graciasportadadefesq

Debido a algún prejuicio o idea hecha, no tenía ganas de ir a ver esta película. También los espectadores somos a veces como esos productores americanos que valoran a un director en función de su última obra. Y supongo que no me gustó la última cinta que vi de Bernardo Bertolucci, aunque lo cierto es que tampoco recuerdo que me disgustara.

Me gusta la manera en la que Hou Hsiao-Hsien comienza las películas. En la escena inicial de Millenium Mambo (2001), una chica caminaba a paso vivo por pasos a nivel y túneles de una gran ciudad y trasmitía una energía contagiosa.

En 1990 el cineasta Martin Scorsese creó The Film Foundation, una fundación sin ánimo de lucro encomendada a la preservación y restauración de películas de cine clásico.

Las armas de mujer no son, en el caso de Melanie Griffith (Tess McGill en la película), ni sus peinados ni sus imposibles estilismos. Todos, tipo choni ochentera. Nada de glam ni de camp. Un horror. El pelo amarillo cardado, las hombreras descomunales, los calcetines sobre las medias de rejilla, los maquillajes teatrales…todo un recital de mal gusto propio de quien no sabe usar los cubiertos de pescado aunque tiene sobrada ambición para conseguir comer con las manos sin que a nadie le importe.

En la ceremonia de los Oscars de 1994 esta película pasó desapercibida a pesar de sus siete nominaciones. Fue el año de Forrest Gump y, en menor medida, de Pulp Fiction, así que la cinta se quedó rezagada en el aplauso del público y la consideración de la crítica hasta que el boca a boca comenzó a surtir efecto.

Peter Coyote tiene eso que Edgar Morin llama una mente bien ordenada. Lo descubrí al poco de entrar en la habitación de hotel madrileño donde íbamos a realizar la entrevista. Me saludó en español, y al cabo de unos minutos, comprendí que Coyote es un personaje de otra época: sensible y con una cultura compleja y elaborada, que le permite abordar las cuestiones más difíciles con gran seguridad.

Fruto de la colaboración entre el animador Ralph Bakshi y el genio de la ilustración Frank Frazetta, Tygra: Hielo y Fuego (Fire and Ice) fue distribuida por 20th Century Fox con la esperanza de atraer a los seguidores del género de espada y brujería, puesto de moda tras el estreno de Conan el Bárbaro.

Allá por 1957, J.R.R. Tolkien recibió la visita de un conocido editor de revistas y promotor del fandom, Forrest J. Ackerman, a quien acompañaban dos productores, Morton Grady Zimmerman y Al Brodax.

Los hombres atormentados atraen a las buenas chicas. Esa es una realidad que el cine reafirma en un sinfín de ocasiones. Son hombres con un perfil muy variado pero con un denominador común: son seres adustos, que guardan secretos del pasado, que necesitan imperiosamente la redención por el amor.

Sevilla 1961. Luis Caballero Polo (1919-2010) trabajaba en el Hotel Alfonso XIII. Su elegante figura, su señorío natural, su cultura autodidacta, eran el complemento adecuado a su talento, el que le había servido en los tiempos de la prisión y los trabajos forzados: cantar flamenco.

En los días finales del Movimiento por los Derechos Civiles que terminó en Estados Unidos con el asesinato de Martin Luther King en abril de 1968 (dos días antes de la ceremonia de entrega de los Oscar), se rueda esta película que tiene la doble cualidad de ser un film policíaco y un alegato antirracista.

No conozco a ningún adolescente que no se enamore de esta película. Que no imagine que forma parte del argumento, que no sienta removerse algo dentro de sí al visionarla por primera vez. Esta es la película que tienes que ver a los trece años. Tendría que formar parte de la iniciación a la juventud, tendría que ser asignatura obligatoria en la educación sentimental, tendría que incluirse en el pack que los padres utilizan, con mayor o peor fortuna, para enseñarles a los hijos que la vida está por delante.

Me supongo que ya conocen la historia. Un mercader sin dinero (Marcel André), con un hijo, Ludovic (Michel Auclair), y tres hijas: las insufribles Félice (Mila Parély) y Adélaïde (Nane Germon), y la adorable Belle (Josette Day). El padre se adentra en un bosque sombrío, llega a un castillo, y al encontrar la rosa mágica que allí se oculta ‒y que espera regalar a Belle‒, es atrapado por la Bestia (Jean Marais). Cumpliendo el destino que todos esperamos, Belle decide ser el rehén de la Bestia, e inicia así una incierta vida en el castillo.

Antes de que me lo pregunten, debería decir que uno puede admirar los productos de Disney sin olvidar que los dibujos animados no son un invento (ni una exclusiva) de dicha compañía. En este sentido, siempre he pensado que Heavy Traffic es el mejor contrapunto a la mágica felicidad que transmiten Blancanieves o La Bella y la Bestia.

Los años sesenta no fueron muy propicios para Sherlock Holmes en la gran pantalla. Así lo demuestra Estudio de terror (A Study in Terror, 1965), mediocre producción, anclada en la estética de aquellas fechas, que consigue que se esfumen las expectativas del espectador a medida que avanza el metraje.

Pasaron trece años desde la última cinta en la que Basil Rathbone interpretó a Holmes hasta la siguiente aparición del detective en la gran pantalla. El motivo no es otro que la aparición y auge de la televisión.

Está casi fuera de toda discusión que Basil Rathbone encarnó de manera magistral al personaje de Sherlock Holmes, tanto por su aspecto físico como por su formidable interpretación.

Clive Brook fue el primer actor que dio vida a Sherlock Holmes en el cine sonoro, concretamente en la película The Return of Sherlock Holmes (1929). Cuando Brook encarna al famoso detective, la filmografía de Holmes ya acumula un buen número de películas mudas.

Tras el rodaje de la versión hablada en español de Drácula (1931) ‒a la que ya dedicamos un artículo en esta revista‒, la figura del vampiro no reapareció en la cinematografía hispana hasta 1957, cuando se filmó El vampiro, película dirigida por Fernando Méndez, uno de los grandes nombres del fantástico mexicano.

La película Drácula (1931), de Tod Browning, es un título de la Universal Pictures de suma importancia dentro de la Historia del Cine y, en particular, del género fantástico. Tiene los honores de haber sido una de las primeras producciones fantásticas de la época sonora, y es la primera película norteamericana que presenta la figura del vampiro, partiendo de la novela de Bram Stoker.

Una historia alucinante (The Night Stalker, 1972) y El estrangulador de la noche (The Night Strangler, 1973) son dos telefilms protagonizados por el periodista Carl Kolchak, un detective de lo oculto que luego inspiró una de las series de televisión con mayor éxito y calidad de la historia del medio: Expediente X. Ambos títulos se deben a la fantasía de un escritor excepcional, Richard Matheson.

En 1924 tiene lugar el estreno de la primera representación teatral de Drácula, adaptada y dirigida por el actor y dramaturgo Hamilton Deane. Desde el teatro, se instaura la imagen prototípica del vampiro moderno que, posteriormente, difunde el cine gracias a la personificación de Bela Lugosi.

Al igual que otras obras de la escuela expresionista, Nosferatu ‒sobre cuya producción ya les hablé en un artículo anterior‒ también delata un trasfondo que podemos vincular con el ocultismo y la magia.

El escritor H.P. Lovecraft, el genio de Providence, sentenció que la emoción más fuerte de la humanidad es el miedo. Está claro que la industria del cine, nacida en los umbrales del siglo XX, no perdió la oportunidad de entretener a los espectadores por medio de ese sentimiento. Y lo mismo ocurrió con el público, siempre dispuesto a pagar una entrada para que lo asustasen.

Según consta en una mayoría de estudios, el actor húngaro vino al mundo el 20 de octubre de 1882 en Lugos, territorio de Hungría que luego pasó a formar parte de Rumanía. Su verdadero nombre fue Béla Ferenc Dezsö Blasko.

El detective creado por Sir Arthur Conan Doyle tiene el honor de ser el segundo personaje de ficción más veces llevado al cine, detrás de Drácula. Gracias a las adaptaciones de Guy Ritchie y a la teleserie que la BBC dedicó al detective, éste vuelve a demostrar que es un valor seguro en la cultura popular.

Al conocer la existencia de Bela Lugosi, llama la atención la bruma en que se ve envuelta su vida, con independencia de qué autor la estudie. Y es que no existe una biografía definitiva del actor húngaro. De hecho, sorprende que aún se difunda la superchería de que creía ser Drácula en sus últimos días. Incluso llega a repetirse que dormía en un ataúd y que dispuso ser enterrado con ropajes de vampiro cuando falleciera.

Esta es una de esas películas unánimes. Todos coinciden (coincidimos) en que es una obra maestra. Todos la recordamos con una sonrisa. Y, como ocurre con las buenas películas, cada uno de ella hace la lectura que mejor le cuadra.