Janos: el último baluarte del perrito de las praderas y el bisonte

Janos: el último baluarte del perrito de las praderas y el bisonte Imagen superior: bisonte americano (Bison bison) viviendo en libertad en los pastizales de la Reserva de la Biosfera Janos, Chihuahua. Fotografía: Eduardo Ponce.

En 1450, Francisco Vázquez de Coronado lideró una gran expedición de más de 2000 personas, entre españoles y mexicanos, que partió rumbo al norte de México y al actual Suroeste de los Estados Unidos en busca del mítico reino llamado Cíbola, que escondía siete maravillosas ciudades de oro.

Durante dos años, recorrieron las planicies áridas sin encontrar oro, pero en el camino observaron una serie de animales desconocidos que llamaron su atención. El primero fue una bestia como una “vaca con joroba”, a la que los indios llamaban cíbolo, nombre que se utilizó en México hasta principios del siglo XX para referirse al bisonte americano, en latín Bison bison. Aunque Hernán Cortés había sido el primer europeo en observar un bisonte en los jardines de Moctezuma, Coronado y su expedición fueron los primeros europeos que lo vieron en su hábitat natural. Sus relatos resaltan la incalculable cantidad de animales que se congregaban en manadas; algunos hablan de 20.000 individuos, mientras que otros describen una manada que cubría al menos 20 km.

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Imagen superior: perrito de las praderas (Cynomys mexicanus) cumpliendo con su función de vigía al alertar a la comunidad del peligro mediante ladridos. Fotografía: Eduardo Ponce.

En este continente dorado también vivía un pequeño y sociable animal de apenas un kilogramo de peso, en colonias formadas por miles de individuos. El perrito de las praderas, como lo llamaron (en latín Cynomys ludovicianus), es un pariente de las ardillas que construye madrigueras y túneles subterráneos y se alimenta de pastos y hierbas.

Desde el principio los exploradores y naturalistas europeos se sorprendieron por su alta complejidad social, ya que viven en colonias que semejan “pueblos”. Incluso algunos exploradores les llamaban “pequeñas repúblicas”, por estar compuestas de ciudadanos con complejos sistemas de organización y comunicación; un ejemplo son los vigías que, siempre alerta, hacen notar la presencia de cualquier intruso que amenace a la colonia mediante llamados parecidos a los ladridos de un perro pequeño; el llamado de alerta se extiende rápidamente por toda la colonia y todos corren a refugiarse.

Hasta el siglo XIX, los bisontes y cinco especies de perritos de las praderas compartían este reino de pastos que se extendía desde las praderas Saskatchewan, al sur de Canadá, a las planicies del desierto chihuahuense y hasta el norte y centro de México. En la actualidad, en México habitan dos especies de perritos de las praderas: el mexicano y el de cola negra. El perrito de las praderas mexicano (Cynomys mexicanus), endémico del Noreste del Altiplano Mexicano, habita los pastizales áridos de los estados de Coahuila, San Luis Potosí y Nuevo León, y el perrito de las praderas de cola negra (Cynomys ludovicianus), sólo se encuentra en el norte de Chihuahua y Sonora, en México, aunque tiene una amplia distribución en Estados Unidos. Hasta inicios de los 1800, estas especies cubrían más de 40 millones de hectáreas, mientras que el bisonte americano habitaba una extensión similar en grandes manadas, con una población que se estima alrededor de los 30 millones de individuos.

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Imagen superior: mapa de la distribución del bisonte americano en Norteamérica, entre 1800 y 1876. Imagen: Mapping the Nation.

A finales del siglo XIX los comerciantes y cazadores se sumaron a los exploradores y soldados. La batalla contra los habitantes de estos ecosistemas comenzó. Primero el comercio de pieles de bisonte se abrió camino y comenzó a eliminar gradualmente a esta especie.

La consecuencia más importante de la eliminación de los bisontes del paisaje norteamericano fue la erradicación de los indígenas americanos que dependían de su carne y pieles para sobrevivir; al eliminar a los bisontes, se afectaba de manera enorme la posibilidad de sobrevivencia de estas comunidades humanas.

Para finales del siglo XIX, el perrito de las praderas corrió la misma suerte, debido a la supuesta competencia por pasto con el ganado doméstico y a los conflictos directos con agricultores. A raíz de estos problemas de percepción se realizaron campañas masivas de exterminio en Estados Unidos, financiadas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y diseñadas por biólogos que trabajaban sin evidencia científica. Ambas especies llegaron al borde de la extinción a finales del siglo XIX, cuando sólo sobrevivían en el 2% del área en la que históricamente se habían distribuido.

En México, lo que encontraron los exploradores del inicio de la conquista y los posteriores comerciantes, no fue solo una belleza natural extraordinaria; también encontraron pueblos nativos descendientes de sociedades milenarias, que se las habían arreglado para vivir en estos ambientes áridos y extremos. Las sociedades como las que habitaron Paquimé y Janos en Chihuahua vivían en las planicies, montañas y cañones de esta región, y habían desarrollado sistemas políticos y económicos basados en técnicas agrícolas para aprovechar la poca agua y recursos disponibles.

Después de haber sobrevivido por siglos, estas sociedades también enfrentaron el exterminio durante las campañas de evangelización que venían acompañadas de militares que se aseguraban de que se cumpliera exitosamente la misión; al final, estas tierras se repartieron entre militares y otros colonizadores. Las tierras resultaron ser productivas, y así fue como comenzó la cultura ganadera del estado de Chihuahua, que ha perdurado por más de doscientos años. Con esta repartición llegaron nuevos pobladores humanos, así como especies de animales y plantas domésticas: ganado vacuno, caballos, mulas, gallinas, ovejas, chivos, trigo, cebada, mismas que cambiarían estas praderas para la posteridad.

En esta época se formaron enormes latifundios a lo largo y ancho de México. En Chihuahua, los predios del Dr. José Pablo Martínez del Río o el del general Luis Terrazas —con más de dos millones de hectáreas— iniciaron el desarrollo de estos ecosistemas a gran escala. Esta acumulación de tierra (arrebatada, muchas veces, a las comunidades locales) resultó en la Revolución Mexicana. Entonces, la situación social de México y las disputas por la tierra condujeron a que las enormes haciendas se dividieran en propiedades más pequeñas, y éstas, con el tiempo, en otras todavía más pequeñas.

La división de la tierra, el crecimiento poblacional y la falta de alternativas educativas y de desarrollo, así como la nula aplicación de las leyes ambientales que experimentó la región, ejercieron mucha presión sobre los recursos, y en las áreas cercanas a los poblados la fauna comenzó a desvanecerse.

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Imagen superior: en esta fotografía se aprecia la extensión de los campos de cultivo que dominan el desierto chihuahuense. Fotografía: Rodrigo Sierra Corona.     

Esto hizo que los campos agrícolas comenzaran a ser algo cotidiano en los pastizales del norte de México. En la última década, el avance tecnológico permitió la expansión de la agricultura intensiva, que en muchos casos ha traído consigo la destrucción de pastizales. Aunado a esto, el sobrepastoreo, las sequías y la falta de técnicas adecuadas para desarrollar proyectos productivos y hacer un uso adecuado de la tierra, han causado severos impactos ambientales, que incluyen la extinción de especies, la pérdida del pastizal y la creciente desertificación de la región.

La excesiva extracción de agua del subsuelo provocó la disminución en la disponibilidad de agua, y conforme baja el manto freático (el nivel del agua subterránea), las actividades humanas como la ganadería y agricultura se ven afectadas directamente. Más preocupante aun es el hecho de que el agua ha comenzado a escasear en algunas comunidades.

La caza desmedida causó la extinción, entre otros, del oso gris y del lobo mexicano en México, y ha llevado al borde de la desaparición a animales como el berrendo, el bisonte y el borrego cimarrón. Lo que era un paraíso biológico podía convertirse en sitio de una tragedia ambiental si no se detenían los procesos de deterioro.

El trabajo del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre de la UNAM ha jugado un papel muy importante revirtiendo esta tendencia, ya que ha buscado puntos de conciliación entre los productores locales y los proyectos de conservación, para recuperar de manera colaborativa el ecosistema de pastizal y la fauna en peligro.

La reconquista del Reino del Cíbolo

En los años 80, los rumores sobre los últimos pastizales conservados y sobre la existencia de colonias importantes de perritos de las praderas de cola negra en México apuntaban hacia un lugar al norte de la ciudad de Casas Grandes y Janos, en Chihuahua.

Al comenzar a estudiarla, la zona reveló, poco a poco, una sorprendente diversidad biológica. Estos pastizales mantenían uno de los complejos más grandes de colonias de perritos de las praderas en todo el continente (55.000 ha), y el complejo más significativo en el desierto chihuahuense. También en este lugar se encuentra la única población de bisonte americano en México y algunas de las últimas manadas de berrendo (Antilocapra americana) en el estado de Chihuahua. En la parte serrana se han registrado poblaciones saludables de oso negro (Ursus americanus), puma (Puma concolor), venado de cola blanca (Odocoileus virginianus) y guajolote silvestre (Melagris gallopavo), entre otras especies de vertebrados.

Desde las montañas descienden arroyos que dan vida a las planicies y bosques en los que especies como el puercoespín norteño (Erethizon dorsatum) y el gato montés (Lynx rufus) se refugian de las temperaturas extremas. Los cielos están poblados de águilas reales, gavilanes, halcones, chorlitos, gorriones, tecolotes, lechuzas, gansos, grullas y tordos.

La región de Janos-Casas Grandes es uno de los sitios más importantes del continente en cuanto a la hibernación de aves de pastizal y a la anidación de la cotorra serrana occidental, y es uno de los sitios con mayor diversidad de mamíferos terrestres en México y Norteamérica, al que sólo superan la Reserva de la Biosfera Montes Azules en el estado de Chiapas y el famoso Parque Nacional Yellowstone en el estado de Wyoming en Estados Unidos.

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Imagen superior: berrendos (Antilocapra americana) corriendo en libertad en la Reserva de la Biosfera Janos. Fotografía: Rodrigo Sierra Corona.

Paradójicamente, al mismo tiempo que los científicos demostraban la riqueza biológica, el crecimiento de las poblaciones humanas y las políticas de desarrollo trajeron consigo el incremento descontrolado de la agricultura y la degradación de estos pastizales, ocasionado por prácticas ganaderas inapropiadas. La expansión agrícola, el sobrepastoreo causado por la introducción de ganado doméstico, la sobreexplotación de cuerpos de agua y la alteración en los ciclos naturales de herbivoría e incendio son algunos de los factores que han causado la desertificación y fragmentación de este ecosistema. Tanto el exceso como la ausencia total de pastoreo contribuyen a la degradación del sistema, ya que se necesita que los herbívoros coman y pisoteen para mantenerlo saludable; algo similar sucede con los incendios, porque al producirse con cierta periodicidad, eliminan el exceso de materia orgánica en descomposición y estimulan el crecimiento de la flora nativa.

Estos problemas abrieron nuevas líneas de investigación en la región, en las que se ha explorado el efecto de las actividades humanas sobre la diversidad biológica y los servicios ambientales. Gracias a estos trabajos de investigación, ahora comprendemos aspectos biológicos y sociales relacionados con el perrito de las praderas y la fauna y flora en general, que han permitido diseñar e implementar estrategias de recuperación de especies amenazadas, así como programas de restauración y manejo de los pastizales. De esta manera, la participación social cobró fuerza y decenas de productores y vaqueros de la región voltearon a ver los esfuerzos que se hacían en el sitio.

Gracias al trabajo de un gran número de personas provenientes de institutos de investigación, instituciones gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, productores y comunidades locales, el 11 de noviembre de 2009 se decretó la Reserva de la Biosfera Janos, y una manada de 21 bisontes provenientes del Parque nacional Wind Cave de los Estados Unidos (tomados de una de las cinco manadas genéticamente puras) fue liberada en los pastizales como parte de un proyecto de colaboración binacional. Después de más de un siglo, los bisontes volvieron a correr por las praderas de Janos y los perritos de las praderas han vuelto a preocuparse sólo por sus depredadores naturales. El programa de manejo Reserva de la Biosfera, Janos regula las actividades dentro del área natural protegida, y se ha ido adaptando a las necesidades de la región. Los pobladores y productores locales han expresado sus opiniones respecto al mismo, y gradualmente las estrategias de conservación de la diversidad biológica se han integrado con las actividades agropecuarias, especialmente con la ganadería. Los resultados de esta interacción ciencia-productores nos han permitido diseñar e implementar exitosamente proyectos que son un ejemplo de ganadería sustentable y agricultura alternativa con claros objetivos de conservación.

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Imagen superior: después de la introducción de 21 bisontes provenientes del Parque nacional Wind Cave de Estados Unidos, la manada se reprodujo exitosamente y ahora la conforman más de 150 bisontes. Fotografía: Eduardo Ponce.

En la actualidad, la Reserva de la Biosfera Janos es una matriz de propiedades privadas y ejidos en la que la ganadería y la agricultura son las principales actividades económicas y la mayor amenaza para la biodiversidad, debido a las prácticas no sustentables que se implementan en gran parte de la región. La poca planeación de las actividades agropecuarias y la falta de capacidad técnica dañan a las poblaciones de fauna silvestre y, junto con la erosión eólica e hídrica, han provocado la pérdida de suelos; además, ha aumentado la invasión de plantas leñosas y hay sobreexplotación de los mantos acuíferos. Todo este conjunto de amenazas ha transformado los ecosistemas locales. En las últimas décadas, miles de hectáreas se han convertido, de manera ilegal, en campos de cultivo que amenazan seriamente la biodiversidad de uno de los ecosistemas más productivos de nuestro país.

Por más de 20 años, el Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre del Instituto de Ecología de la UNAM ha impulsado la protección del lugar. Actualmente continuamos con el desarrollo e implementación de estrategias para la conservación de los valores biológicos y culturales a largo plazo en los pastizales áridos del noroeste de México. Esto se logrará monitoreando la biodiversidad, mejorando y diversificando el manejo de los recursos naturales, recuperando a las especies amenazadas y desarrollando esquemas de participación social.

Hoy, gracias al esfuerzo continuo, a la pasión de muchas personas e instituciones y a la voluntad de los pobladores, miles de personas pueden sentir lo que sintieron los primeros exploradores de hace más de 500 años, cuando vieron por primera vez el vasto pastizal, el complejo ecosistema y a los majestuosos animales que pastaban tranquilamente en el llamado Reino de Cíbola.

Para saber más

Manzano Fischer, P. y Rurik List. 2010. Ecosistemas: protección y restauración. Revista ¿Cómo ves? 140.

Reserva de la Biosfera Janos. 2016. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. www.gob.mx/semarnat/articulos/reserva-de-la-biosfera-janos

Sierra Corona, Rodrigo. Janos, un sobreviviente en Chihuahua. México Desconocido.

Copyright del artículo © Eduardo Ponce, Rodrigo Sierra, Jesús Pacheco y Gerardo Ceballos. Este artículo se publica en TheCult.es por cortesía de Oikos, donde apareció previamente.

Eduardo Ponce, Rodrigo Sierra, Jesús Pacheco y Gerardo Ceballos

Eduardo Ponce obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con una exitosa formación académica en biología de la conservación; esto lo ha llevado a viajar y conocer numerosos proyectos de monitoreo y conservación de especies y ecosistemas en México y Latinoamérica. Ha participado activamente en la recuperación del perrito llanero y en la restauración de pastizales en la Reserva de la Biosfera Janos.

Rodrigo Sierra Corona es conservacionista, fotógrafo y productor de ganado. Su trabajo hace énfasis en la interacción entre cultura y naturaleza, con el objetivo de mejorar el manejo de los recursos naturales en el largo plazo. Busca que la fotografía sea un medio de expresión y comunicación en torno a los problemas socio-ambientales de nuestro país. Su trabajo científico se ha publicado en revistas como Ecology, Southwestern Naturalist, The Journal of Wilderness y Plos One, entre otras. Cuenta con un doctorado en Ciencias Biológicas otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de México, ha sido investigador residente en el Jornada Experimental Range del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de América y el Departamento de Geografía de la Universidad de California Berkeley. Del año 2002 a la fecha, trabaja en el norte de México desarrollando proyectos de investigación, conservación y desarrollo rural a gran escala.

Jesús Pacheco García es Biólogo y Técnico Académico Titular del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre (Departamento de Ecología de la Biodiversidad). Apoya investigaciones de conservación de ecosistemas en Chihuahua, noreste de México y Calakmul, Campeche.

El Dr. Gerardo Ceballos González es Investigador Titular “C” de Tiempo Completo del Instituto de Ecología de la UNAM y dirige el Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre. Realizó su licenciatura en biología en la Universidad Autónoma Metropolitana. Después llevó a cabo estudios de maestría en la Universidad de Gales y recibió su doctorado de la Universidad de Arizona en Tucson. Sus intereses académicos incluyen a la ecología animal, biogeografía y la conservación de vertebrados. Ha publicado más de 120 artículos científicos y de divulgación y 15 libros. Ha llevado a cabo proyectos de conservación dirigidos a la protección de especies y ecosistemas, entre los que destacan: Propuesta para la creación de la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala, Jalisco. Evaluación del estado de conservación de los mamíferos de México. Creación del área de protección de flora y fauna de Ciénagas de Lerma. Propuesta para la creación de la Reserva de la Biosfera Calakmul y también para la Reserva de la Biosfera Janos-Casas Grandes en Chihuahua.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC