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Podría decir que el kraken es, casi con total seguridad, el monstruo marino por antonomasia. Quizás porque el término Kraken ha ido englobando y engullendo multitud de monstruos diferentes, valgan como ejemplo la Scilla de la mitología griega, el “pólipo” de Cayo Plinio Segundo (Plinio el Viejo), la “Soe Orm” de Olaus Magnus, el monstruo de siete cabezas de Gesner, el del clérigo Egede y un buen número de otros monstruos, que podrían asimilarse a calamares gigantes, serpientes marinas (Regalecus glesne Ascanius, 1772) o agrupaciones de cetáceos, que fueron recogidas por los enciclopedistas del Renacimiento.

Los conos son caracoles marinos muy populares entre el gran público por la gran variedad en forma, tamaño y color de sus conchas, además de por ser animales altamente venenosos. Debido a la belleza de sus conchas –el pintor Baltashar van der Ast, por ejemplo, solía incluirlos frecuentemente en sus bodegones– son, desde hace siglos, objeto de interés y parte importante de numerosas colecciones de historia natural tanto públicas como privadas.

Domingo Badía y Simón de Rojas fueron los protagonistas del viaje, mitad científico mitad político, que originó una colección que aunaba ejemplares de los tres reinos de la naturaleza del sur de la Península Ibérica, Francia, el Mar Rojo, Filipinas o América. Hoy en el Museo Nacional de Ciencias Naturales siguen la pista de los moluscos de esta colección que un tal Alí Bey depositó en el Real Gabinete.