños geométricos en forma de crestas y ranuras que sirven para minimizar el efecto de las corrientes y, posiblemente, evitar los ataques de depredadores.

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Imagen superior: arrecife de coral (Richard Ling, CC).

Mamíferos

Algunos mamíferos, como el ornitorrinco, construyen sus madrigueras a orillas del agua, en las zonas más anchas y tranquilas de los ríos. Sus guaridas tienen dos entradas, una acuática y otra terrestre que, normalmente, suele estar practicada en un lugar protegido por la vegetación.

La rata almizclera parece tan aficionada a la humedad como el castor y pasa la mayor parte de su vida en el agua. Esta admirable cavadora abre galerías de mucha extensión que solo tienen una entrada bajo el agua. Los castores son muy familiares en su organización. Pueden permanecer toda la vida en la misma vivienda y, además de emparejarse de forma estable, varias generaciones suelen compartir vivienda. La morada del castor tiene forma de campana, de uno a dos metros y medio de diámetro y un metro de alto. Tienen al menos dos accesos, uno para la entrada de provisiones y otro para el uso de la familia.

Aunque la zona habitable permanece siempre seca, las entradas permanecen sumergidas bajo el agua gracias a los diques que construyen con ramas, barro y troncos de árboles que talan sin dificultad gracias a sus grandes incisivos.

Cuando la temperatura baja lo suficiente para congelar el agua el castor recubre su nido con lodo que, al congelarse, forma una cáscara prácticamente indestructible de unos 25 cm. de espesor.

Mamíferos como las marmotas o los osos pardos, necesitan viviendas que les mantengan seguros durante los meses en los que se aletargan o hibernan. Las primeras se construyen madrigueras suficientemente profundas como para no sufrir las heladas. Los segundos aprovechan como refugio las cuevas o huecos en árboles de gran tamaño.

El tejón construye madrigueras cuya cavidad habitable, que se encuentra a unos cinco metros de profundidad, es accesible desde varios pasillos. Pero el primer lugar entre los mamíferos cavadores lo tiene el topo, cuya morada es un inexpugnable prodigio de la arquitectura animal.

Tanto los conejos como los perros de las praderas son animales sociables que terminan formando enormes galerías donde viven muchos miembros como si de urbanizaciones se tratara. Las conejas preparan una madriguera separada para el parto y lactancia de sus gazapos que saldrán a las tres semanas al exterior. Por su parte, los zorros excavan laberínticas madrigueras, en terrenos blandos, donde van a parir. Estas madrigueras tienen frecuentemente tres entradas y varios túneles que, tras largos y tortuosos recorridos, desembocan en una despensa.

Otros mamíferos prefieren las alturas para vivir. La ardilla construye pequeños nidos de forma esférica en la copa de los árboles. Su esmerada construcción incluye un techo impermeable en forma de cúpula. Aíslan el nido con una capa de hierba, hojas, musgo y astillas a la vez que ocultan su entrada con ramas, hierbas y hojas. Los gorilas más que nido preparan una cama cada noche que abandonan al día siguiente para construir otra allí donde les sorprenda la puesta de sol.

Los orangutanes son para muchos el más inteligente de los animales (en malayo orangután significa persona del bosque). Están totalmente adaptados a la vida arborícola, se desplazan balanceando sus extremidades superiores a través de las ramas de la tupida selva tropical y rara vez bajan al suelo como no sea para cruzar espacios abiertos entre diferentes bosques. Como los gorilas, lo construyen cada tarde, preparan un nido con hojas y ramas en la encrucijada del nacimiento de varias ramas. Cuando llueve improvisa un paraguas confeccionado con grandes hojas para evitar mojarse.

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Imagen superior: Polistes dominula (Alvesgaspar, CC).

Aves

Los nidos de los pájaros son de una extraordinaria complejidad y variedad. A pesar de que no disponen de manos enfrentadas, como los gorilas o el hombre, las construcciones de las aves superan en complejidad las casas que son capaces de levantar los primates, excepto el hombre. Su tamaño varía desde el diminuto nido del colibrí, de dos centímetros de profundidad y del tamaño de una moneda, al del águila calva, de tres metros de diámetro y que, formada por auténticas estacas, puede llegar a pesar más de dos toneladas.

Los nidos pueden ser simples huecos excavados en la arena como los del charrán ártico, en los troncos de los árboles como los del pájaro carpintero o estar fabricados con los más diversos materiales: corteza de los árboles, hojas, juncos, hierbas, fibras vegetales, plumas, barro, etc.

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Imagen superior: Ploceus castaneiceps (Robert Lawton, CC).

Aunque, en la mayoría de los casos, el nido tiene como finalidad proteger los huevos durante el periodo de incubación y alojar las crías durante las primeras semanas de su existencia, algunos son viviendas permanentes, como en el caso del pájaro tejedor. En cuanto a su situación, los hay a ras de suelo como el del pelícano, flotantes como el del somormujo cuellirojo, colgados de los árboles como el de la oropéndola (que llega a preparar un pasadizo en forma de tubo que sirve de acceso al nido), bajo los aleros de las edificaciones como el de las golondrinas, o escondido entre los arbustos como el de la lavandera de pechuga amarilla.

Los halcones peregrinos prefieren instalarse en atalayas y oquedades naturales, siempre situadas a gran altura, aunque a veces también arrebatan sus confortables nidos, de palos y barro, a los cuervos, que son eficaces albañiles.

El pájaro lira construye una serie de montículos de un metro de ancho y salta de uno a otro, pavoneándose, mientras canta durante el galanteo nupcial. El tilonorrinco de Australia y Nueva Guinea es un consumado arquitecto y paisajista. Se le llama pájaro jardinero por las complicadas glorietas, de hasta 2,5 metros de altura, que a base de tallos vegetales construye el macho como escenario para el cortejo y el apareamiento. Es un caso especialmente llamativo ya que utiliza instrumentos o herramientas, trozos de corteza de árbol, con los que aplica una pasta hecha con saliva, plantas masticadas y a veces carbón, para “pintar” sus parterres.

Los pájaros carpinteros tienen una distribución cosmopolita, exceptuando Australia, Madagascar y las regiones polares extremas. Hacen su nido practicando un hueco en el tronco de un árbol muerto o enfermo donde depositan la puesta que es de 2 a 5 huevos. Realiza la operación con suma precisión para no debilitar la resistencia del tronco. La entrada es inclinada, hacia arriba, en forma de pasillo, para evitar la entrada del viento y de la lluvia.

Después excavan, hacia abajo, el largo nido vertical. Las cigüeñas fabrican sus nidos en forma de torre, redonda y sólida, que sitúan generalmente sobre edificios construidos por el hombre, que sucesivas generaciones irán reforzando y completando, hasta convertirlos en refugios circulares de ramas entretejidas que, a veces, llegan a tener dos metros de altura y metro y medio de diámetro.

Por el tamaño de sus nidos y su resistencia al viento, es indispensable que se apoyen sobre una base muy sólida como, por ejemplo, en las chimeneas de los edificios o campanarios de las iglesias. Las golondrinas y los aviones fabrican sus nidos con barro amasado que disponen adosados a paredes de construcciones humanas, generalmente cubiertas y protegidas por los aleros de los tejados. Estas son solo algunas de las, como diría un político, “soluciones habitacionales” que podemos encontrar en la naturaleza, un espacio que nunca deja de sorprendernos.

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Imagen superior: termitero fotografiado por Brian Voon Yee Yap (CC).

Copyright del artículo © Juan Carlos Castillo Ochandiano. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Juan Carlos Castillo Ochandiano

Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN–CSIC). Los artículos de Juan Carlos Castillo Ochandiano se publican en www.TheCult.es por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC