Vicente Araña, volcanólogo: “Los volcanes siempre avisan, el problema es saber interpretar esos avisos”

Vicente Araña, volcanólogo: “Los volcanes siempre avisan, el problema es saber interpretar esos avisos” Imagen superior: Vicente Araña. Fotografía: Luis Mena.

Vicente Araña Saavedra (La Palma, 1939) afirma que es volcanólogo por casualidad. En 1966, cuando estaba terminando la carrera de Geológicas, se incorporó al equipo que formó José María Fuster (una de las figuras científicas de la volcanología) para estudiar los volcanes canarios y acabó especializándose en el tema.

Experto en el vulcanismo canario, durante cerca de cincuenta años de actividad científica ha investigado por todas las regiones volcánicas del planeta. Actualmente [2007] dirige el Departamento de Volcanología del MNCN.

Usted tuvo la oportunidad de hacerse vulcanólogo en su tierra canaria y da la casualidad de que es una especie de paraíso volcanológico mundial.

Canarias es una región única respecto al vulcanismo, así está reconocido en todo el mundo por los profesionales; no hay prácticamente ningún vulcanólogo de un cierto peso que no conozca o no haya trabajado en Canarias. Esto es así desde el siglo XVIII: cuando los grandes naturalistas tenían que ir de Europa a América pasaban grandes temporadas estudiando el archipiélago.

¿Por qué Canarias es tan especial?

Es un caso único porque está en un sitio donde no tenía que haber volcanes; se dan unas circunstancias especiales para que haya vulcanismo y para que éste sea espectacular y de una duración inusitada. No hay un área volcánica activa tan antigua como la de Canarias. El material emitido a lo largo de unos 60 millones de años ha producido estructuras variadísimas. En ninguna parte hay tal variedad de rocas ígneas.

Canarias es espectacular, es un museo y una universidad de los volcanes.

Cada poco tiempo, en la prensa británica sobre todo, aparecen noticias alarmantes que se refieren a derrumbamientos catastróficos en la isla de La Palma que podrían formar tsunamis. Usted lo calificó de fantasia de Hollywood.

Al aplicar modelos matemáticos a los procesos naturales se introducen parámetros que pueden llevar a desarrollos espectaculares como los tsunamis, pero la naturaleza no es así. Decir que una isla como La Palma puede derrumbarse en cuestión de horas o de minutos es como decir que se puede caer la sierra de Guadarrama. Claro que se puede caer la sierra de Guadarrama, también el Everest, pero en la Naturaleza los procesos ocurren de otra manera.

Son más lentos…

Son procesos muy lentos. Los terremotos pueden alterar el equilibrio de una montaña, pueden provocar derrumbes, pero siempre locales y puntuales. La erosión es la que al final predomina. Si no hay nuevos volcanes, en millones de años las Canarias terminarán siendo arrasadas, pero arrasadas como lo están siendo ahora, por los barrancos, por la lluvia y, normalmente, por el viento.

Su departamento ha realizado una campaña en noviembre para evaluar las actividades volcánicas de La Palma. ¿Qué dicen los datos?

Ya cuando salieron las primeras noticias alarmantes lo primero que se hizo fue hacer un reconocimiento visual de las laderas que podrían correr peligro de derrumbarse. Lo primero que miras, y te lo dice el campesino del lugar, es que allí hay casas de casi cien años que no tienen la menor grieta ni el menor desplazamiento. Ese es el primer dato. Luego ya se hacen estudios gravimétricos y geodésicos, se llevan aparatos y se mide muy bien a ver si el terreno se ha movido aunque sea una micra. Los estudios hechos ex profeso garantizan que, como estaba previsto, aquello es estable.

También han hecho lo mismo en Tenerife, en el rift de Santiago.

La principal función que tiene nuestro departamento de Volcanología es la vigilancia de los volcanes canarios, esa es nuestra actividad diaria. Se va allí cuando hay una crisis. Normalmente tenemos desplegados a través del Instituto Geográfico Nacional equipos que están aportando datos para hacer una vigilancia permanente. Hace un par de años hubo un mayor incremento de la sismicidad volcánica, se detectaron ciertas anomalías en las fumarolas del Teide y en otros gases de una galería subterránea. Por eso se movilizó un equipo amplio con la colaboración de muchos grupos hasta que la crisis ha ido decreciendo y ha vuelto a la normalidad.

¿Los volcanes avisan?

Los volcanes avisan siempre. El problema está en si sabemos interpretar los avisos. El aviso que da el volcán es que un sistema complejo se ha puesto en marcha con movimiento y ascenso de magma, pero eso no quiere decir que necesariamente culmine en una erupción. Se calcula que solamente un 15 por ciento de los procesos volcánicos que se inician en profundidad y llegan hasta muy cerca de la superficie culminan en erupción. Los síntomas son deformaciones del terreno, sismicidad, alteración en la gravimetría, cambio en el equilibrio de los gases de las fumarolas o en las aguas subterráneas, etc. Todo esto es detectable con unas técnicas muy modernas y muy precisas.

¿Cómo funciona un sistema de vigilancia como el tienen en Lanzarote para vigilar el Timanfaya?

Lanzarote tiene el mejor sistema de vigilancia del mundo por una razón indirecta: allí está el Laboratorio de Geodinámica, que tiene un equipamiento de nivel internacional. Solamente hay tres laboratorios de este tipo en el mundo, los otros dos están en Luxemburgo y EEUU. El de Canarias se ha instalado en un túnel volcánico que reúne unas condiciones especiales y su equipamiento permite detectar movimientos milimétricos. Ese laboratorio lo que está estudiando es la respiración de la Tierra y si se produjera cualquier síntoma eruptivo lo detectaría con muchísima más claridad. Pero además hay desplegada una red sísmica para detectar los posibles temblores, existe una red geodésica y gravimétrica para ver si hay alguna deformación en el terreno, se hacen reiteradas revisiones del sistema geotécnico de Timanfaya, se analizan los gases para buscar componentes indicativos de algun movimiento de magma…

Y se controla la temperatura…

…que de momento se mantiene estable. A tan sólo 12 metros de profundidad hay termómetros que miden los 600 grados, pero eso no es anormal porque son los residuos de las erupciones de 1730. Hay una bolsa que no llegó a salir fuera en esa erupcion y está todavía caliente a unos cuatro kilómetros de profundidad, ése es el calor que estamos detectando en superficie. De todas las maneras, mediante satélite tenemos la posibilidad de detectar con un sistema de infrarrojos cualquier anomalía, ya sean cambios de temperatura o deformaciones.

Además de Canarias, su departamento investiga en la Antártida, en varias regiones volcánicas latinoamericanas y de otras partes del mundo. Todo eso lo hacen con un departamento de ¡seis personas!

¡Estoy tan harto de decir “que viene el lobo”! España tiene un área volcánica activa que es Canarias y la Administracion tiene una obligacion en cuanto al riesgo volcánico. Hay que potenciar los grupos de trabajo para que estén preparados en el momento en que haya una crisis, que será cada 50 años, cada 30 o el año que viene. Somos pocos pero el Departamento de Volcanología es complejo: hay geólogos, petrólogos, quí- micos, físicos expertos en magnetismo, físicos expertos en gravimetría y matemáticos que hacen modelos de riesgo; cada rama podría formar un grupo propio. Y, a pesar de todo, es un Departamento pionero que tuvo una gran fuerza cuando se desarrolló la actual volcanología en Europa. El Teide fue elegido volcán laboratorio porque nosotros trabajábamos en él. Cuando la ONU hizo el decenio de los desastres naturales se eligió al Teide entre los diez volcanes del mundo a estudiar porque estábamos nosotros allí.

Son pocos, tienen su propio I+D…

De la necesidad se hace virtud. Uno de los temas que se han desarrollado aquí, principalmente liderado por mi compañero Ramón Ortiz, es el propio desarrollo de la instrumentación. ¿Por qué? Porque nos hemos dado cuenta que si queremos vigilar nuestros volcanes no podemos estar comprando aparatos en Estados Unidos o Japón, ya que no nos valen. Así que hemos desarrollado una instrumentación específica para nuestros volcanes que luego se ha llevado a volcanes latinoamericanos.

Y además desarrollan software.

Hace unas semanas se ha leído una tesis de este Departamento que supone una extraordinaria innovación a nivel internacional: se ha podido demostrar que determinados procesos tectónicos se encadenan a procesos volcánicos. Para llegar a esa conclusión se ha desarrollado un software y una serie de modelos que han costado mucho trabajo.

¿Cuál es el proyecto más inmediato en su Departamento?

Estamos intentando hacer una instalación definitiva para el sistema de vigilancia de Canarias. Eso es complejo porque hay varios tipos de volcanismo. Hay que tener un sistema de vigilancia para cada caso y mantener todo el sistema al día.

Es muy importante el registro…

Y tenerlo actualizado para saber cuál es el nivel cero de todos los parámetros que pueden indicar una posible erupción volcánica. Si mañana viene una crisis y vamos a medir y nos da tres ¿qué significa?, ¿tres sobre qué? Ahora ya sabemos que realmente es un pico de alguna cosa.

Lleva casi cincuenta años como científico. ¿Es de los que se torturan haciéndose nuevas preguntas a cada respuesta?

Soy muy escéptico. Ni me creo lo de científico, ni me hago preguntas. Quizá porque estoy enfrentado a algo que es mucho mayor que yo. ¿Qué pregunta le vas a hacer a la Tierra? ¿O a un volcán que lleva ahí 500 millones de años?

Copyright del artículo © Ricardo Curtis. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

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