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La imagen de ese Matt Damon empequeñecido, dispuesto a reinventar su vida en una ciudad liliputiense, puede ser interpretada como una metáfora de su propia crisis existencial. Por otro lado, esta fábula de Alexander Payne, bajo su apariencia de comedia de ciencia-ficción, sugiere también una identificación entre esos seres reducidos al tamaño de duendes y la única salida que le queda al ser humano para escapar de una catástrofe económica o medioambiental: buscar la euforia sin hacerse notar, reducir los gastos... En definitiva, decrecer.

Si Almodóvar enseñó a los españoles que el cine contemporáneo patrio puede ser exportable, Álex de la Iglesia fue quien abrió el camino a géneros y estéticas que parecían casi prohibidas en España, sin por ello tener que imitar modelos extranjeros ni perder nuestra identidad cultural, signifique eso lo que signifique.

Hay un lugar en Internet llamado Rotten Tomatoes donde se reúnen las críticas de la prensa especializada (estadounidense, en su mayoría) y de los usuarios para calcular un “consenso”, una puntuación final. Para muchos, esta puntuación es Ley indiscutible, y conviene callarse la opinión sobre una película hasta no haber consultado cuál es el “consenso”, para no ir contra la corriente.

Por diversas razones, hay películas que a uno le caen simpáticas, aunque no sean una maravilla. El vacío es una cinta que no está demasiado bien contada ni dirigida, pero se basa en cosas que muchos amamos, y al final eso se nota.

Trasladar un libro al cine tiene sus riesgos y su dificultad. Incluso en este caso, tratándose de un título que no es un best-seller y que no han leído demasiadas personas.

El cineasta griego Yorgos Lanthimos llamó la atención entre la cinefilia mundial con su segundo film, Canino (2009), una marcianada a medio camino entre el terror psicológico y la comedia grotesca.

El celebrado videojuego Grim Fandango (1997), el cortometraje Hasta los huesos (René Castillo, 2001) y el film El libro de la vida (Jorge R. Gutiérrez, 2014) son obras animadas que nos han transportado al “más allá” basándose en la iconografía del Día de Muertos mexicano. Ahora, Disney y Pixar aportan su granito de arena en un film que, dados los citados precedentes, carece de esa originalidad con la que nos han sorprendido a lo largo de los años los responsables de Toy Story, WALL-E o Up.

La promoción de esta película se apoya en unos entrecomillados de la prensa especializada en los que se establecen comparaciones con Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). Un arma de dos filos, claro, porque por un lado es un halago, pero por otro levanta expectativas difíciles de cumplir.

La nueva entrega de la exitosa saga de thrillers llega a España con el título de Saw VIII, aunque su título original es Jigsaw (Puzle), el apodo de John Kramer (Tobin Bell), cerebro criminal detrás de las retorcidas tramas de estas películas.

Agatha Christie es una de las novelistas más populares que jamás han existido (prácticamente en todos los hogares hay, al menos, uno de sus libros), y Asesinato en el Orient Express bien podría ser su obra más famosa.

No es mucho lo que un viejo lector de tebeos le pide a una película de estas características.  Si lo pensamos bien, el problema ‒para quien quiera verlo‒ es que hemos convertido el subgénero de los superhéroes en algo que sólo llegó a ser raramente: algo profundo y tirando a serio, con una gravitas desproporcionada.

A comienzos de los años 90, el cine de terror casi despareció, quizá por la sobrexplotación de las dos décadas anteriores, o posiblemente por el auge del thriller erótico (a causa del éxito de Instinto básico) y el thriller psicológico (por culpa de El silencio de los corderos).

Kornél Mundruczó (sí, he copiado y pegado el nombre, como ha hecho todo español que ha escrito sobre él) recordó al mundo que el cine húngaro existe, y que además puede ser impactante y vistoso, como demostraron las muy comentadas Semilla de maldad (2010) y White God (2014), películas “de festival” que también triunfan en las salas de versión original.

¿Está recuperándose en cine de acción estadounidense? Todavía es pronto para decirlo, pero después del daño hecho por Michael Bay y por el estilo pseudo-documental, se está notando cierta tendencia que trata de rescatar la acción en la que el espectador aprecia lo que está pasando y disfruta del trabajo de los especialistas, en lugar de asistir a un confuso batiburrillo de primeros planos e imágenes movidas.

¿Recuerdan Línea mortal (Flatliners)? No se preocupen, casi nadie lo hace. Más allá de la presencia de una recatada Julia Roberts en pleno auge y de Kiefer Sutherland soltando la célebre frase cheroqui “Es un buen día para morir”, aquel film de 1990 no se cuenta entre lo más memorable del director Joel Schumacher.

Estrenada un par de semanas después de La piel fría, esta nueva película del director francés Xavier Gens nos lleva a los evocadores parajes de Rumanía con este clásico relato de posesiones y exorcismos.

¿Recuerdan en qué consiste el glam, no? Todo comenzó en 1971. Música pegadiza, riffs de guitarra, toques de music-hall, vestuario extravagante, maquillaje, dandismo y mucha ambigüedad. Aquel estilo se encarnó en Marc Bolan y T.Rex, en David Bowie, The Sweet y Gary Glitter. El invento triunfó, por supuesto, y luego fue derramando su purpurina sobre otras corrientes musicales, empezando por el rock operístico de Queen.

A lo largo de los años, los aficionados al cine han recurrido al término “película Sundance” para referirse a determinadas producciones independientes norteamericanas (estadounidenses y/o canadienses), que generalmente pasan por el célebre festival creado por Robert Redford y que, pese a ser muestras de cine alternativo, suelen compartir ciertos rasgos estéticos y narrativos reconocibles por parte de la cinefilia.

Pese a lo que pueda parecer, las películas de robos nos hablan de nuestra propia experiencia. No de nuestras tentaciones delictivas, por supuesto, sino de esos anhelos que podríamos colmar con un arranque de coraje. O de locura. Al fin y al cabo, un gran robo de guante blanco exige esas tres condiciones: ganas de dar ese golpe que cambiaría la vida de cualquiera, valentía para seguir el plan, y por supuesto, la chifladura necesaria como para no pensar en el juez o en la cárcel.

Esta recopilación de cortos, elaborada y narrada por Thierry Frémaux (director del Instituto Lumière en Lyon) tiene intenciones claramente didácticas, y sin duda, formará parte de las clases de cualquier futuro estudiante de Imagen, pero también resulta fascinante para todo aficionado al cine o a la Historia en general.

Publicada hace ya más de una década, La pell freda se editó en catalán y su excelente acogida provocó que fuera traducida al castellano y a casi 40 idiomas más, todo un éxito para su autor Albert Sánchez Piñol, quien ahora ve su obra más famosa adaptada a la gran pantalla.

Tras la temporada cinematográfica estival, con los estrenos de enormes superproducciones, llega lo que se suele denominar temporada de Halloween, que ocupa el comienzo del otoño. Son semanas en las que se suelen estrenar entregas de franquicias populares del cine de terror. Producciones en las que la relación entre el modesto presupuesto y la jugosa recaudación es el sueño de cualquier contable.

Pido de antemano excusas a la RAE si se me cuela alguna tilde en el “Solo” del título de esta película, pero no es fácil enseñar trucos nuevos a un perro viejo.

Ha querido el destino que Anne Wiazemsky haya fallecido una semana antes del estreno de esta película basada en su autobiografía (Un an après), donde se narra su relación artística y personal con el cineasta Jean-Luc Godard.

Resulta inevitable ver esta película y recordar otras como La costa de los mosquitos (Peter Weir, 1986) o Captain Fantastic (Jack Ross, 2016), ya que vuelve a contar la historia de un hombre idealista y fuera de la sociedad, pero también "responsable" de una familia a la cual arrastra por su difícil camino, con resultados no especialmente felices.

Un tipo pasa un fin de semana en la montaña con la Santísima Trinidad. Sí, ese el argumento de la película, uno de esos planteamientos que se toman o se dejan, pero que Son lo que Son (parafraseando al Creador).

Villeneuve sabe que en su film es necesario que hable el pasado. Al fin y el cabo, Blade Runner 2049 es una secuela ‒una magnífica secuela‒ de un clásico que, a pesar de su edad, sigue definiendo en nuestro imaginario ese porvenir oscuro, condicionado por la biotecnología, por la inteligencia artificial y por los desastres medioambientales.

Aventuras y romance en una modélica película que sigue, paso a paso, fórmulas que llevan funcionando desde siempre, y posiblemente lo sigan haciendo hasta el fin del mundo.