La ciencia básica es… ¡básica!

La ciencia básica es… ¡básica! Imagen superior: EMSL, CC

Cuando se habla de grandes empresas científicas como el Proyecto del Genoma Humano, que descifró la información genética completa de nuestra especie, o el Gran Colisionador de Hadrones, que echó a andar para desentrañar varios de los misterios más profundos de la física, es común que surja una pregunta: ¿vale la pena?

La preocupación es válida: los dos proyectos mencionados tuvieron, cada uno, un costo aproximado de 10 000 millones de dólares. ¿Se justifica gastar esa cantidad en la llamada “ciencia básica”, en vez de invertirla, digamos, en combatir el hambre o la pobreza?

Pero la pregunta lleva ya, implícitamente, cierto prejuicio: que la ciencia básica “no sirve para nada”. Para nada más, claro, que para entender la naturaleza.

Se trata de un supuesto incorrecto. La ciencia no es una fábrica que pueda programarse para producir conocimiento bajo pedido. Si así fuera, ya tendríamos la cura del sida y el catarro común. La ciencia real trabaja de manera más bien desordenada y azarosa. Un investigador científico sabe dónde comienza su búsqueda de conocimiento, pero no a dónde lo llevará.

Este proceso continuo de exploración puede parecer poco eficiente… y en efecto lo es. Y sin embargo, de vez en cuando produce descubrimientos de tal magnitud que el mundo ya nunca vuelve a ser el mismo. Estos grandes hallazgos típicamente generan nueva tecnología que le permite a la humanidad hacer cosas que antes eran imposibles. Y esta tecnología, en países que saben aprovechar tales oportunidades, llega a generar industrias que mejoran su economía y elevan el nivel de vida de su población.

El descubrimiento de la electricidad, por ejemplo, en el siglo XVIII, no parecía ir más allá de un fenómeno curioso, pero básicamente inútil. Sus aplicaciones técnicas y comerciales comenzaron a aparecer poco después. Hoy una sociedad moderna sería impensable sin energía eléctrica. Algo similar ocurrió con el desarrollo de la electrónica y los transistores, antecesores de los actuales microprocesadores que hacen posible la computación y las telecomunicaciones.

Y la moderna tecnología de análisis del ADN, hoy usada constantemente en ciencia, medicina, industria e investigación forense, derivó de la ciencia básica que descubrió la estructura en doble hélice del ADN, en 1953.

La ciencia básica, lejos de ser inútil, es la raíz del árbol científicotecnológico- industrial que permite que algunos países —los que saben cuidar de él— pertenezcan al primer mundo, mientras que otros, carentes de una cultura que aprecia y aprovecha la ciencia, sigamos siendo parte del tercero. Invertir en grandes proyectos científicos siempre producirá, a largo plazo, beneficios mucho mayores que cualquier inversión que se haya hecho en ellos.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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