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¿Una Yihad islámica organizada por la cristiana Alemania con el fin de debilitar a la también cristiana Gran Bretaña? Por paradójico que parezca, tal fue el propósito de una de las acciones de espionaje más rocambolescas de la Primera Guerra Mundial.

Rudyard Kiplig publicó Kim en 1901. Se trata de una magnífica novela de aventuras y de propaganda política. El núcleo de la trama gira alrededor del Gran Juego: la pugna que mantuvieron el Imperio Británico y el Ruso desde la mitad del siglo XIX hasta, prácticamente, la Segunda Guerra Mundial.

En el British Museum londinense se conserva el cuaderno de campo que el flamenco Anton van Dyck escribió durante su viaje italiano. Un viaje en el que, entre otros artistas consagrados, visitó a la entonces nonagenaria Sofonisba Anguissola.

Algunas personas recordarán el libro mortífero de Aristóteles que constituye un elemento fundamental en la trama de El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco publicada en 1980. El ejemplar, envenenado por un monje benedictino loco, causa estragos en un monasterio italiano del siglo XIV, pues mata a todos aquellos que, al leerlo, se lamen la yema del dedo para pasar las páginas envenenadas. ¿Podría ocurrir algo así en la vida real? ¿Envenenamiento por un libro?

José Ortiz-Echagüe (1886-1980), fotógrafo, militar e ingeniero aeronáutico, hizo su primera foto, “Sermón en la aldea” (1903), a la edad de dieciséis años.

"Siempre que encuentro alguien más o menos de mi edad, de gustos teóricos o éticos semejantes a los míos, alguien, en suma, que entiende la vida como yo (es decir, que no la entiende en absoluto), no tengo que bucear mucho tiempo en lo más íntimo y congenial de sus recuerdos para que aparezca, nimbado de gloria, Guillermo Brown."

A principios del siglo XX, la península de Arabia estaba bajo el dominio nominal del Imperio Turco. El control real lo ejercían diversos reinos y tribus. Los más importantes eran la casa de Saud, al este, controlando Riad, y los hachemitas, controlando el oeste y las ciudades santas de La Meca y Medina, en el Hiyaz.

Por la carretera que une Santo Domingo de Silos con Lerma se puede observar, desde bien lejos, una antigua iglesia con trazas de fortaleza. Se eleva sobre un cerro, dominando un puñado de casas escarpadas unas sobre otras.

Cuenta la leyenda que el monarca de Licia tenía un sirviente, de aspecto temible, poseedor de una estatura colosal que rondaría los doce codos de altura. No contento con servir a su rey, decide partir en busca del príncipe más poderoso de la tierra, con la intención de ponerse a su servicio.

Al final de la película El halcón maltés, el policía, con el halcón en la mano, pregunta: “¿Qué es? Y Humprey Bogart le contesta: “El material con el que se forjan los sueños". La cita procede de La tempestad, de Shakesperare, y no aparece en la novela original. Se trata de una licencia de John Huston.

El 25 de mayo de 1937 se abrió en París la Exposición Internacional. Se concedieron sendas medallas de oro a los pabellones de la Alemania nazi y de la Unión Soviética.

La relectura es una buena consejera. He releído un artículo de Manuel Ribas Piera que publicó la revista Arquitecturas Bis en su número 10 (noviembre de 1975), donde este arquitecto y urbanista barcelonés realiza un brillante análisis sobre los orígenes del neogótico y del romanticismo en el siglo XVIII.

Luisa Roldán, conocida como “La Roldana”. Imaginera sevillana. Considerada como la primera escultora española registrada. La calidad de su arte hizo que se fijase en ella el rey Carlos, segundo de su nombre. Sevilla, Cádiz y Madrid. Escultora de cámara desde 1692 hasta su muerte, en 1706.

Las Cervantas. Este es el nombre despectivo con el que eran conocidas, en todo Valladolid, las mujeres que vivían con Cervantes mientras ultimaba su obra inmortal. Las Cervantas eran su esposa Catalina de Salazar; sus hermanas Magdalena y Andrea; su hija (bastarda) Isabel, habida de una relación con Ana de Villafranca, tabernera madrileña; y su sobrina (también bastarda) Constanza, nacida de la relación de Andrea con Nicolás de Ovando.

La delgada línea roja es una expresión que utilizó el periodista William Howard Russell cuando ejerció de corresponsal en la guerra de Crimea (1853-1856). Se refería a la defensa que hizo el 93º Regimiento de Highlanders, manteniendo una posición contra la caballería rusa en la batalla de Balaclava, el 25 de octubre de 1854.

Sin llegar a establecer cuestiones más propias de la teoría literaria, subrayaré en estas líneas una de las claves más sutiles de la obra de Jardiel Poncela: el poso autobiográfico.

Las historias naturales son un crisol donde se mezclan la novela histórica, el libro de viaje, el humor y el género de terror. Sirvan estas líneas como recuerdo de los elementos que conjugó Joan Perucho para crear al vampiro tarraconense que protagoniza el libro: una criatura que reúne muchas de las características de los vampiros de las leyendas centroeuropeas, y también de las de sus congéneres en la ficción, tanto literaria como cinematográfica.

El 7 de marzo de 1911 Ernest Rutherford, que había sido Premio Nobel de Química en 1908, leyó en la Sociedad literaria y filosófica de Manchester una comunicación mediante la que presentó su modelo de la estructura atómica: un núcleo, pequeño, masivo y cargado positivamente, con electrones en órbita a su alrededor.

Yo siempre escribo del pasado. Hace ya tiempo que descubrí que no soy capaz de disfrutar el momento presente. No, al menos, con la intensidad con que, supongo, debería disfrutarlo.

Kenning (en plural, kenningar), en el nórdico antiguo, significa símbolo, el hecho de nombrar. Jorge Luis Borges en su Historia de la eternidad dedica un capítulo a las kenningar, y las describe como "menciones enigmáticas" que "cundieron hacia el año 100" en la poesía islandesa.

En los años 90 surgió la idea de que la mente humana, de forma muy elemental, está compuesta de módulos que realizan tareas especializadas, módulos que ya traemos como parte de nuestra “programación”. Salta a la vista que clasificar, o categorizar, es uno de ellos; su estudio es parte de la psicología cognitiva y de la filosofía del lenguaje.

Los forúnculos son dolorosos, pero no es eso lo que los hace tan conocidos. Su popularidad se debe a que son muy comunes y han acompañado desde siempre a la doliente humanidad, como lo constatan algunas momias egipcias.

El 14 de septiembre de 1793, al atardecer, Lord Macartney se presentó, como embajador británico, ante el emperador de la China, el anciano y astuto emperador Quianlong (contaba 83 años y hacía 57 que reinaba en China).

"No me imagino que en los anales de la historia ‒dijo Edward Jenner a propósito de esta gesta científica y humana‒ haya un ejemplo de filantropía tan noble y extenso como éste". Alexander von Humboldt añadió: "Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia".

Dice Pierre de Lancre (1553–1631), uno de los más terribles cazadores de brujas de la Edad Moderna: “He aquí la caldera sobre el fuego para fabricar todo tipo de venenos, ya sea a fin de causar la muerte y maleficiar al hombre, ya sea para dañar al ganado; una sujeta las serpientes y los sapos en la mano, y la otra les corta la cabeza y los despelleja, y después los echa en la caldera”.

¿Se puede ser feminista y falangista? Si te llamas Mercedes Fórmica la respuesta es: rotundamente sí.

En octubre de 1898 el káiser Guillermo II de Alemania realizó una visita de Estado al Imperio Turco. Se entrevistó con el sultán y después se dirigió, en el yate Hohenzollern, a Jerusalén; desembarcó en Jaffa (Haifa) e inmediatamente viajó a Ramala (a 15 kilómetros de su destino), donde se instaló. El viaje tenía como finalidad establecer lazos diplomáticos con los turcos, y la excusa de inaugurar la Iglesia luterana del Redentor.

Peter Watson en Historia intelectual del siglo XX dice, al final de un capítulo dedicado a la Francia de finales de la década de 1950, que aquel momento era "... la última ocasión en que pudo decirse que la cultura elevada dominaba una civilización de relieve."