Sueños invernales

Sueños invernales Imagen superior: World Imaging, CC.

El hormiguero está ahora abandonado, cubierto de nieve y sin nadie dentro. Cuando lo vi por primera vez, ya hace años de ello, toda su cabecera era un bullir de movimientos y cuando llovía sus habitantes se afanaban rápida y eficazmente para arreglar los desperfectos.

Cuanto más calor hacía su actividad era mayor, pero en cuanto asomaba de nuevo el invierno apenas se veía transitar a hormiga alguna. Así que su ritmo estacional se asemejaba al mío, y quizás también en su ocupación, pues entonces se cobijaban en el interior quizás colocando en su lugar lo recogido durante las jornadas de campo de los meses anteriores. Pero algo sucedió pues un determinado día se marcharon, desparecieron totalmente sin dejar a nadie por allí.

A veces me he sentido en parte culpable por ello pues he supuesto que mis visitas pudieron haberles roto la extrema tranquilidad en que vivían, y mi curiosidad y asiduidad pudo provocar que decidieran finalmente hacer una mudanza general hacia otro lugar sin visitantes molestos.

El caso es que ahora solo puedo observar cómo el nada despreciable montón de pedacitos de hojas de pino y madera va, poco a poco, erosionándose, bajando su altura y cambiando su forma cónica a algo sin apariencia definida. La poca o mucha responsabilidad que pudiera haber tenido en su emigración debo compartirla también, supongo, con el verdadero trauma menos respetuoso que hace años, cuando hizo ese frío tan enorme con nevada incluida de igual proporción y, casi en plena tormenta, tuvieron la visita de un zorro –se identificaban bien sus huellas y rastros– que agujereó el hormiguero en dos puntos, no sé si consiguiendo o no cumplir su objetivo, que debía ser el de las provisiones que las hormigas habían almacenado en sus depósitos de invierno. O quizás no debiera sentirme culpable, ni mucho ni nada, por la sencilla razón de que la marcha de toda la colonia pudo estar ya de alguna manera programada, ya sea por llevar allí demasiado tiempo o por las consideraciones biológicas que se escapan a mi comprensión, como asimismo se me escapa entender su capacidad de organizarse y su método de vida bajo ese régimen evidentemente disciplinado y ordenado, que resulta sin duda eficaz. Caracteres que causaron siempre en mí admiración, entre otras razones porque son cuestiones que ni de lejos poseo, así que no debe extrañar que mirase y admirase su forma de vivir por considerarla contrapuestísima a la que lleva quien les habla. No sufran ustedes, he encontrado más de cuarenta hormigueros en el área y he visto que tiene cada uno su ciclo vital.

Los hay que están empezando a desarrollarse, los que ya son grandes y plenos de vida, y también los que han sido ya abandonados. Así que el ritmo de esas hormigas parece sostenido por el de cada uno de sus individuos y por el del colectivo que por cientos definen un grupo determinado e identificable entre sí y distinto al de otros aunque estén cercanos.

El ir y venir de los unas y la migración colectiva de los otros, con la superposición de sus períodos estacional, de inicio en su formación, florecimiento y ruina, son la sustancia de su supervivencia, aunque los ojos del observador solo ve un no parar en su continuo trabajo, sobre todo durante la época de recolección. Y cuando estas anotaciones hechas durante 'los largos y cálidos veranos' las reviso en los días de frío y letargo en que ellas y yo estamos adormecidos, me vienen a mis sueños las borrosas sensaciones de que eso que he visto en las hormigas y en sus hormigueros son procesos, fenómenos naturales, casi fotocopia reducida de lo que uno ha leído –no mucho, la verdad– acerca de las culturas, civilizaciones o como se quieran llamar, que han existido y existen, en las que los seres humanos que les damos composición y forma somos criaturas con nuestra propia , sin duda, historia, con todas las letras minúsculas, insertados en la de mayor orden, esa historia mayor, con todas sus letras mayúsculas, en la que cada uno, o al menos la inmensa mayoría, apenas podemos intervenir, pero que definen nuestro paso por este planeta dentro de un colectivo, de una sociedad cultural, cada una identificable por sus rasgos, aunque entre sí se hallen próximas.

Todas estas cosas, aunque no tengan importancia ni sean verdaderas, como pensarán en sus justo derecho muchos de los lectores, me hacen ver la cantidad de temas sobre los que aún podemos y debemos seguir investigando y conociendo, pues todavía hay más áreas de misterio que de respuestas, lo cual es gratificante pues la loca y apasionada necesidad de conocer aún tiene para dar cuerda a la mente, además supongo que para mucho rato. Y, por favor, tengan la caridad de no reprocharme la comparación que he hecho entre los seres humanos y las hormigas; que ni historiadores, ni filósofos, ni personas en general todas ellas, se consideren ofendidos, pues todo viene del más simple de los humanos que sólo observa y apenas sabe de nada, ni siquiera de hormigas.

Que yo sepa nadie aún ha domesticado a ninguna, pero sin duda aquel que lo consiga habrá dado un paso importante para todos, porque ¿se imaginan a los millones y millones de ellas que hay sobre y dentro de nuestro suelo trabajando para nuestro beneficio? Del modo en que ellas saben y pueden hacerlo sería un cambiazo general, con esa fuerza, disposición, disciplina y orden aquello a lo que se les destinara tendría un completo y seguro cumplimiento, ¿no creen? Pues nada: a por ello.

Copyright del artículo © Carlos Martín Escorza. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Carlos Martín Escorza

Geólogo e investigador. Miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural, de la que fue presidente entre 1988 y 1989.

Sitio Web: www.mncn.csic.es

Lo último de Carlos Martín Escorza

  • El perezoso gigante que fascinó al mundo
    Escrito por
    El perezoso gigante que fascinó al mundo El megaterio (Megatherium americanum) del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) es una pieza excepcional. Es el primer vertebrado fósil de la historia que se montaba con la postura que supuestamente tendría en vida al…
  • La primera planta con flor
    Escrito por
    La primera planta con flor Montsechia vidalii es una planta fósil del Cretácico inferior que constituye un elemento esencial para comprender la evolución temprana de las plantas con flor, un tema largamente debatido por los paleontólogos. El Museo Nacional de Ciencias…
  • Dinosaurios quijotescos o con nombre de princesa
    Escrito por
    Dinosaurios quijotescos o con nombre de princesa Desaparecieron de la faz de la tierra hace unos sesenta y cinco millones de años pero todavía hoy no se sabe todo de los dinosaurios sino todo lo contrario. Es habitual que cada año se…

ECOCULT041

Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

ECOCULTdinosaurio

ECOCULTcaballo

Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

  • Darwin y su libro
    Darwin y su libro El 24 de noviembre de 1859 se publicó por primera vez uno de los libros que más han cambiado nuestra cosmovisión: Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la…
  • Biodiversidad urbana: aprender a mirar
    Escrito por
    Biodiversidad urbana: aprender a mirar Vivir en la ciudad no tiene por qué significar vivir de espaldas a la naturaleza. Las ciudades son el hogar de una sorprendente variedad de vida silvestre, no necesariamente cosmopolita. Si algo caracteriza a las…