La musa en el laboratorio: Graham Wallas descubre el proceso creativo

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau Una cita con las musas… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que José Luis Casado y Daniel Tubau hablan de cómo Graham Walls consiguió que las musas entraran en el laboratorio de los científicos y comenzaran a revelar sus secretos.

JLC: Regresamos a Una cita con las musas, que siguen con nosotros en 2018. En los últimos programas del año pasado, nos hablaste, Daniel de cómo se veía la creatividad y la intuición en la antigüedad, pero nos quedamos en un momento muy especial…

DT: Pues sí, porque en el último programa hablamos de uno de los grandes precursores del estudio científico de la creatividad, el matemático francés Henri Poincaré, y prometí que hoy hablaría de la persona que se considera el fundador del estudio de la creatividad, Graham Wallas.

JLC: Y si lo recuerdo bien, este hombre fue el que abrió a las musas las puertas del laboratorio, digamos…

DT: Así es, con Graham Wallas las musas por fin entraron en los laboratorios, o al menos en los centros de estudio de los científicos y de los psicólogos, y en la actualidad de los neurólogos para ir revelando sus secretos.

JLC: ¿Cómo logró Wallas convencerlas?

DT: Bueno, Graham Wallas estaba muy interesado por la cultura y la educación y además pensaba que solo gracias a la creatividad la humanidad podría escapar a un futuro trágico. Eso fue lo que dijo en una célebre conferencia en 1926. Anunció que Europa y el mundo se encontraban en un fin de época como la caída de la Roma y que, después de lo terrible que había sido la Primera Guerra Mundial, podía producirse una guerra incluso más terrible y que regresáramos a la barbarie.

JLC: Vaya, y se podría decir que acertó…

DT: Pues sí, porque pocos años después Europa asistió a la llegada del fascismo, el nazismo y los totalitarismos comunistas: Stalin, Hitler, Mussolini, Franco y, poco después la Segunda Guerra Mundial, que fue mucho peor que la Primera y que casi acabó con el mundo civilizado.

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Imagen superior: Graham Wallas (Library of the London School of Economics and Political Science, c. 1920).

JLC: Entonces acertó en su predicción, pero no logró evitar que la creatividad evitara ese futuro tan oscuro.

DT: No, no lo consiguió, porque seguramente las cosas son más complejas y el ser humano no cambia tan fácilmente, aunque Wallas hizo todo lo que pudo para ayudar a crear un mundo mejor y más tolerante. Una de sus contribuciones, la más importante, fue demostrar que la creatividad, la inventiva, el ingenio o la capacidad de encontrar soluciones no estaba al alcance solo de algunos privilegiados que recibían la inspiración de las musas, sino de todos nosotros.

JLC: Y creo que su solución fue especialmente creativa en sí misma.

DT: Así es. Wallas se enfrentaba a un problema. Por un lado, los científicos exigen pruebas, experimentos que se puedan contrastar, datos que se puedan observar, pero, por otro lado, se decía que la creatividad solo aparecía como por arte de magia, por inspiración divina, porque el artista o el creador sufría una especie de revelación, por la inspiración de las musas.

JLC: Y, claro, una cosa tan etérea es muy difícil de observar…

DT: Los científicos que pensaba que se podía estudiar de alguna manera el proceso creativo decían que la única manera de hacerlo era olvidarse de esas inspiraciones o revelaciones y buscar algo más concreto. Pero lo sorprendente es que Wallas decidió que por un lado tenían razón los poetas, como Shelley, del que ya hemos hablado en uno de nuestras citas con las musas, y que la inspiración existía. Pero, al mismo tiempo, lo que Wallas aseguró fue que esa inspiración no se producía al comienzo del acto creativo, sino que era una de sus fases, la tercera fase.

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JLC: A ver si lo entiendo. Wallas decía que existe una inspiración como la de las musas… pero que se puede crear o provocar…

DT: Seguramente recordarás que Picasso dijo aquello de: “Yo creo en la inspiración, pero mejor que te pille con el pincel en la mano”. Lo que Wallas dijo es parecido. Dijo que en vez de esperar sin hacer nada a que nos venga la inspiración, en realidad debemos actuar, fabricar en cierto modo la inspiración. Tras muchos estudios de personas y de procesos creativos, llegó a la conclusión de que existían cuatro fases en el proceso creativo.

JLC: Qué interesante. ¿Y cuáles eran esas fases?

DT: Esas cuatro fases son: preparación, incubación, iluminación y verificación. Como ves, la iluminación es la tercera de esas fases. Antes de que se produzca, por lo general es necesario que antes hayamos pasado por la fase de preparación o planteamiento, donde investigamos acerca del problema que queremos resolver, y por la de incubación, que es muy sorprendente, porque consiste en cierto modo en olvidarnos del problema, pensar en otra cosa. Y entonces es cuando de repente viene la inspiración, que parece casi un milagro, pero que en realidad es el resultado de un trabajo no consciente que hace nuestro cerebro.

JLC: Quieres decir que nuestro cerebro o mente busca la solución sin que nosotros nos demos cuenta y de pronto nos la muestra como si fuera una revelación inesperada?

DT: Eso es. Aunque no seamos conscientes de ello, nuestra mente sigue trabajando. Precisamente en el programa anterior hablamos del matemático Henri Poincaré que se pasaba semanas enteras intentando resolver un problema, después lo dejaba cansado, pensando que era imposible resolverlo, se olvidaba del problema por un tiempo y, de repente, días o semanas después, tenía una inspiración súbita, por ejemplo cuando estaba a punto de subir al tranvía…

JLC: Y allí tenía la solución…

DT: Sí, bueno, no exactamente. Allí tenía una posible solución, porque la cuarta fase del proceso creativo es la verificación. Hay que comprobar si ese momento de inspiración realmente funciona, porque no siempre  lo qu nos dice la intuición o al inspiración funciona.

JLC: Bueno, pues ya conocemos las cuatro fases del proceso creativo y cómo las musas entraron en el laboratorio, pero supongo que sobre esto habrá mucho más que decir.

DT: Desde luego, y la semana que viene hablaremos más de estas fases creativas y también descubriremos por qué se nos ocurren tantas buenas ideas en lugares insólitos, por ejemplo mientras nos duchamos.

JLC: Pues  es cierto, a mí también me pasa eso, ¿por qué será?… Entonces te esperamos la próxima semana para conocer mejor el proceso creativo.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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