Sherlock Holmes en los tiempos del cine mudo

El detective creado por Sir Arthur Conan Doyle tiene el honor de ser el segundo personaje de ficción más veces llevado al cine, detrás de Drácula. Gracias a las adaptaciones de Guy Ritchie y a la teleserie que la BBC dedicó al detective, éste vuelve a demostrar que es un valor seguro en la cultura popular.

El éxito de los relatos de Sherlock Holmes fue casi inmediato. Lo originaron los tres cuentos publicados en la revista The Strand Magazine (1891, recopilados en el volumen Las aventuras de Sherlock Holmes en 1892). Curiosamente, en términos de popularidad, dos novelas previas de Conan Doyle habían obtenido un resultado mediocre. Acompañaban a estos relatos las ilustraciones de Sidney Paget, a quien podemos considerar como el padre gráfico de la criatura.

Se debe a Paget la imagen típica de Holmes: ataviado con el sombrero de cazador de ciervos (el deerstalker) y una capa de viaje Inverness, dos elementos que no mencionó Conan Doyle en sus cuatro novelas y cincuenta y seis relatos.

Sherlock Holmes Baffled (1900) es el título de la primera aparición en la gran pantalla del detective, una extravagancia de apenas un minuto de duración, donde un ladrón aparece y desaparece en el interior del domicilio de Holmes en Baker Street, merced a un sencillo truco de cámara, para desconcierto del sabueso. No se trata de una película, si no de una especie de cortinilla de la compañía de proyectores Mutoscope.

La brevedad de las películas será la tónica de estos primeros tiempos. Así se advierte en las siguientes adaptaciones: Held for Ramson y The Adventures of Sherlock Holmes. Esta última, según los expertos, se inspira en El signo de los cuatro. Ambas son producciones norteamericanas, y su duración ronda los ocho minutos.

Se produjeron en 1905, año en que Sherlock Holmes “volvía de entre los muertos” en las librerías con la publicación de la antología El regreso de Sherlock Holmes.

En los tiempos del mudo, Holmes tiene fortuna en diversas cinematografías: de Italia procede Un rivale de Sherlock Holmes (1908); y de Estados Unidos, Sherlock Holmes and the Great Murder Mystery (1908), película basada en Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe.

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Por las mismas fechas, Dinamarca produce una serie de filmes que merecen cierta atención. Entre 1908 y 1911, la productora danesa Nordisk lanzó una serie de trece cintas con distintos actores en el rol del detective. Viggo Larsen fue quien en mayor número de ocasiones lo interpretó, además de asumir tareas de dirección y guión.

La serie bebe de diferentes fuentes literarias. Hallamos adaptaciones de los relatos originales, resueltas con mayor o menor fidelidad. Entre ellas cabe subrayar la versión de El perro de los Baskerville, donde el supuesto can espectral es sustituido por un autentico fantasma femenino. Hay asimismo guiones ajenos a los originales literarios, y otros cuya referencia literaria es ajena a Conan Doyle.

En Sherlock Holmes I Livesfare, Holmes debe hacer frente a Raffles y al profesor Moriarty, némesis del detective. En este último caso, los guionistas tomaron prestado a A. J. Raffles, el ladrón de guante blanco nacido de la pluma de E. W. Hornung, casualmente cuñado de Conan Doyle.

Tras estos trece filmes, Nordisk continuó con otra serie de adaptaciones de los relatos originales de Conan Doyle, como El tratado naval o El constructor de Norwood, pero sustituyó al personaje de Sherlock Holmes por un tal profesor Locksley.

Cabe pensar que esto obedeció a motivos de índole legal, ya que en 1912 Conan Doyle vendió los derechos cinematográficos de Holmes a la compañía francesa Éclair. No obstante, hay que insistir en que, pese a la ausencia de Holmes en los guiones, la materia prima eran sus relatos originales.

En 1910, Viggo Larsen se trasladó desde Dinamarca hasta Alemania, embarcándose en un nuevo ciclo con el detective como protagonista.

La compañía berlinesa Vitascope rodó seis cintas de dos bobinas. Las cinco primeras presentaban a Holmes (Larsen) enfrentado con Arsène Lupin, el ladrón de guante blanco creado por el escritor francés Maurice Leblanc.

En el sexto film, con Lupin tras las rejas, Holmes hacía frente al sempiterno Moriarty, interpretado por Paul Otto, el mismo actor que había encarnado al ladrón de guante blanco en los cinco filmes anteriores. En este aspecto, Alemania fue un terreno abonado para las aventuras del detective británico. Años atrás, habían disfrutado de un enorme éxito diversas colecciones de folletines, con relatos apócrifos de Sherlock Holmes. Sus editores no tuvieron reparo alguno en incluir el nombre Conan Doyle en las portadas, lo que da una idea de la popularidad del detective por aquellos lares.

Tras las seis cintas de Vitascope, una nueva serie fue producida en Alemania: siete cintas (1914-1920) inspiradas en El sabueso de los Baskerville, que alcanzaron abrumadoras cotas de éxito.

La producción no pareció resentirse con los efectos de la Primera Guerra Mundial ni con la dura posguerra alemana. La primera cinta de la serie es una adaptación de la novela de Conan Doyle, mientras que las siguientes beben de fuentes folletinescas.

Stapledon, el villano de la novela original, no perece ahogado en la ciénaga de Grimpen. Por el contrario, los guionistas le ascienden a la categoría de genio del crimen, e incluso le dotan de una guarida subacuática.

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Como ya indiqué, la productora Éclaire fue la primera poseedora legal de los derechos cinematográficos de Sherlock Holmes. Ello se tradujo en la realización de una serie de ocho películas en régimen de coproducción franco-británica. El ciclo fue rodado en el Reino Unido por un equipo de la misma nacionalidad, mientras que el detective era interpretado por el actor francés Georges Treville. Los guiones eran adaptaciones muy libres del canon sherlockiano.

No fue hasta 1914 cuando se estrenó la primera producción cien por cien británica. La película, una adaptación de la primera novela del detective, Estudio en escarlata (A Study in Scarlet), era una producción de Samuelson Film Mfg Co Ltd. En su guión, cambia la estructura narrativa elíptica de la novela por una lineal, hecho que revela los pormenores de la trama y nos priva del crescendo que Conan Doyle articuló para resaltar las habilidades deductivas de Holmes. Interpreta al detective James Bragington, un operario del estudio elegido por su parecido con el Holmes ilustrado por Paget.

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Posteriormente, en 1916, la compañía adaptó la novela El valle del terror (The Valley of Fear, 1914). Esta vez el detective fue interpretado por H. A. Saintsbury, quien poseía una dilatada experiencia escénica en el papel. Por desgracia, ninguna de estas dos películas ha llegado hasta nuestros días.

Otra cinta perdida es la versión estadounidense de Estudio en escarlata, protagonizada y dirigida en 1914 por Francis Ford, el hermano del maestro John Ford. La película se debe a la productora Universal que, como se verá más adelante, produjo la serie protagonizada por Basil Rathbone y Nigel Bruce en la década de los cuarenta.

Sin embargo, el título de mayor entidad entre todas las películas perdidas de Holmes es el protagonizado en 1916 por el actor norteamericano William Gillette. Se trata de la traslación al cine de una obra teatral de enorme éxito, Sherlock Holmes (1899), reescritura del propio Gillette sobre un libreto original de Conan Doyle.

Esta pieza teatral es uno de los diversos pilares que contribuyeron a amplificar la imagen y el éxito de Sherlock Holmes. Es en su libreto donde nace la coletilla “Elemental, querido Watson”, que jamás usó Conan Doyle en su obra.

En la citada película, se puede descubrir a un joven Charlie Chaplin en el papel de Billy el botones.

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Si hablamos de intérpretes de Holmes, Eille Norwood es considerado por unanimidad como el campeón de la etapa silente, tanto por su calidad como por la cantidad de títulos protagonizados. Pese a que su físico estaba bastante alejado del personaje, y a que contaba sesenta años de edad cuando lo interpretó por primera vez –Holmes tiene en torno a 35–, Norwood protagonizó 47 películas en dos años (1921-1923).  Más que interpretar a Holmes, Norwood se transformaba en él. Supo captar perfectamente su aspecto, sus ademanes y su psicología.

La mayoría de estas cintas constaban de dos rollos que duraban veinticinco minutos de media. Los guiones eran adaptaciones sumamente fieles de los relatos originales. No obstante, había un exceso de escenas de interior, lo que conllevaba demasiados diálogos y un lento desarrollo.

Coincidiendo con el ecuador del ciclo de Norwood, se estrenó la que podría considerarse como la gran superproducción sobre Holmes en aquella época: Sherlock Holmes (1922). Protagonizada por John Barrymore e inspirada en la obra de Gillette, la cinta plantea un acercamiento juvenil a Holmes y a Watson, cuando ambos cursan estudios universitarios e investigan el caso de compañero de estudios acusado de robo.

El acusado resulta ser inocente, ya que todo forma parte de un plan criminal del profesor Moriarty, interpretado por Gustav Von Seyffertitz. Este realiza la que quizás sea la caracterización más peculiar del famoso delincuente, y su aspecto recuerda a la caracterización del mismo Barrymore como Mr. Hyde.

La cinta supera ligeramente las dos horas de duración y se rodó en el Reino Unido y Suiza. Pese a que se la creía perdida, varios historiadores han conseguido reconstruirla casi en su totalidad. Además, es la primera cinta del detective de cuyo estreno en España existe constancia.

Copyright del artículo © José Luis González. Reservados todos los derechos.

José Luis González

Experto en literatura, articulista y conferenciante. Estudioso del cine popular y la narrativa de género fantástico, ha colaborado con el Museo Romántico y con el Instituto Cervantes. Es autor de ensayos sobre el vampirismo y su plasmación en la novela del XIX.

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