Nuevos retos para un museo nacional

Nuevos retos para un museo nacional Imagen superior: “Sala de los dinosaurios” del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Fotografía: Luis Mena.

La larga historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales hace que estas líneas se dediquen a la reflexión sobre su papel actual y las posibilidades futuras como institución museística y su clasificación como Museo Nacional. Conviene, pues, hacer un breve recordatorio de la definición de Museo, de las funciones que la legislación española le otorga, para ahondar en ese concepto de Nacional, que lo diferencia y destaca en el panorama de los Museos Estatales.

El museo es la institución permanente que ostenta como misión la conservación, adquisición, investigación, comunicación y difusión de los bienes y colecciones culturales que tienen adscritas. A ello debe añadirse que en la concepción de todo museo existen tres elementos para poder desarrollarse, tres pilares fundamentales sobre los cuales sustentarse: las colecciones (contenido), el edificio (el continente) y el público. Y precisamente es el público, en tanto sector de la sociedad, el que justifica la utilidad y la entidad del museo como servicio a la comunidad.

Sobre las colecciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales, pese a poder verse actualmente sólo una pequeña parte, cualquier comentario sería insuficiente y pequeño para ilustrar toda su riqueza y variedad, y sirva para ello, simplemente, pensar en su origen en el Real Gabinete de Ciencias Naturales, constituido por el que fuera Rey Alcalde, como popularmente se ha conocido a Carlos III.

Verdaderamente, era un momento de esplendor cultural y científico, en el marco de la Ilustración, que venía a culminar un gusto desarrollado ya desde la tardía Edad Media y el Renacimiento de reunir colecciones de curiosidades, piezas raras y exóticas, y obras de arte. Esa afición coleccionista venía a mostrar los logros alcanzados merced a la superación de las fronteras y la llegada desde el Viejo continente a cualquier rincón del Mundo, que la navegación por el Mediterráneo y las relaciones con Oriente habían potenciado.

Esas colecciones reales se vieron incrementadas gracias al desarrollo, desde el siglo XVIII y prácticamente hasta nuestros días, salvando las diferencias, de las llamadas Expediciones Científicas que, en un principio, fueron patrocinadas por la propia Corona y, de acuerdo con el régimen político establecido en cada etapa histórica, por los respectivos gobiernos.

Algunas de las expediciones encumbraron el nombre de muchos científicos e investigadores españoles en el panorama científico y académico internacional por los logros conseguidos.

El edificio en el que tiene su sede, actualmente compartido con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid, es el del Palacio de Exposiciones de las Artes y la Industria (1887), de claras trazas industriales y expositivas, con fábrica de ladrillo y estructura metálica, propias del último tercio del siglo XIX. No nos vamos a remontar ahora al espléndido edificio que, en su momento, diseñó Juan de Villanueva, pensado para acoger las colecciones del Real Gabinete –y por tanto, podría decirse que es uno de los primeros ejemplos de Arquitectura de Museos, tan de moda en nuestros días– y que hoy ocupa, por esos avatares de la Historia, el Museo Nacional del Prado, pero ¡mejor dejémoslo ahí!

La actual adscripción del Museo Nacional de Ciencias Naturales al Consejo Superior de Investigaciones Científicas evidencia que su identidad como centro de investigación, a diferencia de otros museos, que se encuentran inmersos en una larga reclamación, está plenamente reconocida, pero no puede olvidarse que en tanto museo los resultados de esa intensa y prolífera labor deben verse reflejados no sólo en los artículos científicos, de especial importancia para los investigadores, sino también en otros caudales informativos más accesibles para la sociedad en general, puesto que, al fin y al cabo, es a ella a quien se debe el museo como servicio público.

La difusión y comunicación son imprescindibles en todo museo, y comprende medios que pueden clasificarse como directos y otros indirectos, persiguiendo el objetivo de hacerse ver y sentir, de darse a conocer.

Las salas expositivas son una muestra del trabajo interno de este centro y las actividades paralelas y complementarias se han venido generando para satisfacer al público, considerado según distintos factores y características.

La denominación del Museo de Ciencias Naturales como Nacional responde a la definición que la normativa vigente en la actualidad recoge, por la que todo museo estatal “que tenga singular relevancia por su finalidad, y objetivos, o por la importancia de las colecciones que conserva”. Se presenta como una cuestión indiscutible que el MNCN cumple con ambos extremos, y como una dimensión fundamental la de la proyección externa del trabajo interno. La investigación con difusión es el reto a alcanzar, ¿o acaso no?

Copyright del artículo © Carmen Sanz. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Carmen Sanz

Conservadora de Museos. Servicio de documentación del MNCN.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC