Los cuatro elefantes del rey Carlos III

Los cuatro elefantes del rey Carlos III Imagen superior: el elefante de Nápoles. Grabado de Sesone, dibujo de Villeneuve (1742).

Documentos existentes en archivos de Madrid y Nápoles han permitido conocer que a lo largo de su vida Carlos III tuvo cuatro elefantes, a los que visitaba con regularidad por encontrarlos particularmente inteligentes. Este artículo sintetiza la historia de los elefantes reales y su impacto en las cortes napolitana y española del siglo XVIII.

El primer elefante

Es conocido como “el elefante de Nápoles”, ya que llegó a Italia en 1742, cuando Carlos de Borbón, hijo del segundo matrimonio de Felipe V con Isabel de Farnesio, reinaba en Nápoles y Sicilia con el nombre de Carlo VII.

En 1740, el monarca firmó un tratado comercial con la Sublime Puerta (la actual Turquía). Durante las negociaciones, el sultán y el rey se intercambiaron numerosos regalos. No está claro si el elefante fue un regalo o si se obtuvo por intercambio o compra, pero en otoño de 1742, desembarcó en Brindisi un elefante macho con sus cuidadores, denominados “indios malabares”. Antes de verlo, Don Carlos escribía a sus padres, los reyes de España: “…el elefante que el Gran Turco me envía ha desembarcado ya en Brindisi. Me han dicho de él mil cosas, de las que solo creo un tercio hasta que lo vea. Tiene una altura de trece palmos y medio napolitanos, una anchura de seis y su trompa mide ocho de largo”.

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Cuando el elefante llegó a Nápoles, el rey comunicó a sus padres: “…es con toda seguridad un animal muy singular tanto por su figura como por sus movimientos… muy manso, obediente, que parece tener mucha inteligencia”.

Para que sus progenitores conocieran el aspecto de tan rara criatura, el rey envió a Madrid un retrato del elefante que se conserva en el Palacio de Riofrío (Segovia).

El elefante fue una atracción para los napolitanos que con el beneplácito real, se desplazaban a cientos para verlo. Era de gran envergadura, pero tan dócil, que incluso participó en las representaciones de la ópera titulada Alejandro en las Indias, del poeta Metastasio, que tuvieron lugar en el teatro San Carlo de Nápoles, fundado por el monarca.

Este animal murió en 1756. Sus huesos y su piel se prepararon por orden del rey, y se dibujaron a escala pieza a pieza. Su esqueleto está actualmente en el Museo de Zoología de la Universidad de Nápoles.

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Imagen superior: naturalización del “Elefante grande” expuesta en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Archivo Fotográfico del MNCN.

El segundo elefante

En 1759, Carlo VII de Nápoles y las Dos Sicilias cedió la corona de este reino a su hijo Fernando, y regresó a España con el nombre de Carlos III tras el fallecimiento sin descendencia directa de su medio hermano Fernando VI.

En julio de 1773, llegó de Manila a Cádiz un nuevo elefante para Su Majestad, al que se refieren en los documentos como “el elefante grande”. Durante cuarenta y dos días, el elefante y el cortejo que lo acompañaba (responsable, guardias, criados, cuidadores y un administrador) se desplazaron a pie desde Cádiz hasta San Ildefonso, (Segovia), viniendo después a Madrid “para que el público siga viéndole con toda comodidad”.

En la capital, el animal causó tal impacto que aún puede comprobarse su presencia en poesías, teatro, tonadillas, sainetes, porcelanas, abanicos y otros objetos decorativos.

El elefante era el referente de moda en la corte ilustrada madrileña. En noviembre de 1777, el animal falleció en Aranjuez. Siguiendo órdenes reales, para su aprovechamiento para la ciencia, su esqueleto se montó como era en vida, realizándose una naturalización en la que la piel se colocó sobre una escultura de madera, completándose con un segundo par de colmillos y unos ojos de cristal. Estos dos montajes fueron unas de las piezas más contempladas del Real Gabinete de Historia Natural, fundado por el rey. En la actualidad, pueden verse en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, heredero directo del Real Gabinete.

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Imagen superior: esqueleto de Elephas indicus. Archivo Fotográfico del MNCN.

El tercer elefante

Llamado en los documentos “el elefante chico” para diferenciarlo del “elefante grande”, se sabe que este pequeño elefante llegó desde Manila a España en noviembre de 1777 y que murió en enero de 1778. Sus referencias son escasas. Por su corta edad, es posible que una alimentación bien intencionada pero poco adecuada precipitara su muerte.

El cuarto elefante

El cuarto elefante de Su Majestad fue una elefanta que en 1779 trajo Malaspina desde Manila. No duró mucho, ya que, sin que se sepan las causas, murió en septiembre de 1780. Joseph Caravantes envió, por deseo del monarca su “cuero salado y los huesos cocidos y limpios al Real Gabinete de Historia Natural “para, llegado el caso, permutar con otro museo”.

Una nueva prueba del interés de Carlos III por la ciencia y su divulgación. Tras la muerte de esta elefanta, no hemos encontrado ninguna referencia documental referente a proboscideos, por lo que pensamos que el rey no tuvo más elefantes.

Carlos III falleció a los 72 años, en diciembre de 1788. Murió sin el menor atisbo de locura, contrariamente a lo ocurrido con su padre, lo que fue para el monarca una preocupación constante. Fue considerado por muchos de sus súbditos como uno de los mejores reyes que había tenido España.

Copyright del artículo © Ana Victoria Mazo Pérez. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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