En memoria de Ferdinand Hiller

Ni siquiera el centenario de este músico francfortés sirvió para repasar, al menos en parte, su obra. El compacto que hoy les recomendaré cumple acabadamente con iluminar la sección pìanística de ella. Pensemos que Chopin elogió su don poético, su fuego y su espíritu (sic), que Mendelssohn lo situó en la primera fila de su tiempo y que Schumann lo juzgó pleno de fantasía y de pasión. El primero era sensible y enfermo, el segundo era elegante y alerta, y el tercero podía ser la mar de malévolo por lo que un trío de semejantes coincidencias significan algo a tener en cuenta.

En esta entrega podría situarse Hiller a mitad de camino entre el arrebato schumanniano y la sensatez mendelssohniana. O, si se prefiere, en la tradición chopiniana, es decir la vibración romántica unida a la obediencia de claridad como deber clásico. Si bien en la sonata el tratamiento de cada movimiento es el convenido, la estructura de las obras resulta muy personal porque son tripartitas y las velocidades son variedades de una misma agitación, lo que da a los conjuntos cierto perfil de rapsodias montadas sobre secciones sonatísticas.

En las pequeñas series de piezas breves, en cambio, la opción romántica se hace evidente y resulta inevitable recordar las Canciones sin palabras de Mendelssohn. En especial cuando acude a la forma de la gacela, una pieza estrófica medieval de la literatura árabe que fue rehabilitada en el siglo XX por la última manera de García Lorca en su Diván del Tamarit.

La obra hilleriana es una prueba enésima de la perduración romántica durante el Ochocientos, debida a la influencia de las fuentes que alimentaron el movimiento y a su incorporación potente por los cauces académicos e institucionales. Se puede afirmar, sin riesgo de énfasis, que nació junto con el gran momento de Beethoven y murió en la plenitud de Brahms. Ahí queda eso.

Disco recomendado:

FERDINAND HILLER (1881-1885): Obras para piano Alexandra Oehler, piano / CPO / Ref.: 777584-2 (1 CD) D2

Copyright © Blas Matamoro. Imágenes y notas informativas extraídas de diverdi.com. Este artículo se publica en The Cult por cortesía del autor y de Diverdi. Reservados todos los derechos.

 

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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