La emoción de reconstruir la vida del pasado

La emoción de reconstruir la vida del pasado Imagen superior: reconstrucción de la anatomía del félido Paramachairodus ogygia, realizada a partir de los fósiles de Batallones-1, mostrando varias vistas del esqueleto y de la apariencia en vida del animal.

En 1991, cuando nos afanábamos excavando en un pozo de aspecto poco prometedor en lo que hoy conocemos como Batallones 1, la posibilidad de encontrar un cráneo completo de los “dientes de sable” Machairodus o Paramachairodus parecía casi un sueño.

Un año después, con varios cráneos y numerosos huesos del esqueleto de cada una de esas especies en nuestras colecciones, nos preparábamos para dar a conocer al público los resultados preliminares del estudio del yacimiento, como parte de la exposición “Madrid antes del Hombre”.

Queríamos realizar esculturas a tamaño natural de los grandes félidos de Batallones, y montajes esqueléticos, para dar una imagen de su tamaño y anatomía. Pero los fósiles aún no se habían estudiado en detalle, por lo cual el estudio previo a estas reconstrucciones nos daría el primer asomo a las proporciones corporales de estos carnívoros, que previamente sólo se conocían por restos dentarios y fragmentos aislados.

Recuerdo una mañana de 1992 en que Dolores Soria y yo nos enfrentamos a varios cajones con fósiles de Paramachairodus para seleccionar piezas que nos permitieran ensamblar un esqueleto. Por primera vez en la historia de la paleontología se podían medir todos los huesos largos del esqueleto de esta especie y reconstruir su perfil corporal.

Para nuestro asombro, el Paramachairodus combinaba rasgos inconfundibles de un “dientes de sable” (como sus grandes caninos superiores aplanados), con unas proporciones corporales mucho más parecidas a las de un leopardo actual que a las del clásico “dientes de sable” del Pleistoceno, Smilodon, la especie mejor conocida hasta entonces. ¿Qué significaba este dato sorprendente? Parece que los felinos actuales han cambiado poco, en lo esencial, desde el Mioceno, mientras que, con Paramachairodus, los primeros félidos dientes de sable se embarcaban en una aventura evolutiva que los llevó a una especialización mucho mayor, pero que también propició su extinción. Ha hecho falta más de una década de trabajo en equipo para conocer en detalle las implicaciones paleobiológicas de estos hallazgos. Pero aquel momento tuvo para mí ese ingrediente que hace que el trabajo de reconstruir la vida del pasado sea tan emocionante: la sensación de descubrir algo completamente nuevo, de asomarse a una faceta de la vida que nunca antes pudo ser contemplada por un ser humano.

Aquella exposición fue el primer esfuerzo realizado desde la administración para divulgar los descubrimientos del Cerro de los Batallones, al que siguió la publicación en 2000 del volumen sobre el Patrimonio Paleontológico de Madrid, donde se hicieron importantes consideraciones sobre estos yacimientos, y más recientemente la presentación de una propuesta para la realización del primer Centro de Interpretación Paleontológico de la Comunidad de Madrid. Veinticinco años después del descubrimiento original, la cantidad y trascendencia de los hallazgos han crecido de manera exponencial. La plétora de datos científicos unida a los avances en las técnicas de reconstrucción, incluyendo la tecnología 3D y la animación por ordenador, nos permiten hoy en día ofrecer al público un panorama de una espectacularidad sin precedentes sobre la evolución de las faunas de Madrid hace 9 millones de años. 

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Imagen superior: "La colina de los Tigres Dientes de Sable. Los yacimientos miocenos del Cerro de los Batallones". Exposición en el Museo Arqueológico Regional (Madrid, 2018).

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Imagen superior: otra ilustración de Mauricio Antón destinada a la muestra "La colina de los Tigres Dientes de Sable" (2018).

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Copyright del artículo © Mauricio Antón. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Mauricio Antón

Paleoartista y colaborador del departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Especialista en la reconstrucción de vertebrados fósiles y en la paleobiología de mamíferos carnívoros. Sus trabajos con el Equipo de Investigación de Atapuerca han sido la mejor imagen divulgativa del Proyecto Atapuerca. En 2006 recibió el premio “John Lanzendorf” de la Society of Vertebrate Paleontology a la mejor ilustración científica.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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