Trestesauros500

Las historias entretienen, ilustran, educan, inspiran, obsesionan, asombran y hasta pueden cambiar el mundo. Y si una historia puede hacer todo eso, aquellos que las conocen, que las cuentan, tienen más poder del que podría pensarse. El problema es que intentar aprovecharse de ese poder más allá de unos límites es jugar al aprendiz de brujo, pretender controlar unas fuerzas que en realidad se desconocen y, en último término, sufrir las consecuencias de tal osadía.