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El mundo del pulp fue muy amplio. Pero rico en autores, publicaciones e ideas como fue, no resulta fácil encontrar historias canónicas, obras de gran calidad que marcaran el medio o narraciones literariamente dignas de reseñar. Ello obedece a diversas causas: la brevedad de muchos de los propios relatos; una estructura editorial voraz cuya prioridad era rellenar a tiempo las páginas de sus publicaciones por encima de consideraciones literarias; autores que, por sí mismos u obligados por los editores, se conformaban con seguir tópicos de probado éxito…

Howard V. Brown (1878-1945)

Howard Vachel Brown era ya un artista maduro en los años treinta, cuando la ciencia-ficción encontraba su lugar entre las revistas populares de género. Aunque su trabajo dentro de este campo supuso una proporción relativamente pequeña de su prodigiosa producción, ello no ha impedido que se le considere uno de los grandes artistas que en aquella década ayudaron a perfilar el aspecto visual de la ciencia ficción (los otros fueron Frank R. Paul, H.W. Wesso, Virgil Finlay y Leo Morey).

John W.Campbell fue una de las figuras más importantes de la ciencia-ficción, no tanto por las novelas y relatos que firmó como por su labor al frente de la revista Astounding Stories . Nacido en 1910 en Newark, New Jersey, consiguió matricularse en el Massachussetts Institute of Technology (MIT) al tiempo que comenzó a escribir relatos de ciencia-ficción para el boyante mercado de las publicaciones pulp. En 1930, a los diecinueve años, vendió su primera historia y no tardó en conseguir cierta reputación en el medio mientras proseguía sus estudios. En esto último tuvo menos suerte: hubo de abandonar el MIT tras suspender alemán. Asistió entonces a la Universidad de Duke, en la que se graduó en Física en 1932, el mismo año en que apareció publicado este relato corto.

"Wonder Stories" (1929-1955)

En este espacio he escrito abundantemente acerca del fenómeno pulp que tuvo lugar principalmente –aunque no de forma exclusiva– en los Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Hablé en anteriores artículos de las revistas pioneras como The Argosy, del importante papel que jugaron Hugo Gernsback y su Amazing Stories en la introducción de la ciencia-ficción en ese formato editorial y de algunas de las figuras más relevantes e influyentes que trabajaron para aquéllas publicaciones, ya fueran escritores como Edgar Rice Burroughs o E.E. Smith o ilustradores como Frank R. Paul o Virgil Finlay . Os remito a ellas para no caer en innecesarias repeticiones.

La importancia de las revistas pulp para la ciencia-ficción fue doble: en primer lugar, incrementó la base de lectores, especialmente en los Estados Unidos (aunque, al mismo tiempo, contribuyeron a enclaustrarlos en un universo autoreferencial de límites bastante restringidos y marginado por parte de la élite cultural). Por otra parte, e igualmente importante, esas publicaciones fijaron por primera vez una estética muy particular y distintiva que favoreció el tránsito del género de un medio verbal a uno visual, un tránsito que cobraría cada vez mayor relevancia.

"Amazing Stories" (1926)

En Europa, los temas explorados por el "romance científico" retomaron la atención de buen número de escritores y lectores en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Pero el desarrollo del género siguió un camino muy diferente en los Estados Unidos. Allí no fueron autores o editoriales "serios" los que cultivaron la incipiente ciencia-ficción, sino lo que se conoce genéricamente como revistas pulp: publicaciones editadas en papel de mala calidad y dirigidas a un relativamente pequeño grupo de entregados seguidores.

Los pulp fueron especialmente populares en Estados Unidos, donde contribuyeron a reunir una gran masa de lectores de la que saldrían, algo más adelante, los fans incondicionales de la ciencia-ficción adulta.

La historia de Gernsback es típica del sueño americano. Él mismo era un soñador entusiasta, un fervoroso creyente en que el siglo XX sería un futuro brillante que nos liberaría gracias al conocimiento.

"Air Wonder Stories" (1929)

En 1929, Hugo Gernsback –cuya figura absolutamente fundamental para el género de la ciencia-ficción, en su calidad de editor, glosaremos en otra ocasión– perdió el control de su hija predilecta, Amazing Stories, cuando su compañía cayó en la bancarrota, y no tanto por falta de éxito sino por una serie de inversiones financieras que terminaron en juicio. Pero el pionero editor no se rindió, ni mucho menos. En cuestión de meses tenía otras tres revistas en el mercado, una de la cuales fue esta Air Wonder Stories (las otras fueron Science Wonder Stories y Science Wonder Quarterly).