El pionero de la visión exterior de España fue el francés Louis Joseph Alexandre, Conde de Laborde (París, 1773-1842). Alexandre de Laborde era hijo de un noble que sufrió la guillotina en la época de la Revolución Francesa, Jean Joseph de Laborde, banquero de origen español. Él mismo fue militar y ocupó cargos en la administración napoleónica.

Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800), autor de los Sainetes, es considerado por Julio Caro Baroja el exponente máximo de lo que él llama “majismo andaluz” y que contrapone al “majismo madrileño”, representado por Don Ramón de la Cruz.

En una entrevista concedida el mes de junio de 2008 al Diario ABC de Sevilla la bailaora Eva Yerbabuena ponía el dedo en la llaga en esa famosa duplicidad que impregna la discusión flamenca desde hace años.

La Bienal de Flamenco de Sevilla 2016 va a ser el acontecimiento que certifique el punto de partida más cierto para el flamenco del siglo XXI. Podría parecer una exageración, si no fuera por los datos objetivos que avalan esto que digo. El análisis del programa es suficiente para afirmarlo así.

Imagen superior © Damián Calvo, Universal Music
El riesgo es consustancial al verdadero artista. Su propio temperamento así lo pide. Investigar, buscar, descubrir, crear, en suma. Así lo siente Miguel Poveda y así lo expresa en esa obra propia que va construyendo paso a paso, disco a disco, actuación a actuación. Frente a lo efímero del cante en directo está la permanencia de la discografía. Fuente y caudal, que diría Paco. Una obra que contiene pasajes de puro flamenco, que contenta a los ortodoxos y abre la puerta a los más atrevidos. Que indaga el terreno clásico de la copla, añadiéndole una relectura nueva, conservando su esencia, pero añadiendo ese toque personal que lo distingue. Que juega en el encuentro con las guitarras más destacadas del panorama musical español, a modo de artesanía musical, plagada de sorpresas.

Calixto Sánchez se ha ido. Ha dejado de cantar. Ha abandonado el mundo flamenco después de casi cuarenta años de profesión. Esos años tuvieron su aldabonazo cuando ganó el primer Giraldillo de la Bienal de Sevilla. Corría el año 1980 y la voz de aquel muchacho de Mairena del Alcor, que había sido aupado al concurso por mor de las peñas, retumbó con sonoridad única en el Teatro Lope de Vega, certificando el comienzo de un recorrido profesional que iba a estar marcado por algunas señales distintivas.

Y el agua se doraba…
El flamenco es un territorio de libertad. Libertad expresiva y compositiva. Aunque haya todavía quien lo niegue, cerrando los oídos a la evidencia. Y es, también, una música de creación. De autor, para entendernos. En sus más de doscientos años de existencia constatada ha tenido que escuchar a menudo que va a terminarse, que está en crisis, que lo puro se ha acabado, que lo nuevo va a terminar con el cuadro. Jeremíadas y lamentos. Ay, qué fue del cante jondo…Ya Lorca y Zuloaga y Falla y Manuel Ángeles Ortiz temían por su desaparición. Tanto, que despreciaron a los profesionales y fueron a buscar la fuente en donde no podía estar. Un milagro, el Niño Caracol, salvó el empeño, que si no… Si esos malos augurios hubieran tenido algo de verdad, el arte flamenco habría sucumbido hace tiempo pero, sin embargo, se muestra pleno, renovado y lleno de futuro.

Siéntate en mi cabecera / fija tus ojos en los míos / entonces, quizás no muera.

Primer Acto
En la Fuente de los Siete Caños de Priego de Córdoba todo está dispuesto. El escenario encara el espacio urbano, alargado y barroco, dejando a ambos lados el trasiego de gente que se mueve por este enclave único de la ciudad. Es verano, es tiempo de fiesta y tiempo, por tanto, de cante. El cante se ha llenado de ecos mairenistas y ahora es el momento en que irrumpe, por qué no decirlo, una voz diferente, con una escuela propia, con un aprendizaje minucioso, con un saber añejo pero renovado.

Hay un enclave español en el que el flamenco se escribe con mayúsculas. Cuando llega el mes de agosto el aire se torna denso, especial, inenarrable. Las plazas y las calles se dirigen todas al mismo objetivo. El sueño desaparece y es reemplazado por un duermevela constante en el que irrumpen de improviso los sonidos del pasado. Es La Unión. Y es el tiempo del Cante de las Minas.

En un interesante y documentado libro (El flamenco y los románticos. Un viaje entre el mito y la realidad, publicado por la Bienal de Flamenco, Sevilla), Rocío Plata Orellana nos ha desvelado la figura de un desconocido personaje que, como otros, se sintió atraído por España y dejó constancia escrita de ello.

La literatura de viajes es una fuente obligada para adentrarnos en el estudio de las ciudades y los países a lo largo del siglo XIX. Además de todo lo concerniente a rutas turísticas, monumentos o paisajes, es importante tener en cuenta que en esos libros se hallan valiosas referencias a los tipos, las costumbres y la cultura de los países. Por ello, a la hora de encontrar datos que nos ilustren sobre Triana y el flamenco, tenemos que comenzar nuestro recorrido por estos escritores.

La escuela gaditana de cate puede ser considerada una de las bases primigenias del flamenco y una de las que evolucionan con más rapidez, pues incorpora elementos de otras músicas con notable facilidad y porque continuamente interacciones con otros fenómenos musicales muy vitales, como el carnaval y la música clásica.

Tras el nombre de Silverio Franconetti, es el de Don Antonio Chacón el que concita la mayor unanimidad en su maestría flamenca. Si Franconetti convirtió al flamenco en un arte abierto a los públicos, Chacón lo confirmó y consolidó en lo que se conoce como la Edad de Oro.

El secreto de este libro está en su capacidad para abrirnos la puerta, cerrada a cal y canto, de una sociedad que se sostiene en un ámbito geográfico muy reducido pero cuyo núcleo vital acumula tantos sentimientos, deseos, odios, miedos y pasiones que traspasa los límites de su propia espacialidad.

Cuando yo era chica mi madre solía cantarnos a todas las hermanas lo que ella llamaba “coplas de pena”. Nos hacían llorar y por eso le pedíamos que se callara (aparte de que cantaba muy mal, todo hay que decirlo), que no cantara esas cosas tan tristes. Nosotras éramos de cantautores y pasábamos de coplas y sus aledaños. Pero ella insistía:

En la más influyente obra teórica que Mairena escribió, con el respaldo formal de Ricardo Molina, ya se adivina que el cantaor y estudioso del flamenco había caído en la cuenta de que Triana era, al menos, uno de los centros fundacionales del cante. Por ello, en Mundo y Formas del Cante Flamenco (1) la presencia de Triana se extiende a las descripciones de algunos cantes, sobre todo las tonás, soleares y seguiriyas, así como a la aparición de artistas de filiación trianera, por nacimiento o vivencia, la mayoría de los cuales sitúan Mairena y Molina, en ese arranque ingenuo de dividir el mundo en dos partes, del lado de la tradición y la autenticidad.

Desde hace mucho tiempo me vengo encontrando con Ignacio Sánchez Mejías. Acercarse al flamenco sin llegar a su figura es difícil, por no decir imposible. Porque es una de esas personalidades que están a la vera del arte, en ese territorio que ocupan los que han sentido el flamenco hasta el fondo, los que son hondos sin que podamos atribuirle ocupación flamenca alguna.

Su nombre no tiene el eco romántico de otros. Por eso, a veces, parece escondido y presa del olvido. Sin embargo, algunos de sus logros pueden oírse todavía en las gargantas de los artistas. Cantaora y cañaílla, María Borrico es, también, María Fernández Fernández, nacida en San Fernando en 1830, hermana del Viejo de la Isla y tía, por tanto, de Agustín Fernández Bernal, de quien parte la familia cantaora de los Melu de Cádiz.

En El cante flamenco, libro escrito por Ángel Álvarez Caballero, que recoge citas aportadas por Félix Grande y Anselmo González Climent, se acusa a Pepe Marchena de ser responsable de todos los males que han aquejado al flamenco por los siglos de los siglos:

Hablar del Concurso de Granada en el mundo flamenco es referirse a un acontecimiento astral, a un momento cenital del desarrollo de este arte. Es volver los ojos a una manifestación que estuvo plagada de incidencias, curiosidades, consecuencias, novedades...

Imagen superior: La Niña de los Peines
En el universo musical de Cádiz dos sones se entrecruzan de una manera cierta. Dos sones que, a partir de este enclave, se difunden y amplían, llegando a otras latitudes geográficas y musicales. Son el tango de carnaval y el tango flamenco.