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En la profundidad del océano, entre arena que nadie ha pisado, habita un organismo que es difícil distinguir, un animal misterioso que cambia de forma. De un hueco emerge este extraño individuo y recorre con sigilo el fondo marino en busca de alimento. Ondula y asciende lentamente para lograr una mejor visión. Repentinamente detecta algo que lo hace parar: un tiburón; y en una fracción de segundo altera su forma, adquiriendo la de un animal espinado, de piel de otro color y un patrón rayado. El tiburón se detiene, se aleja y finalmente desaparece, tiene miedo de arriesgar su integridad.

Los polimitas son unos moluscos terrestres endémicos de Cuba, con una paleta de colores que les ha convertido en objeto de deseo de coleccionistas de todo el mundo. La colección de polimitas del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) aúna belleza e historia, ya que la gran mayoría de los especímenes fueron colectados en el siglo XIX.

Es una de las especies más amenazadas del mar Mediterráneo y ha sido el primer invertebrado y la primera especie marina para la que se ha elaborado una estrategia nacional de conservación. Desde la antigüedad, ha sido una presa apetecible para el hombre por su gran tamaño y su fácil captura. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) custodia valiosos ejemplares históricos de este emblemático molusco.

Podría decir que el kraken es, casi con total seguridad, el monstruo marino por antonomasia. Quizás porque el término Kraken ha ido englobando y engullendo multitud de monstruos diferentes, valgan como ejemplo la Scilla de la mitología griega, el “pólipo” de Cayo Plinio Segundo (Plinio el Viejo), la “Soe Orm” de Olaus Magnus, el monstruo de siete cabezas de Gesner, el del clérigo Egede y un buen número de otros monstruos, que podrían asimilarse a calamares gigantes, serpientes marinas (Regalecus glesne Ascanius, 1772) o agrupaciones de cetáceos, que fueron recogidas por los enciclopedistas del Renacimiento.

Los conos son caracoles marinos muy populares entre el gran público por la gran variedad en forma, tamaño y color de sus conchas, además de por ser animales altamente venenosos. Debido a la belleza de sus conchas –el pintor Baltashar van der Ast, por ejemplo, solía incluirlos frecuentemente en sus bodegones– son, desde hace siglos, objeto de interés y parte importante de numerosas colecciones de historia natural tanto públicas como privadas.

Domingo Badía y Simón de Rojas fueron los protagonistas del viaje, mitad científico mitad político, que originó una colección que aunaba ejemplares de los tres reinos de la naturaleza del sur de la Península Ibérica, Francia, el Mar Rojo, Filipinas o América. Hoy en el Museo Nacional de Ciencias Naturales siguen la pista de los moluscos de esta colección que un tal Alí Bey depositó en el Real Gabinete.