Mudanzas

Mudanzas Imagen superior: Natrix natrix persa (Fafner, CC).

Oh, sí, mucho antes de ver una gran serpiente en el campo supe de su existencia pues en las primaveras dejaba su antigua piel entre las hierbas, una piel ya seca pero entera y cuya vista me atraía y a su vez repelía, pues me hacía imaginar la delicada y suave operación de muda con que debía haberse hecho y me impresionaba ante un potencial y cercano, aunque irracional, peligro.

Salir, como ellas, del invierno con una piel renovada, más fuerte y flexible, con la cual arrastrar de nuevo el cuerpo por las realidades del terreno de cada día debe ser una oportuna experiencia que tienen todos los años las serpientes. Y ya me gustaría a mí que en estas fechas pudiera deshacerme, al final del inverno, de las toses bronquinosas y rasposas que se arraigan en cuanto llega él y renovarme de esas ya desgastadas pieles y membranas doloridas y tener unas nuevas ante la primavera. Porque una muda en buena hora y aun superficial es un alivio.

Las mudanzas son otra cosa. A mi entender son cambios, modificaciones, suponen además un cierto traslado, desplazamientos, un transporte, es decir la mayoría de las veces una pesadez.

Las mudas, como la de nuestra amiga reptil, o de nuestra ropa casera, es para corto plazo, para un día, una semana o una larga primavera; la mudanza alarga el proceso, puede que dure años y puede que ya sea la definitiva, la de por vida. Debe de ser una manera de hablar porque cuando nos referimos a mudanzas, a mudas, a cambios, parece que nos referimos a algo que ocurrió, que está ocurriendo y va a ocurrir, pero que sucedió, sucede o sucederá con un principio y un fin. Y, sin embargo, la situación de las cosas es que están en permanente, continua y hasta irremediable situación de cambios.

A veces, quizás la mayoría de ellas, no los vemos con los ojos, porque no tenemos escala de observación para ello, pero fíjense en esta bola nuestra donde habitamos a la que llamamos Tierra, pues eso, pensemos que en su trayectoria elíptica, casi circular, alrededor del Sol que ella misma está sujeta a recorrer cada año, en cada instante se encuentra en diferente punto, cambia, y cuando al cabo de ese tiempo vuelve a lo que idealmente sería el mismo punto, pues que ya las cosas se han modificado, ni Júpiter está donde estaba, ni el Sol tiene lo que entonces tenía, ni la Luna muestra lo mismo, ni las aguas ni los continentes, ni las plantas, ni los animales, ni los campos magnéticos, ni los flujos de calor del manto son los que eran.

Desde su interior a su superficie y a su exterior, nada ha permanecido. Todo es distinto. Mudanzas y cambios que todavía son más rápidos en nuestras oportunas o inoportunas acciones y pensamientos. Ni la posición de las estrellas, ni la de los planetas, ni los calores ni los fríos permanecen inmutables, a cada instante mudan. Así que todo el universo orgánico e inorgánico está en permanentes y continuos, lentos, rápidos o acelerados, cambios.

Algunos de ellos los vemos, pero la mayoría ocurren tan de prisa, o tan despacio, que ni siquiera sabemos que existen; o son tan pequeños, o tan grandes, que ni nos enteramos. Son tan habituales que la cuestión es ¿cómo concebir la vida sin ellos? Más, ni aún después de la muerte queda quieto el sistema, independientemente de cuál sea éste. No hay tranquilidad. Todo sigue inmerso en un proceso, en una dinámica que transcurre. Tenemos evidencias bien claras en las galaxias formadas hace millones de años y muertas también hace otros tantos; o en los fósiles que fueron seres vivos hace quizás el mismo tiempo y que han pasado por tanto…, incluso por las manos de excavadores humanos que los desenterraron para ahora depositarlos en hermosas vitrinas donde otros ojos los admiran extasiados.

Las aves, los peces, los insectos, las rocas, cada instante, cada momento, los que fueron una cosa y ahora son otra, todo está en plena muda, mudanza, cambio… ¡un no parar! Esta agitación cósmica permanente nos da idea de que la vida es quizás compleja, más de lo que cada año nos imaginamos. Por ello, y ante sus posibles cambiantes posibilidades, es bueno disponer de toda una batería, cuanto más amplia y diferente mejor, de instrumentos, de posibilidades, de repuestos, de seres capaces de arreglar las averías, que hagan continuar y prevalecer la vida sobre las crisis.

De adaptación dinámica, de actualización del sistema orgánico ante los cambios del mundo inorgánico o del propio. Porque algunos de ellos pueden ser repentinos, de causas y efectos catastróficos, como ya lo muestra la historia de la Tierra en sus estratos, y por tanto debemos seguir empeñados en no sólo admitir, respetar y valorar la diversidad, también en estudiarla y valorarla para que pueda ser útil al objeto último de todo ello, de lo que en realidad estamos hablando y que no son otra cosa que las personas.

Sin la humanidad todo ello no tiene sentido y seríamos un planeta más girando alrededor de nuestro prócer Sol. La conciencia de ello es lo que hace y marca la diferencia y por lo que se hacen sensibles las mudanzas y merece la pena vivir. Así que seamos conscientes y estemos satisfechos de que todas las cosas formen un nutriente de recursos, de instrumentos y de sabidurías, de un caldo natural necesario para, ante las mudanzas y los cambios que puedan suceder, disponer de entre todos ellos de alguna clave, de alguna llave con la que abrir la puerta de la supervivencia y salir así de las crisis. Quizás por todo ello tiene éxito la evolución, quizás por todo ello no es necesario conocer nuestro destino.

Copyright del artículo © Carlos Martín Escorza. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Carlos Martín Escorza

Geólogo e investigador. Miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural, de la que fue presidente entre 1988 y 1989.

Sitio Web: www.mncn.csic.es

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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