"Breve historia de la química", de Isaac Asimov

Hay un matiz intransferible que poseen los mejores divulgadores científicos. En el caso de Isaac Asimov, la pedagogía, la sabiduría y un punto de excentricidad formaron parte del mismo equipaje. Al fin y al cabo, hablamos de un pionero de ese arte que consiste en vulgarizar los saberes más complejos de forma que pueda entenderlos un lector como usted o como yo.

Aunque el autor de Breve historia de la química se hiciera popular gracias a la literatura de ciencia-ficción, creo que su vocación más profunda ‒la transmisión sistemática del conocimiento‒ se hace aún más patente debido a libros como el que nos ocupa.

Por si ello no bastara, la química fue el área de especialización de Asimov, que aquí hace todo un alarde educativo a la hora de mostrarnos su desarrollo, desde la Edad del Bronce hasta los laboratorios más sofisticados de nuestra era. Además, propone una digresión que nos dirige al campo de la física nuclear, muy de actualidad en los tiempos en que se lanzó la primera edición.

Editado originalmente en 1965, el libro alterna las dos facetas de su autor. Por un lado, está escrito con esa ligereza y precisión que son propias de su estilo literario, y por otro, realza el carácter científico de Asimov, quien antes de ser novelista de éxito fue profesor de bioquímica en la Universidad de Boston.

En el terreno editorial, hablamos de dos líneas paralelas: Asimov comienza a escribir cuentos en 1937, su primera novela data de 1949, y tres años después ya publica su primer ensayo. En todo caso, su fama como divulgador data de la época en que la revista Magazine of Fantasy and Science Fiction le invitó a escribir una columna cada dos meses. Escritos entre noviembre de 1958 y la fecha de su muerte, esos artículos dieron lugar a aquellas famosas antologías que Doubleday le fue publicando a lo largo de su vida, y que muchos científicos actuales mencionan como decisivas a la hora de fomentar su vocación.

Asimov fue un autor inmensamente prolífico (Cuenta Martin Amis que, tras entrevistarle en 1980, le dijo: "Me gustaría concederle más tiempo. Pero, si me disculpa tengo algunos libros que escribir".) No obstante, dentro de esa dilatada bibliografía, Breve historia de la química no ha perdido vigencia y sigue mereciendo reediciones.

Entiendo que hablar de un texto amigable parece disminuir su categoría, y sin embargo, no imagino otra obra más cordial que ésta para acercarnos al exuberante universo de la química. En cada página, Asimov vuelca su fascinación personal y se empeña en comunicarla, como si todos pudiéramos exaltarnos al conocer el descubrimiento de la electrólisis o la reacción nuclear en cadena.

A nadie se le oculta que, al tratarse de una historia de la química, el asunto debe resultarle grato al lector. Si es así, y existe una curiosidad previa por parte de quien se acerque a sus páginas, el disfrute intelectual está garantizado.

Sinopsis

Con la concisión y amenidad que le son características, Isaac Asimov traza en esta obra la evolución del dominio de conocimiento que ha llegado a ser la Quimica, desde el momento en que el hombre comenzó a efectuar alteraciones en la naturaleza de las sustancias de una forma intuitiva, hasta la edad moderna, momento en el que paso a paso se fue constituyendo plenamente como disciplina científica.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Alianza Editorial. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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