"Depredador" ("Predator", 1987), de John McTiernan

Podría fácilmente pensarse que Depredador fue un hijo bastardo del éxito arrollador de dos películas anteriores y muy recientes, Aliens (1986) y Rambo (1985), y en la que se intentaba combinar el tópico de curtidos comandos en misión suicida con el subgénero de monstruo alienígena. Si echamos un vistazo al resumen del argumento, entenderemos por qué.

La película se abre con una nave alienígena entrando en la atmósfera terrestre. En las junglas de Centroamérica, una unidad de las fuerzas especiales liderada por el Mayor Alan "Dutch" Schaefer (Arnold Schwarzenegger) se interna en el país ficticio de Valverde para rescatar a un miembro del gabinete presidencial que ha sido secuestrado por unos insurgentes. Ayudado por el agente de la CIA George Dillon (Carl Weathers), Dutch y su equipo encuentran los cuerpos despellejados de los componentes de otra unidad de comandos cerca de un campamento rebelde. Destruyen las instalaciones de los guerrilleros, pero Dutch descubre que Dillon le ha mentido y que la verdadera misión había consistido desde el principio en liquidar a los revolucionarios. Lo que ninguno de ellos sabe es que están siendo seguidos por el alien camaleónico cuya nave vimos al principio y que, aunque nunca se llega a aclarar del todo, parece estar en nuestro planeta con la intención de cazar la presa más exótica: el ser humano. Poco a poco, en una huida desesperada a través de la asfixiante selva, los soldados son abatidos hasta que sólo Dutch queda en pie para enfrentarse a la criatura. Para vencerla, paradójicamente, deberá revertir a un estado primitivo y prescindir de cualquier tecnología avanzada.

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Que el estudio quisiera explotar el filón de las películas mencionadas más arriba no creo que ofrezca ninguna duda. Pero en realidad la historia que eligieron para ello no es un pastiche elaborado a toda prisa por algún guionista mediocre. Todo lo contrario, su origen se remonta a una fecha tan temprana como 1924, año en el que Richard Connell publicó un relato corto titulado "The Most Dangerous Game", en el que un hombre atrapado en una isla se ve obligado a confiar tan sólo en su ingenio y sus manos para sobrevivir a la persecución mortal a la que le somete un aristócrata ruso para quien la caza del hombre es el deporte supremo. Esta interesante premisa ha sido filmada (oficialmente o no) en multitud de ocasiones desde los años treinta, con diferentes títulos, equipos creativos y resultados. En esta ocasión, los guionistas ‒los hermanos Jim y John Thomas, noveles en el oficio‒ transformaron al cazador en un impresionante alienígena modelado por Stan Winston (y con claras semejanzas con el Alien de Giger), pero en el fondo la historia es la misma.

Puede que sea imposible sufrir una intoxicación de testosterona sólo por tocar un DVD de Predator, pero aun así, es más prudente llevar guantes. Como solía ser habitual en los films de acción de aquellos años, éste queda dominado por los músculos, en esta ocasión los de Arnold Schwarzenegger, que entonces se hallaba en la cúspide de su carrera. Se prefirió dejar de lado los personajes y cualquier pretensión de mensaje mínimamente profundo para concentrarse en la acción. El propio director afirmó entonces que su intención era filmar una película “palomitera” [sic] al estilo de los viejos tiempos, pero centrado en el género con el que se sentía más a gusto: el suspense.

El argumento es sencillo, lineal y sin complicaciones de ningún tipo. Además, por entonces Schwarzenegger exigía siempre modificar el guión para añadir breves y contundentes frases que le hicieran pasar bien por un tipo gracioso o bien por un “duro” (la sentencia "Si sangra, podemos matarlo", es uno de los ejemplos presentes en esta película).

El espíritu último del film queda simbólicamente representado en una de sus escenas iniciales, cuando Schwarzenegger y Carl Weathers, viejos conocidos en la ficción, se encuentran y entrechocan con fuerza sus manos, enzarzándose en un pulso: la cámara se dirige no tanto a sus caras como a sus abultados y tensos músculos. McTiernan deja claro que está haciendo un film de machotes para machotes, además de incluir una reflexión quizá inconsciente de que el motor de la narración va a descansar en la exhibición física más que en un complejo choque de personalidades. Para recordárnoslo en todo momento, la banda sonora de Alan Silvestri está construida alrededor de una machacona y nada sutil música marcial, soberbia para exaltar el fuego guerrero.

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Dicho esto, Predator no necesita de un argumento más elaborado para funcionar como película de acción. Es más, como en la secuela de Alien dirigida por James Cameron el año anterior, McTiernan triunfa gracias a un efectivo montaje en el que la tensión va creciendo cada vez más, al tiempo que se suceden escenas de acción tan intensas y bien ejecutadas que uno puede olvidarse del escaso argumento y, simplemente, disfrutar.

La última media hora del film se centra exclusivamente en el enfrentamiento final de Dutch y el alienígena, desafío que el director resuelve a la perfección, sin dejar que el espectador se aburra ni un minuto, aun cuando apenas se pronuncie una sola palabra.

Las apariciones del Predator (encarnado por el gigante Kevin Peter Hall tras la renuncia de Jean-Claude Van Damme tras sólo dos días de rodaje) están bien dosificadas. Su aspecto es lo suficientemente repulsivo como para provocar sorpresa y dar ganas de que Schwarzenegger le acabe aplastando la cabeza. Por otro lado, su camuflaje digital, su armadura de guerrero y su visión térmica funcionan perfectamente como gadgets tecnológicos extraterrestres.

Los combates están aderezados con la cantidad precisa de pirotecnia y pistolones del tamaño de monovolúmenes, y las maniobras y movimientos militares dirigidos con estilo y verosimilitud gracias al asesoramiento de un especialista de las fuerzas especiales (uno de los actores, Jesse Ventura, fue navy seal en Vietnam).

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El rodaje en las selvas tropicales mexicanas fue un duro y exigente para los actores y el equipo (calor y humedad, relieve accidentado, insectos), pero los resultados merecieron la pena. McTiernan supo utilizar la inmensa espesura verde para igualar la sensación de claustrofobia, opresión y aislamiento que transmitían los corredores y bodegas del "Nostromo" de Alien (1979). Más aún, la selva fue sólo uno de los elementos que hacían de Depredador la primera película que fundía la ciencia-ficción con un típico escenario de la guerra de Vietnam: unos soldados empapados en sudor, perdidos en una muralla verde impenetrable, tras la que acecha un enemigo capaz de camuflarse hasta hacerse invisible, y que somete a los impotentes norteamericanos a una lenta tortura física y psicológica.

Depredador fue un éxito en taquilla y ha disfrutado siempre de una saludable vida en el ámbito del vídeo primero y del DVD más tarde. Su buen resultado se extendió a otros ámbitos más allá del mero rendimiento económico. Ayudó a popularizar la moda de las películas ultraviolentas y empapadas de adrenalina que saturaron las pantallas en los años ochenta ‒otros ejemplos dentro del ámbito de la CF fueron Terminator (1984) o RoboCop (1987)‒. No sólo eso, sino que Depredador cimentó la fructífera relación de Schwarzenegger con la ciencia ficción, relación que había comenzado con el mencionado Terminator y que continuaría con Desafío total (1990) y dos secuelas del robot futurista (1991, 2003). Y también sirvió de excelente carta de presentación para John McTiernan (que sólo había firmado un film anterior, Nomads (1986)): un año después se encargaría de La jungla de cristal (Die Hard), una de las películas de acción más importantes de la década, seguida poco después por La caza del Octubre Rojo (1990).

La película resultó ser también el punto de partida de una rentable franquicia para el estudio, generando dos secuelas cinematográficas. Depredador 2 (1990), protagonizada por Danny Glover, se ambientaba en la jungla urbana de Los Ángeles. Glover interpretaba a un policía que se da cuenta de que el responsable de la cadena de sangrientas muertes es un alienígena, enzarzándose en una guerra de ingenio con la criatura que termina, de forma tan inverosímil como la primera parte, con la derrota de ésta. Lo único que merece la pena destacarse es que su director, Stephen Hopkins, se tomó la molestia de distanciarse algo de la acción principal para parodiar a los medios de comunicación norteamericanos.

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Por su parte, Predators (2010), con Adrien Brody y Laurence Fishburne, retomaba la premisa inicial de un grupo de soldados de élite atrapados en una jungla para ser cazados por los alienígenas, resolviendo la cuestión de un modo correcto aunque predecible.

En otro ámbito, en 1989 Dark Horse Comics lanzaba una miniserie en la que los Predators se enfrentaban a los Aliens. Con el tiempo, los cazadores alienígenas acabarían compartiendo viñetas con casi todo el mundo, desde el Juez Dredd hasta Batman, pasando por los X-Men. Durante años, hubo rumores acerca de guiones para un enfrentamiento cinematográfico entre los monstruos de Giger y la criatura de Stan Winston. Hasta que, por fin, en 2004, se estrenó la decepcionante AVP: Alien vs Predator que, sin embargo, obtuvo suficiente aceptación como para propiciar una secuela, AVPR: Aliens vs Predator-Requiem (2007).

Puede que la interesante premisa inicial de Depredador se diluya hasta convertirse en una aventura predecible y vulgar, pero McTiernan hizo de necesidad virtud, y de un guión banal, sin personajes ni mensaje, se quedó con lo único que tenía, la acción, dirigiéndola con pulso, suspense y ritmo. El resultado: una de las mejores películas de acción/ciencia-ficción de la década.

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Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, con licencia CC, y editado en Thesauro Cultural (TheCult.es) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar). Colabora en el podcast Los Retronautas.

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