Un sueño de película

Según se me dijo hace años, muchos, la música era, es, el arte de combinar el sonido con el tiempo. Una frase que, debido a las numerosas y grandes limitaciones que me acompañan, ni aprendí ni supe interpretar, hasta que, con sorpresa empecé a comprender mejor ese último asunto, eso del tiempo, su paso inexorable, su imposible vuelta atrás; en fin, todo aquello que, cuando se piensa, nos suele dejar de una pieza, pequeña y vulnerable.

Pues bien, si a esa definición le despojamos de su primera palabra, arte, tenemos un resultado un poco soso, porque lo cotidiano es que se produzcan sonidos e, inevitablemente, lo hagan en su dimensión temporal. Sonidos varios que se pueden oír en todo nuestro planeta, como los cantos de los pájaros, el golpeteo de las gotas de una tormenta, los rugidos de los animales, los truenos, la caída de agua en las cascadas, el de las alas de la abejas, las voces de los delfines, los múltiples y de diferente origen generados por los aparatos e ingenios fabricados por el hombre, el llanto de un niño, el rugido de un volcán… Todos ellos, en cada momento conforman un enorme conjunto de sonidos característico de cada uno de esos instantes. Una mezcla única, irrepetida en el pasado e irrepetible en el futuro. Propia de cada momento.

Si se pudiese grabar en cada instante ese gigantesco y enorme volumen de sonidos de todo el planeta dispondríamos de un registro sónico en el que cada momento tendría su identificación, su signatura y, dada la enorme cantidad de procedencias y el espectro potencial de origen, cada combinación correspondería a un único instante. Y esta correspondencia podríamos decir que se ha mantenido a lo largo de todos los más de 4.000 millones de años de vida de la Tierra y nada impide pensar que se mantendrá por el resto de su vida, que se prevé sea de una cifra parecida.

La Sinfonía del Planeta, la mezcla de todos sus sonidos con el tiempo… una producción realizada sin arte, es decir, sin manipulación humana. Una grabación llena de verdad natural en la que todas las cosas que componen, componemos, el planeta serían, seríamos, la orquesta. Una grabación que por ahora no es sino un sueño del que, todavía, nadie puede hacérnoslo realidad. Pero, ¿se podrá en el futuro?

Estamos acostumbrados ya a ver cosas que antes parecían imposibles, así que dejemos el futuro abierto. Aun así, quien lo consiga no podrá disponer de los registros ya pasados, entre ellos los de éste nuestro presente, por lo que su enorme éxito se verá empañado por la insatisfacción de no poder disponer de esos, estos, sonidos de su pasado. Un resultado que nos deja a todos, a él y a nosotros, compartiendo ese sabor agridulce tan común en la vida humana. Pero, ¿por qué quedarnos ahí? ¿Por qué no trasladar estos sueños, estas posibilidades, también hacia la imagen?

De hecho, al igual que en los sonidos, en cada instante también se producen imágenes, cuya inmensa mayor parte, que son algo así como una inmensidad inmensa, no se registra, pero que están, son, propias de cada momento, de cada lugar, desde la escala a la que se nos ve desde los satélites artificiales hasta las que se podría obtener en el canal de un hormiguero bajo tierra o en el interior de cada célula. Inmensidad, infinitud multiescalar y multiespectral cuyo total es casi inimaginable. Y aplicable también al pasado de los millones de años de antes y a los de después. Una mezcla así de imágenes y tiempo también con correspondencia biunívoca. Y ya llegados hasta aquí, claro, ¿por qué no combinarlo todo, sonido, imagen, con el tiempo? Quedaría… eso: de película. Así que, por si acaso alguien, alguna vez, es capaz de producirla y realizarla, no olviden de dejarle un guiño amistoso y de felicidad… que también existe. La sinfonía del planeta, la mezcla de todos sus sonidos con el tiempo… Una producción realizada sin arte, es decir, sin manipulación.

Copyright del artículo © Carlos Martín Escorza. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Carlos Martín Escorza

Geólogo e investigador. Miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural, de la que fue presidente entre 1988 y 1989.

Sitio Web: www.mncn.csic.es

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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