"Refugio", de Terry Tempest Williams

La voz de Terry Tempest Williams es intensa en dos sentidos, el literario y el ético. Y ya puestos, también en el científico, porque esta conservacionista conoce a fondo la vida de los ecosistemas que trata de proteger en su Utah natal.

El activismo de Williams viene de antiguo y abarca temas que van más allá de la defensa de la naturaleza. Esto es algo que se advierte en la obra que nos ocupa, una lectura apasionante para los aficionados a la vida silvestre y la biología, en la que también se filtran otras de las grandes preocupaciones de la autora: la salud femenina, las cuestiones espirituales y la relación de las comunidades humanas con el medio ambiente.

Es normal que esta luchadora se sienta llamada a reclamar una buena sanidad en su país. El cáncer, arraigado en su familia, es para ella una amenaza continua que le sirve para no rendirse nunca, para no dejar nunca su vida en suspenso y para comprender a fondo nuestra fragilidad, tan delicada como la que caracteriza a la propia biosfera. En realidad, los problemas del cuerpo y los de un ecosistema tienen más de un punto en común, y cuando se superan, generan una euforia similar. Después del dolor y de la tormenta, llegan días mejores. Pero a veces, como sucede con la madre enferma de la autora, la esperanza no siempre consiste en pelear con el destino.

A Terry Tempest Williams seguro que usted, como yo, la atiende como quien escucha la voz de la experiencia. No hace falta conocer los muchos honores institucionales o universitarios que hoy adornan su currículo. Basta con leer las páginas de Refugio para intuir que se trata de una comunicadora formidable, excepcionalmente sensible y con una trayectoria humana sensacional.

Les hablé del cáncer familiar. En Refugio descubrimos que guarda una relación directa con las pruebas nucleares llevadas a término en el desierto de Nevada, entre 1951 y 1962. Por descontado, el activismo antinuclear de Williams no fue una decisión espontánea o ideologizada, sino una reacción íntima, motivada por un delirante experimento militar que generó una radiación diez veces superior la de Chernobil, y que marcó para siempre a los suyos.

Antes de lanzarse a escribir Refugio, la autora consolidó una interesante carrera literaria que comenzó con un premiado libro infantil, The Secret Language of Snow (1984), y luego prosperó con sus colaboraciones en The New Yorker y The New York Times, y con otros títulos igualmente celebrados, como Pieces of White Shell: A Journey to Navajo Land (1984), Between Cattails (1985) y Coyote’s Canyon (1989).

Publicado originalmente en 1991, Refugio se plantea como una interesantísima mezcla de memoria personal y reflexión naturalista. Aparte del cáncer, la otra tragedia que aflora en estas páginas es la devastación, a causa de las crecidas del Gran Lago Salado, del Refugio para Aves Migratorias del Río Bear. Ni que decir tiene que el libro acaba convirtiéndose en un emocionante y poético homenaje a la diversidad del reino de las aves, que además proporciona muchos motivos para la reflexión.

Dejo para el final un detalle importante: la cuidada traducción de Regina López Muñoz. Además de transmitir emociones literarias, demuestra un cuidadoso manejo del léxico ornitológico en español.

Sinopsis      

Utah, primavera de 1983. El crecimiento del agua del Gran Lago Salado alcanza niveles nunca vistos que amenazan el santuario de aves. Garzas, búhos o garcetas, cuyo estudio y compañía han acompasado la existencia de Terry Tempest Williams, son las primeras víctimas. El Gran Lago Salado es naturaleza al pie de la ciudad, una ribera movediza que siembra el caos en las carreteras. Islas demasiado inhóspitas y remotas para ser habitadas. Agua en mitad de un desierto, pero tan salada que no podemos beberla. El Gran Lago Salado es de las aves, su refugio irremplazable. Los humanos, los políticos, los ingenieros, buscan soluciones, pero piensan más en sus infraestructuras y comodidades que en las necesidades y derechos de sus auténticos y alados habitantes.

Mientras se enfrenta al declive de estas especies, Terry descubre que su madre padece cáncer, al igual que ocho miembros más de su familia antes que ella: son «el clan de las mujeres de un solo pecho». Todo ello parece una consecuencia de los ensayos nucleares realizados en el cercano desierto de Nevada. Así, mientras acompaña a su madre en la enfermedad, Terry se sumerge en una investigación sobre los devastadores efectos de la lluvia radioactiva.

El resultado es un libro extraordinario de una gran naturalista, en el que se entrelaza el destino de las aves y el de los hombres y mujeres golpeados, todos por igual, por una debacle ecológica. La crecida del lago y el avance de la enfermedad: fuerzas imponderables, a veces devastadoras, de una misma naturaleza, que nos recuerdan nuestra pequeñez y fragilidad. Pero, a un tiempo, estas fuerzas son las que pueden ofrecernos el saber más importante: al igual que las aves, debemos aprender a luchar y resistir en el seno de una naturaleza tan ciega en sus intenciones como bella en sus formas. Éste es el relato que da cuenta de esa lucha, escrito con una sorprendente austeridad poética que rechaza en todo momento la tragedia, conformando una formidable llamada a la vida.

Terry Tempest Williams nació en 1955, es escritora y activista medioambiental. Su voz, crítica y valiente, se ha hecho oír en el Congreso de los Estados Unidos y en la Casa Blanca, así como desde las regiones más remotas de Alaska y Ruanda. Su obra está especialmente influenciada por la aridez del paisaje de Utah, donde vivió toda su infancia y juventud. Sus ensayos se han centrado en el ámbito de la ecología, la preservación de la vida salvaje y los derechos de las mujeres, y su libro de memorias, Refugio, es considerado una de las obras claves de la literatura ecologista del siglo xx. Actualmente vive con su marido, Brooke Williams, en el desierto de roca roja del sur de Utah.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Errata Naturae. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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