"Agua verde, cielo verde", de Mavis Gallant

Mi último descubrimiento se llama Mavis Gallant. De vez en cuando, me encuentro con un autor que me deslumbra, que me pregunta y responde, que me interesa. En este caso la publicación en español de la primera novela que escribió, Agua verde, cielo verde (Impedimenta, con traducción de Miguel Ros González), ha sido el detonante.

A partir de ahí he buceado en su obra y hallado una magnífica edición de sus historias cortas, Los cuentos (Lumen, 2009, traducidos por Sergio Lledó). Desde la literatura se llega a la vida, y al revés. La existencia de Mavis Gallant (1922-2014) es tan esclarecedora como sus historias, la forma en la que ella denominaba al numerosísimo arsenal de cuentos que escribió, cien de ellos en The New Yorker.

Su triste infancia es el primer escalón de una vida llena de desarraigo e inseguridades. Nació en Montreal aunque su madre era estadounidense y su padre británico. Él murió cuando era una niña y su madre volvió a casarse y prescindió de ella. Mavis decía que su madre era de esas mujeres que nunca debió tener hijos. Tampoco hubo hermanos y fue de internado en internado, de colegio en colegio, un total de diecisiete, durante años, hasta que decidió que lo que quería era ganarse la vida de algún modo para poder escribir, que era lo que deseaba más que nada.

Su trabajo alimenticio fue el periodismo y comenzó en el Montreal Standard. La mala suerte en relación con las personas la persiguió durante toda su existencia: su agente literario la engañó y su matrimonio duró apenas unos pocos años. La soledad parecía ser su destino, su santo y seña. Y todo eso lo volcó en los libros, como suele ocurrir con la mayoría de los escritores, porque escribir no es solo una ocupación, sino una forma de estar en el mundo.

Mavis Gallant siempre usó el inglés para escribir, uno de los dos idiomas que dominaba a la perfección, porque siempre fue bilingüe. Consideraba al inglés el "idioma de la imaginación". Su lema de vida podía traducirse en esta frase "nada es seguro". La pérdida de su padre, de la que ni siquiera tuvo noticia en su momento para poder llorarla y hacer un duelo que la hubiera reconfortado; el abandono de su madre, que la dejó en manos de terceros; todo eso generó una carencia íntima, una falta de apego, que la acompañó toda la vida.

Si no hubiera tenido talento literario, si no hubiera estado tocada por la varita mágica de las palabras, quizá la existencia de Gallant se perdiera por derroteros poco recomendables. Pero fue el talento lo que la salvó. Fue esa compensación de la naturaleza la que permitió que la creación la redimiera y, sobre todo, que vertiera en sus escritos toda la amargura, la decepción, el escepticismo. Aquel fue un exilio interior que se convirtió en exilio físico. A decir verdad, no era de ningún sitio.

Los ambientes literarios no eran lo suyo. Prefería, con mucho, escribir. Ella lo repetía continuamente. Escribir, escribir, escribir. Tampoco parecía interesada por los reconocimientos o premios. Fue tardíamente recompensada en Canadá, porque era una especie de exiliada. Tampoco era francesa, aunque vivió en París muchos años y allí eligió morir. En realidad, no era de nada ni de nadie, y esta independencia se paga siempre muy cara, en soledad y en desarraigo.

Sin embargo, siguió escribiendo. Dos novelas, decenas de cuentos, alguna obra teatral, ensayos. Amén de sus artículos en periódicos y revistas.

Todo ello constituye una obra de enorme interés, hecha con pasión y, a la vez, con el descreimiento de quien espera poco de la vida. Su disección de los personajes lleva consigo un bisturí implacable, una visión descarnada.

No se hace ilusiones con respecto al mundo, ni se permite falsas esperanzas, pero todo ello lo transforma al estilo de los grandes autores: ver cualquier cosa y convertirla en palabras mayores.

La creación literaria es eso: una manera distinta de mirar, una forma única de expresar lo que se ve y se siente. Eso hace Mavis Gallant en sus novelas y en sus cuentos. Estos, como ella misma decía, no son partes de novelas, no son intentos fallidos, no son espejismos que se han quedado a medio camino. Cada cual tiene sentido en sí mismo.

Siempre recomendaba que se leyeran tranquilamente. Nada de empezar con uno y seguir adelante como si nada hubiera ocurrido. No. Ella aconsejaba que se leyera uno y se cerrara el libro. Para que el cuento surtiera su efecto, para que, como alguien ha dicho, se saliera de esa lectura convertido en alguien distinto.

Mavis Gallant es el prototipo de escritora que, a pesar de todas las circunstancias adversas, termina saliendo a la luz. Nunca tuvo una buena relación con las editoriales, que escamotearon su producción, ni tampoco frecuentaba los cenáculos de donde salen los contratos y los premios. Daba a su independencia un valor inusual y su reivindicación tiene que ver con otros escritores que, después de ella, fueron a sus fuentes y bebieron de su calidad. En este caso, fue Alice Munro la que se consideró su discípula y la que la reivindicó.

No siempre ocurre pero, en muchos casos, la buena literatura emerge a pesar de todo. No obstante, el caso de Mavis Gallant me hace pensar, como otras veces, cuántos buenos libros se están perdiendo y cuántos buenos autores están en la oscuridad, simplemente porque publicar es tanto un negocio como un servicio a la sociedad. Cuando el equilibrio entre ambas situaciones se desvía peligrosamente hacia lo primero, entonces ocurren cosas que ningún buen lector desearía que pasaran. El olvido o la pérdida del talento.

Sinopsis

Traducción de Miguel Ros González

Mavis Gallant despliega todo su talento en este testimonio whartoniano del descenso a los infiernos de dos mujeres unidas por una enfermiza relación maternofilial. El deslumbrante debut novelístico de una de las narradoras canadienses más reconocidas del siglo XX.

Flor McCarthy lleva una existencia que a muchos podría parecerles idílica. Después del traumático divorcio de su madre, que ya no puede soportar seguir viviendo en América, ambas emprenden un largo viaje por distintos países de Europa. Recalan en ciudades como Venecia, Cannes y París, pero el encanto es solo aparente. Abocadas al exilio, madre e hija dependen de la caridad de sus familiares y, oculta tras un velo de falso glamour, aparece frente a ellas la locura de un desarraigo marcado por la dependencia física y emocional. La vida de Flor se va transformando en una pesadilla expuesta ante las miradas de aquellos con quienes se encuentra a lo largo de los años, como su tímido primo George o los amigos ocasionales de su madre. Su búsqueda de protección aflora tras cada encuentro en una clara derivación de su necesidad de contar con un hogar al que regresar.

Mavis Gallant nació en 1922 en Montreal, Quebec. Cuando tenía diez años, tras el fallecimiento de su padre, su madre volvió a casarse rápidamente y se mudó a Nueva York, dejándola en manos de un tutor legal. Gallant no supo nada de algunos episodios de esta época de su vida hasta varios años después. Sobre su madre llegó a escribir en The New York Times: «Tuve una madre que no debería haber tenido hijos jamás».

A los veinte años, contrajo matrimonio con un músico, John Gallant, del que se divorciaría cinco años más tarde. Comenzó su carrera como reportera en

el Montreal Standard mientras publicaba, en los años 40, sus primeros relatos cortos en las revistas Preview y Northern Review. En 1950 se consagró enteramente a la ficción y decidió mudarse a Europa con la esperanza de poder salir adelante exclusivamente con su escritura.

Vivió una temporada en España antes de mudarse a París, donde residiría ya el resto de su vida. En septiembre del año 1951, The New Yorker publicó el que sería su primer relato de alcance internacional: «Madeline’s Birthday». Esta cabecera continuó publicando sus cuentos, pero Gallant no lo supo hasta que vio su nombre en una revista que encontró por casualidad. Su agente literario, Jacques Chambrun, le había estafado más de mil dólares en derechos de autor después de asegurarle que sus historias habían sido rechazadas. En cualquier caso, aquel fue el comienzo de una estrecha relación entre Gallant y The New Yorker, donde publicaría más de un centenar de relatos a lo largo de su vida, poniéndose a la altura de escritores como John Cheever o John Updike. Aparte de Alice Munro, Mavis Gallant es una de las pocas plumas canadienses cuyas obras aparecieron con regularidad en esta revista.

Durante su vida, escribió dos novelas, Agua verde, cielo verde (1959) y A Fairly Good Time (1970); una pieza dramática, What Is to Be Done? (1984), y una compilación de textos de no ficción bajo el título Paris Notebooks: Selected Essays and Reviews (1986), amén de varias colecciones de relatos que siempre obtuvieron tanto el aplauso de la crítica como el del público. Falleció en 2014 en París.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Impedimenta. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 34) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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