Darwin, la taxonomía y el principio de divergencia

Lo bueno de ser un autor de culto, y Charles Darwin lo es, es que permite el continuo acudir a sus obras y sacar a la luz más fácilmente errores de interpretación y opiniones sesgadas que, de otra manera, podrían quedar establecidas como verdades incuestionables.

La teoría de la evolución de Darwin incluye un mecanismo, que él llamó el Principio de la Selección Natural, y dos principios más que contribuyen a explicar el proceso evolutivo: es decir, cómo funciona el mecanismo en el tiempo para producir la vida tal y como la conocemos. Darwin llamó a estos dos principios Principio de Extinción y Principio de Divergencia.

La mayoría de los autores (pero no todos) hacen depender la extinción y la divergencia de la intervención de la selección natural, pero en el caso del último las declaraciones de Darwin, que a veces resultan un poco prolijas y enrevesadas (como es normal en alguien que estaba alumbrando una forma nueva de entender la evolución del mundo vivo) deja ambas posibilidades abiertas.

En pocas palabras, la competencia entre especies con necesidades semejantes hará que unas lo hagan mejor que otras y las menos eficaces tiendan a hacerse raras y extinguirse: principio de extinción. Por otro lado, la variación inherente a los descendientes de los individuos de una especie les permite ampliar el rango de utilización del medio respecto a sus antecesores y esto de forma recurrente para sus sucesores. De forma que se amplía el abanico de utilización de recursos: principio de divergencia.

La unión de extinción y divergencia bajo la selección natural termina produciendo la secuencia jerárquica de organismos que vemos en la naturaleza.

Cuando vislumbró el principio de selección natural en 1838, Darwin pudo dar razón del pequeño cambio en las poblaciones que dan lugar a la transformación adaptativa. Y así lo trató de aplicar al conjunto de la historia de la vida. Sin embargo, algo vino a enriquecer su pensamiento a principios de 1850.

Interesado en la identificación de un cirrípedo anómalo (percebe), le pasó que, en sus propias palabras, ‘me lié y me lié’, y terminó haciendo una revisión mundial de la taxonomía de este grupo. Como resultado: dos volúmenes dedicados a los cirrípedos vivos y otros dos a los cirrípedos fósiles. Y es aquí cuando, enfrentado a la tremenda variabilidad de estos organismos, Darwin clarifica su concepto de especie (un autor reputado la designó como tipológica –es decir, de arquetipos–; nada más lejos de la verdad), profundiza en el proceso de generación de variedades, especies y otras categorías superiores –proceso que hoy llamamos especiación– y termina por formular un modelo de proceso evolutivo para el que hasta ese momento sólo tenía un mecanismo. Y de la importancia que da a que eso se comprenda es testimonio que la única figura en su libro de 1859 está dedicada a ilustrar este proceso.

Así que la taxonomía, la disciplina que se encarga de descubrir la variedad de las formas vivas, jugó un papel decisivo en la formulación de la teoría darwinista. Y podemos decir que hoy, tras muchos años de stasis de teoría taxonómica, se empieza a alumbrar un nuevo horizonte que tiene precisamente su cimiento en la teoría de especiación de Darwin. Manténgase a la escucha.

Copyright del artículo © Antonio G. Valdecasas. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Antonio G. Valdecasas

Antonio G. Valdecasas es investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y uno de los miembros del comité internacional de expertos del Instituto Internacional para la Exploración de Especies (IISE).

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