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“Hay que tomarse el zumo recién exprimido, que si no, se le van las vitaminas”. Deborah García Bello sabe hoy que el viejo consejo de su abuela no era verdad. También ha descubierto que beber jugos de frutas no es tan saludable como nos han contado, porque todos, caseros o industriales, se metabolizan como si estuviésemos bebiendo azúcar. Aun así, esta licenciada en Química confiesa que sigue desayunando zumo cada mañana, pero no se engaña pensando en sus propiedades nutritivas; lo toma porque le encanta.

A estas alturas de nuestra vida digital, se hace preciso iniciar un desenfrenado sprint en busca de la verdad. Sin duda, es grave la expansión de la llamada posverdad ‒es decir, de las noticias falsas de toda la vida‒, pero aún me parece más dañina la proliferación de mentiras y mitos, no necesariamente nuevos, relacionados con nuestra salud.