¿Qué deberíamos hacer con los 15.000 elefantes asiáticos que aún están en cautiverio?

¿Qué deberíamos hacer con los 15.000 elefantes asiáticos que aún están en cautiverio? Imagen superior: elefantes utilizados como atracción turística en Chiang Rai (Tailandia) (Autor: Christopher Michael, CC).

Casi uno de cada tres elefantes asiáticos vive en cautiverio: unos 15.000 en total. La existencia de una población cautiva tan grande de este animal ‒en peligro de extinción, inteligente y longevo‒ suscita una serie de desafíos éticos y prácticos, pero también plantea algunas oportunidades.

Los elefantes asiáticos, como la mayoría de la megafauna terrestre, están en peligro y podrían no sobrevivir en la naturaleza más allá del siglo XXI. Como los animales terrestres más grandes, los elefantes son muy importantes para la salud de los ecosistemas tropicales: vienen a ser unos jardineros forestales que plantanfertilizan y podan los árboles.

Los elefantes asiáticos también son notables por su significado cultural. Puede que su domesticación ya se diera en el 6.000 a.C., y desde entonces, han sido utilizados para la guerra, el transporte y como símbolos de poder. A veces, han sido adorados como deidades. Incluso hoy en día, las personas de países como India, Sri Lanka, Myanmar y Tailandia veneran a los elefantes de una manera que es difícil de entender para los foráneos.

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Imagen superior: elefante decorado con motivos tradicionales en Jaipur, Rajastán. (Autor: Faraz Usmani, CC).

Debido a la importancia cultural de los elefantes asiáticos, muchos de ellos viven en cautiverio (los elefantes africanos pueden ser amansados, y solían serlo, pero, en comparación, solo uno de cada 700 vive actualmente en cautiverio). A diferencia de los perros, caballos o cerdos, los elefantes no son animales domésticos, en el sentido de que nosotros (los humanos) no controlamos su reproducción. La gran mayoría de los elefantes cautivos nacieron en la naturaleza y finalmente fueron capturados y domesticados para trabajar.

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Imagen superior: los elefantes han desempeñado durante mucho tiempo un papel especial en muchas culturas asiáticas. Anónimo (Tailandia de fines del siglo XIX)

El proceso de domesticación de los elefantes es una tradición ancestral que generalmente implica confinar y castigar al paquidermo hasta que, como dice un informe de la ONU, "la voluntad del animal se rompe". Sin lugar a dudas, es una experiencia dolorosa.

Contrariamente a lo que sucede con la mayoría de los otros mamíferos, los elefantes de los zoológicos viven vidas más cortas que los salvajes, y a menudo sufren de obesidad y exhiben "comportamientos estereotipados", como asentir o balancear su cuerpo.

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Imagen superior: el "ankus" es la herramienta empleada para dirigir y dominar a los elefantes. Este gancho lleva utilizándose desde hace milenios [Nota del traductor] (Fotografía: Aschevogel, CC).

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Imagen superior: el método tradicional para domar a los elefantes en la India, Tailandia, Birmania y otros países asiáticos recibe el nombre de "phajaan". El animal es inmovilizado en jaulas de madera, o se le somete con cadenas o cuerdas. Según algunos informes, hay ocasiones en que esta práctica conlleva la privación del sueño, de alimentos y de agua. En los peores casos, el castigo durante esta etapa es constante: con bastones, ganchos o palos afilados. Al cabo del tiempo, la inmovilización debilita la voluntad del animal. De ahí en adelante, el paquidermo obedecerá las órdenes del "mahout" o cornaca, quien será su jinete de por vida. Para satisfacer la demanda de elefantes en el circuito turístico, hay cazadores furtivos que capturan crías en Birmania, matando a su madre y a otros miembros de la manada, para luego domarlas mediante el "phajaan", y venderlas en Tailandia. Sin duda, el "phajaan" es una práctica cruel, y en este sentido, se asemeja a ciertos procedimientos habituales en los circos hasta los años setenta del pasado siglo. En principio, a partir de esa década, muchos domadores circenses abandonaron paulatinamente castigos como el gancho o la picana eléctrica. Previamente, este tipo de abusos ya había desaparecido de los zoológicos de América, Japón y Europa, donde se impuso el criterio de veterinarios y buenos cuidadores, partidarios del condicionamiento positivo. Sin embargo, posteriores denuncias contra distintos domadores demuestran que aún queda mucho por hacer, y evidencian el anacronismo del circo con animales. Lo mismo sucede en determinados centros turísticos de Asia (desde luego, no en todos). Aunque empieza a extenderse en muchos santuarios la preocupación por el bienestar de los animales, el "phajaan", en su modalidad más dolorosa, aún sigue en uso. [Nota del traductor].

Los elefantes se unen al comercio turístico

Si tenemos en cuenta todo lo anterior, ¿es ético mantener a los elefantes en cautiverio? Bueno, me temo que no tenemos alternativa. Todos esos miles de elefantes domesticados en Asia no pueden ser, simplemente, liberados en la naturaleza.

La domesticación y la cautividad modifican profundamente su comportamiento. Rompen sus lazos sociales y les hacen perder su miedo natural a las personas. De hecho, los elefantes liberados se quedan a menudo cerca de las aldeas, causando importantes conflictos con los agricultores y exponiéndose a fáciles represalias. Por lo tanto, los seres humanos deben cuidar a los que actualmente están en esa situación.

Una pregunta diferente es si necesitamos capturar más elefantes salvajes. La respuesta es, sin duda, negativa: debemos evitar más capturas para alimentar la demanda de elefantes para el turismo y el entretenimiento.

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Imagen superior: Ramayana Water Park, Na Chom Thian (Tailandia) (Chronograph, CC).

Con la pérdida de sus "trabajos" tradicionales en la silvicultura y el transporte, la mayoría de los elefantes cautivos en Asia se han unido a la industria del ecoturismo. Ver elefantes es una experiencia formidable que generalmente recomiendo a los turistas locales e internacionales que visitan Asia.

Pero esto genera otro dilema: ¿es ético que los turistas visiten los santuarios de elefantes? La respuesta dependerá del santuario y de las actividades que en él se realicen.

Antes de visitar uno de esos lugares, le recomiendo que dedique un tiempo a investigar los santuarios disponibles, y que visite solo aquellos con un buen historial en lo que respecta al bienestar de los animales (y hay bastantes de este tipo). Mientras visita el santuario, sea selectivo con las actividades que allí realiza: por ejemplo, evite montar sobre los elefantes, especialmente en sillas pesadas, con otros pasajeros (los elefantes son fuertes, pero su espalda sufre).

También debe evitar espectáculos ruidosos, donde los paquidermos se vean obligados a comportarse de manera no natural, por ejemplo, haciendo tontas acrobacias. Y lo más importante, evite dar dinero a las personas que usan los elefantes para mendigar, o en cualquier otra actividad que genere incentivos para el comercio de ejemplares vivos. Después de visitar el santuario, brinde su opinión (de forma educada y no condescendiente) a los gerentes, a las autoridades locales y a los potenciales visitantes futuros. Los buenos santuarios de elefantes deben ser recompensados, ​​y los malos han de recibir la presión necesaria para mejorar.

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Imagen superior: entrenamiento de un pequeño elefante en Ko Samui (Tailandia). (Autor: Robert Nyman, CC).

El turismo no ayuda (necesariamente) a la conservación

Es importante subrayar la diferencia entre el bienestar de los elefantes y la conservación. Este último plantea un desafío mucho más complicado. El bienestar de los elefantes cautivos no debería usar recursos que, en caso contrario, se asignarían para la conservación de las poblaciones silvestres.

No obstante, los elefantes cautivos brindan algunas oportunidades. Después de todo, no hay mejores embajadores para la conservación de esta especie que los propios animales. Si se administra adecuadamente, la presencia de elefantes en santuarios y zoológicos brinda una oportunidad única para que las personas se relacionen emocionalmente con la vida silvestre, y aprendan cómo proteger a estas criaturas.

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Imagen superior: orfanato de elefantes de Pinnawala, Sri Lanka (Fotografía facilitada por Ahimsa Campos Arceiz).

La población cautiva también proporciona un acervo único para reintroducir elefantes en muchos bosques asiáticos donde recientemente se extinguieron. Dichas reintroducciones serán complejas, y a menudo, polémicas, pero, dada su importancia ecológica (recuerden su labor como jardineros forestales), es algo con lo que deberíamos empezar a experimentar seriamente.

Por desgracia, ya no hay oportunidad de hacerlo con otras especies de la megafauna asiática en peligro, como los rinocerontes de Java y los rinocerontes de Sumatra, o el kouprey, un enorme bóvido de Camboya que probablemente ya esté extinguido.

La mayoría de los 15.000 elefantes asiáticos en cautiverio sobrevivirá durante algunas décadas más. Necesitamos proporcionarles la atención adecuada, y asegurarnos de que ningún ejemplar sea eliminado de la naturaleza con el fin de alimentar esa demanda turística basada en esta especie.

Finalmente, podemos utilizar estos animales para la conservación, especialmente dentro de programas de retorno a la vida silvestre en bosques que han perdido sus elefantes.

Copyright del artículo © Ahimsa Campos-Arceiz. Este artículo fue publicado originalmente por The Conversation y se publica en TheCult.es con permiso de su equipo editorial. Lea aquí el artículo original. Reservados todos los derechos.

The Conversation

Ahimsa Campos Arceiz

El español Ahimsa Campos-Arceiz es profesor asociado de Ecología Tropical y Biología de la Conservación en la Universidad de Nottingham. Sus investigaciones se centran en el comportamiento, la ecología y la conservación de la megafauna asiática, particularmente los elefantes. Doctorado en la Universidad de Tokio (2009) e investigador becado en la Universidad Nacional de Singapur (NUS, 2009-2010), trabaja en Malasia, en el campus local de la Universidad de Nottingham (UNMC), donde es profesor asociado desde 2013. Asimismo, es el investigador principal del proyecto de investigación de Gerencia y Ecología de los Elefantes de Malasia (MEME; www.meme-elephants.org). Es presidente de la Sección Asiática de la Sociedad para la Biología de la Conservación (SCB-Asia) y miembro del consejo de la Asociación de Biología y Conservación Tropical (ATBC).

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC