La procrastinación y la pereza

La procrastinación y la pereza Imagen superior: un Ryan Gosling hiperactivo en la promoción de "Saturday Night Live" © NBC.

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau Una cita con las musas… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de la procrastinación.

CHUS: Buenos días, Daniel. En las últimas semanas hemos hablado mucho acerca del proceso creativo, que creo que es un asunto al que volveremos, pero me has dicho que hoy vamos a darnos un respiro en esta investigación.

DT: Pues sí, hoy vamos a procrastinar.

CHUS: Vaya, ese palabro lo conozco bien, pero, explícaselo a nuestros oyentes por si acaso.

DT: Bueno pues la procrastinación, que normalmente suele decirse procastinación, con una sola “erre”, es esa pereza que nos da cuando tenemos que hacer un trabajo importante. Es eso de encontrar siempre excusas para no hacer lo que tenemos que hacer. A eso se lo llama procrastinación, que es una palabra que se usa mucho en inglés, pero que en España solo se ha popularizado en los últimos años.

CHUS: Es decir, consiste en buscar algo que hacer, cualquier cosa, para no hacer lo importante.

DT: En efecto, no sé si recuerdas la Mafalda de Quino

CHUS: Sí, claro, ¿quién no conoce a Mafalda?

DT: Pues uno de los amigos de Mafalda se llamaba Felipe, y era ese que siempre estaba tendido en la cama mirando el techo o sentado en una silla mirando el vacío: era el símbolo de la procrastinación, incapaz siempre de ponerse a la tarea. En una de las historietas, pone un cartel en la pared de su habitación en el que se lee: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” y en la siguiente viñeta enseguida exclama: “¡Mañana mismo empiezo!”. Ese es un buen ejemplo de procrastinación.

CHUS: Es una manera, digamos, de posponer las cosas, de dejarlas para mañana, para más adelante.

DT: Claro, se basa en el principio de que mañana todo es fácil. Es mucho más fácil hacer las cosas mañana, resolver los problemas mañana, enfrentarse a las dificultades mañana. Lo difícil es hacerlas hoy, claro. El problema es que cuando ese día de mañana se convierte en el día de hoy descubrimos que estamos como estábamos, quizá incluso peor porque ahora somos conscientes de que nos queda menos tiempo para cumplir los plazos y de que hemos desperdiciado un tiempo precioso.

CHUS: Pero lo importante de la procrastinación es que no consiste solo en simple pereza o vaguería. No siempre es como lo de Felipe sentado en el sillón ¿no?

DT: En efecto, la procrastinación suele ser muy activa, no es simple pereza. En realidad, podemos hacer montones de cosas, esforzarnos sin parar, ir de aquí allá… pero lo único que no hacemos es lo que tenemos que hacer. Hay un guionista británico llamado Elliot Grove que cuenta en uno de sus libros que en una ocasión le ofrecieron un encargo muy importante y que, con tal de no enfrentarse a ello, consiguió tener la casa de soltero más limpia de Londres, porque cada vez que se disponía ponerse a escribir el guión, se daba cuenta de que había algo en la casa que no estaba del todo limpio. Dice que incluso descubrió que detrás de los tubitos de la calefacción también se acumula el polvo, o en la parte de arriba de las bombillas. No quedó ni un rincón sin limpiar.

CHUS: Entonces la procrastinación puede tener efectos beneficiosos, como limpiar la casa. Algo es algo.

DT: Sí, porque para que funcione bien, tenemos que creernos la excusa que nos hemos dado: es necesario limpiar la casa, es necesario que llamemos a mamá aunque sea justo en este momento en el que teníamos que trabajar, o que vayamos a hacer la compra. Ahora bien, también hay maneras más peligrosas de procrastinar. Una manera peligrosa de procrastinar es comer. Siempre que sientes dudas y temor ante un nuevo proyecto y no sabes cómo enfrentarte a él, te entra hambre.

CHUS: Y nunca es una lechuga…

DT: No, la lechuga la dejas para el final. Si tienes a tu alcance galletas, bombones, chocolate o cualquier otra fácil tentación, te levantarás una y otra vez para comer otro trocito. Uno más, venga, el último…

CHUS: Pero de trocito en trocito o de pastelito en pastelito, eso es una espiral imparable, ¿no?

DT: Sí, porque cuando acabas con los pastelitos, empiezas los yogures y cuando acabas con los yogures, empiezas con el pan, y cuando acabas con el pan, te haces unos espaguetis… Yo creo que, en este caso, el único remedio es tener la nevera vacía. Eso es lo que hago yo. Siempre está vacía, así que es fácil resistir la tentación. Ahora bien, si somos fumadores, la cosa se puede poner incluso peor, porque puedes fumar sin parar con tal de hacer algo diferente a teclear, por ejemplo. Yo cuando fumaba era capaz de fumarme un paquete en una noche de trabajo.

CHUS: Entonces, ¿cómo podemos solucionar ese ansia de vaciar la nevera o de distraernos con cualquier excusa?

DT: Una recomendación muy conveniente, para quienes trabajamos como freelancers en casa es, precisamente, no trabajar en casa, excepto cuando estamos muy seguros de que podemos focalizar en una tarea. Se trabaja mejor, por ejemplo, en una cafetería, mejor si es una cafetería con pocas tentaciones, claro. En una cafetería en la que puedas sentarte a trabajar con una libreta o con un ordenador, se trabaja mejor porque estás sentado en tu mesa y se supone que no vas a estar levantándote todo el rato con cualquier excusa. Además, te sientes acompañado, evitas la sensación de soledad y de estar perdiéndote la vida, que es algo si te pasas encerrado el día en casa. Ves a gente en la cafetería, pero no sueles hablar con ellos. De todos modos, la promesa de una posible aventura, de ligar con un desconocido o desconocida siempre está ahí, con lo que es un aliciente más. En fin, en una cafetería tienes muchos estímulos pero pocas posibilidades de escaquearte de lo que tienes que hacer.

CHUS. Lo que pasa es que ahora, ni siquiera tenemos que levantarnos a la nevera para procastinar o fumar un cigarrillo, porque con Internet ya podemos hacerlo sin problema.

DT: Efectivamente. En los últimos años el asunto se ha agravado y la procrastinación se ha convertido en una verdadera epidemia en todo el mundo debido a internet, a las redes sociales, a la multiplicación de canales televisivos y de internet, a los móviles, a WhatsApp, a Facebook, a Twitter… Es casi imposible concentrarse en algo sin pensar que con un solo toque podemos ponernos a navegar por mensajes, series, páginas, jugar a mil y un juegos interactivos… Si antes ya era difícil focalizar, ahora parece misión imposible. El método de irte a una cafetería ya no es tan bueno como hace unos años, porque ahora las redes sociales, los whatsapps, Instagram y todo el mundo digital nos acecha…

CHUS: Pero yo sé que tú tienes otro método para luchar contra la procrastinación…

DT: Pues sí, tengo varios métodos. Uno de ellos, que ya hemos mencionado en algún programa anterior, consiste en hacer las cosas mal cuanto antes. Porque precisamente una de las causas de que procrastinemos es la obsesión por la perfección: queremos hacer las cosas perfectas y entonces nos exigimos estar en la situación ideal, con las ideas claras, con tiempo suficiente por delante, sin que nadie nos vaya a interrumpir y entonces, claro, esas condiciones raramente se dan, con lo que decidimos posponerlo hasta otra ocasión más propicia, que suele ser justo el día antes de que se cumpla el plazo.

CHUS: Cuando ya no tenemos más remedio que hacerlo.

DT: Claro. Por eso hay que lanzarse al agua sin pensar si estará fría: hacerlo mal sin dudarlo. Eso nos libera de muchas angustias que resultan ser absurdas. Pero, aparte de ese método, que es básico en todo proceso creativo, yo tengo otro, aunque es uno de esos métodos que cuando se hace un experimento en televisión se anuncia diciendo: “No intente usted hacerlo en casa…”

CHUS: Vamos, que es un método que tiene su riesgo.

DT: Pues sí, no es que te juegues la vida, pero no es apto para todos. Lo llamo “Procrastinación a Go Go”. Pero vamos a procrastinar un poco y lo dejamos para la semana que viene.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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