Lobos y tiburones, presas de nuestro miedo

Lobos y tiburones, presas de nuestro miedo Imagen superior: tiburón blanco, Carcharodon carcharias. Fotografía de Ramón Carretero.

Supuestamente, Homo sapiens, nosotros, somos una especie racional, por eso mismo resulta sorprendente ver cómo somos víctimas de los miedos irracionales, de los dogmas y de los estereotipos que nos inculcan durante nuestra infancia. Una vez que somos adultos nos acompañan, y los prejuicios o la falta de información les proporcionan todo tipo de comodidades para que sigan bien asentados.

¿No serán estas falsas creencias sobre lobos y tiburones nada más que las proyecciones de nuestros propios miedos...? Por suerte, podemos echar a estos “okupas” mentales con una medida disuasoria, el conocimiento, el mismo que nos dice que el lobo fue el primer animal domesticado por el ser humano, antes que ovejas, vacas o cabras. Antes de que fuéramos agricultores y ganaderos, éramos cazadores-recolectores, y lobos y humanos, los dos grandes depredadores sociales de aquella época tan dura, fueron acortando distancias.

Se produjeron entonces los primeros contactos entre ambos, y con el devenir de los años aquellos lobos dieron origen al perro, nuestro más fiel amigo. No parece entonces razonable pensar que nuestro mejor amigo provenga de un animal tildado de sanguinario e incluso demoníaco, sino más bien todo lo contrario. Es la conducta social, leal e inteligente del lobo, la que ha permitido que con los siglos haya sido un aliado fundamental de la raza humana, primero como lobo y luego como perro.

No menos fascinante es la historia de los tiburones... Pueblan desde hace muchísimo tiempo los océanos, y decir “muchísimo” es quedarse muy corto. Los primeros tiburones surgieron hace unos 400 millones de años, aproximadamente 160 millones de años antes que los dinosaurios. Sobrevivieron a su extinción, y hace alrededor de 100 millones de años que son tal y como los conocemos en la actualidad. No han tenido necesidad de seguir evolucionando porque ya estaban plenamente adaptados a su medio. Una prueba de esta adaptación es que tienen, al menos, 7 sentidos, los 5 que conocemos todos a los que hay que sumar las capacidades para detectar cambios en la presión y movimientos en el agua así como en los campos eléctricos. Los datos también indican que menos de 10 personas mueren anualmente en el mundo por ataque de tiburón, una cifra ridícula y muy alejada de las que arrojan amenazas reales para el ser humano.

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La cifra es aún más insignificante en el caso del lobo, ya que los ataques a humanos brillan por su ausencia. Parece por tanto que podemos estar tranquilos en tierra y mar respecto a estos depredadores. Pero si hay algo que puede complementar el conocimiento y la ciencia es la experiencia personal, y es aquí donde trato de hacer mi pequeña aportación.

He tenido la inmensa fortuna de estar frente a estas dos especies en numerosas ocasiones. Como buceador deportivo he estado en contacto con varias especies de tiburón, y entre ellas las que se suponen más temibles, aquellas dotadas de verdadera mala prensa, el toro, el tigre y el gran blanco. Excepto con el tiburón blanco, donde siguiendo la normativa me sumergía en una jaula, siempre he buceado sin ninguna protección.

También he interaccionado con lobos ibéricos en los centros de educación ambiental CEA La Dehesa y Cañada Real, donde están tomadas las fotos de la exposición. En ambos casos, y siempre con la precaución como aliada, el miedo no llegó a estar presente, siendo anulado por un gran respeto y admiración por estas fascinantes criaturas, un profundo respeto que bien podría llamarse devoción. Ver el porte y la elegancia del tiburón blanco, el depredador perfecto, en medio del gran azul, su poderosa y a la vez gentil presencia en las aguas de Isla Guadalupe (México), compartir sus dominios pese a ser un intruso en su medio…, no podían sino dejar una huella indeleble en mí.

¿Y qué decir del lobo, con quien además ya hemos visto que existe una natural cercanía? Los mitos dicen que el lobo puede paralizar con la mirada. De hacerlo, es por la fascinación de estar frente a un ser que no solo te la devuelve, sino que te traspasa con ella. Se diría que la Naturaleza quiere exhibirse con sus mejores galas a través de los ojos del lobo... Estas vivencias fueron una verdadera sacudida para mi consciencia y mi conciencia, teniendo el mismo impacto que un sonoro bofetón en quien está adormecido.

Pero tras la luz de estas experiencias se proyecta una gran sombra... La sombra del progresivo declive de estas dos especies y de sus hábitats por causa humana, la sombra de seguir siendo injustamente tratadas por gran parte de la sociedad. Lobos y tiburones, por primera vez en la historia, son incapaces de adaptarse a los cambios en su medio, unos cambios drásticos y destructivos: la aniquilación de sus hábitats y su persecución.

Aproximadamente 100 millones de tiburones mueren anualmente por causa humana (principalmente por sus aletas para la sopa de aleta de tiburón, las cuales muy frecuentemente les son cercenadas con vida para después ser devueltos al océano donde mueren agónicamente).

El lobo, quien una vez dominó el hemisferio norte del planeta, ve como ahora sus territorios y poblaciones se ven cada vez más reducidos, pasando de ser nuestro aliado a nuestra víctima. Teniendo yo una deuda de gratitud con ellos de por vida, sentía una gran pena y vergüenza, y la necesidad de pedirles perdón por todo el daño que les hemos causado y seguimos causando.

Siendo además especies claves en el equilibrio de los ecosistemas, por estar situados en la cima de la cadena alimenticia, no sólo es una barbarie nuestro comportamiento, sino que además es estúpido y desconsiderado hacia las nuevas generaciones, quienes, si seguimos así, sin duda nunca nos olvidarán... Nació así esta exposición [enero de 2018, MNCN], la cual además tiene un componente de redención personal por lo comentado anteriormente.

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Imagen superior: ejemplar de tiburón blanco, Carcharodon carcharias, en Isla Guadalupe en el Océano Pacífico.

Con esta colección de fotografías pretendo acercar al visitante a estas especies a través de mis ojos, de mis vivencias, de mis sentimientos... Creo que las imágenes que componen la exposición dan una visión de estas especies más veraz y más bella que las de la tradición y el sensacionalismo. En ellas podrás ver la penetrante mirada del lobo o la magnificencia del tiburón blanco en el gran azul. Es mi deseo contribuir a cambiar la mala imagen que de ellos se tiene por parte de muchos, y sobre todo a que los niños, quienes están libres de dogmas, descubran que hay otra versión del cuento, mucho más bonita pero también más cierta.

Ojalá surja entre ellos el amor por éstas y otras especies, pues como decía Jacques Cousteau, sólo se protege lo que se ama, y sólo se ama lo que se conoce. Si con esta exposición he conseguido generar un mayor acercamiento y sensibilidad hacia lobos y tiburones, habré empezado a saldar mínimamente mi deuda con ellos.

La exposición cuenta con dos audiovisuales conservacionistas, uno sobre el lobo ibérico (de Arturo Menor), y otro sobre los tiburones (de Gerardo del Villar). Para los más pequeños WWF aporta en viñetas otra versión, muy exitosa por cierto, del cuento de Caperucita. Por último, niños y adultos tienen la oportunidad de escribir una historia diferente sobre el lobo en un libro que hay para tal fin. Espero que esta exposición ponga su granito de arena para cambiar la mala imagen de estos dos grandes depredadores, y evitar que ante las graves acciones que sobre ellos se realizan, se mire hacia otro lado o incluso se anime a seguir con ellas. Es por ello que invito a todo el mundo a que la visite. La Naturaleza nos lo da todo, lo menos que podemos hacer es conocerla, respetarla y velar por ella. Una Naturaleza que en la noche reclama su arrebatada libertad a través del aullido del lobo

Copyright del artículo y las imágenes © Ramón Carretero. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Ramón Carretero

Ramón Carretero es fotógrafo. Colaborador del centro de educación ambiental CEA La Dehesa, donde adquirió sus conocimientos sobre el lobo ibérico.

Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN–CSIC). Los artículos de Ramón Carretero se publican en www.TheCult.es por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

Sitio Web: www.mncn.csic.es
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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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