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Para muchos Woodstock fue la coronación de Jimi Hendrix. Para otros tantos, Woodstock llegó a su cénit con la actuación de Santana y su Soul Sacrifice. Algunos se quedan con Grateful DeadThe Who o Jefferson Airplane, pero un número nada despreciable de personas cree que los amos del festival fueron Sly & The Family Stone, y este disco es la clave de su éxito.

Jethro Tull será recordado siempre por dos discos: “Aqualung” y “Thick As A Brick”. Ambos fueron hitos en la historia del Rock Progresivo por el estilo tan particular que imprimía Ian Anderson al género con su flauta travesera, pero antes de encontrar su sitio en el mundo de la música, Jethro Tull estaba todavía sumergido en el Blues Rock de “This Was”. Claro que Ian Anderson sabía que había algo que no terminaba de encajar con su forma de concebir la música y empezó a moverse en diferentes direcciones…

En plena ebullición del Rock y con el auge del Progresivo, los nuevos estilos iban apareciendo como setas y empezaron a tenderse puentes hacia otros géneros para crear hibridaciones que en algunos casos buscaban la aceptación de ambos públicos y en otros tenían pretensiones artísticas más elevadas. Es el caso de Mahavishnu Orchestra. El Jazz y el Rock fueron de los primeros géneros que se dieron la mano, ya sea dentro del mismo Rock Progresivo (con los ya analizados King Crimson) o fuera de él (Weather ReportTrafficSteely DanColosseum), pero si hay que hablar del gurú que encabezó este movimiento no hay mejor elección que John McLaughlin, guitarrista y líder de la agrupación que nos ocupa.

¿Qué se puede decir de este disco que no esté dicho ya? Bueno, podría ponerlo a parir para ver si ganaba algo de atención yendo a contracorriente, pero soy incapaz. Y mirad que me gustaría ser diferente, que la gente me alabe por ir contra la masa y tal y cual… No obstante, hay algo en lo que sí puedo llevar la contraria a los críticos: esto no es Punk. O por lo menos no entendido al modo tradicional. ¿En qué disco de Punk hay un tema de 11 minutos con un solo de guitarra como el de Marquee Moon?

El “proyecto” de Alan Parsons, que tomó forma en plena caída libre del Rock Progresivo, vino a intentar revitalizar el género incluyendo las nuevas sensibilidades del momento para hacerlo más digerible.

Steely Dan es una banda bastante peculiar dentro del agitado mundillo musical de los años 70. A priori podríamos meterla en el amplio mundo del Pop, destacar su carácter jazzístico y pasar a otras cosas con más impacto como, yo que sé, Bruce Springsteen. Pero la música es cosa seria y si me la tomara a la ligera jamás habría descubierto la primera época de Ultravox.

Yeah! No me he vuelto loco, aunque ella sí. Kate Bush toma las riendas de Kate Bush y lanza el que quizás sea el disco más impresionante de su carrera. Ya no es la Kate Bush empalagosa de voz infantil de Wuthering Heights, sino la Kate Bush de mil y una voces de Sat In Your Lap. Y eso es justo lo que esperaba de ella.

Hay grupos que se resisten a la categorización, y no cabe la menor duda de que New York Dolls es uno de los ejemplos más claros de ello. Tenían una imagen evidentemente Glam (creo que la portada no deja lugar a dudas) y desde luego tenían características propias de Marc Bolan David Bowie.

Infravalorado. O más bien, no tan valorado como “A New World Record” o “Eldorado”, y me parece un poco injusto. Jeff Lynne, alma máter de Electric Light Orchestra, es un maestro mezclando orquestación con Pop y Rock. ¿Que Evil Woman es el tema más comercial que había escrito hasta el momento? De acuerdo. ¿Que es un temazo? También. Ojalá la comercialidad y la calidad se den la mano así de bien siempre. Pero como yo sé que eso no es así, no me queda otra que quitarme el sombrero ante la creatividad de Lynne. El resto del disco es, en general, un “Eldorado” 2, lo cual, para los que no lo sepan, es bueno. Muy bueno.

Si hay un país anglófono más olvidado que el australiano ése es el neozelandés, pero como no conozco ninguna banda neozelandesa (si quitamos Crowded House, cuyo líder es de ese país) pensaría en el canadiense.

Cuando se habla del Glam hay siempre una serie de nombres recurrentes: David BowieMarc BolanLou Reed y, por supuesto, Brian Eno Bryan Ferry. Éstos dos bribones (por decir una palabra que empezara por “bri”) formaron la banda, como tal, más influyente del género. David Bowie era David BowieBolan era Bolan (en T. Rex, sí, pero bueno), pero Brian Eno y Bryan Ferry eran Roxy Music. Y Roxy Music fue la gran innovadora del Glam. Sonido decadente, texturas ingeniosas, teatralidad, instrumentación variada, estructuras atípicas… todo lo que se puede esperar de cinco estudiantes de arte un poco excéntricos.

Que Brian Eno es un genio no hacía falta que lo dijera yo para saberlo. No sólo es un teclista con talento y con un innato sentido de la producción muy desarrollado, sino que él solito inventó todo un género (el Ambient) y cambió en parte el curso normal de la música.

Es hora de quitarme el mal sabor de boca del disco de The Kinks (lo peorcito que sacaron los pobres) escuchando el mejor disco de The Doors. Justo, ¿no? El año 67 está siendo muy recurrente ya por estas páginas, lo sé, pero qué se le va a hacer si fue uno de los años más interesantes de la historia de la música moderna. 

Por mucho que me guste la primera época Zappa-esca de “Pretties For You” y “Easy Action”, es innegable que Alice Cooper dio la campanada y se superó a sí mismo en “Love It To Death”. También es un innegable que mandan al carajo el 99% de la experimentación garajera de su primera época para abrazar el Glam Rock y las formas teatrales que tenemos asociadas a Alice Cooper de la misma manera que relacionamos el maquillaje con Kiss, la lengua de Andy Warhol con los Rolling Stones o los porros con Bob Marley. El mundo de la música no perdió mucho con el cambio. Con BeefheartVelvet Underground y Zappa ya teníamos nuestra dosis de experimentación, pero en el año 71… ¡dadnos Glam en vena!

Led Zeppelin es una de mis bandas favoritas. En el fondo, su momento de mayor creatividad tuvo un lapso de tres años (entre el 69 y el 71) y el resto de su carrera consistió, en gran parte, en asegurar los éxitos iniciales y sacar de vez en cuando algún disco, de los cuales sólo dos me parecen verdaderamente grandes (“Houses Of The Holy” y “Physical Graffitti”).

Si, como se dice en el libro que empecé ayer, el Art Rock es el nexo de unión entre el Pop-Rock sesentero y el Prog Rock setentero, entonces creo que es de sentido común meter dentro de este grupo a Procol Harum, una de las bandas más olvidadas de todos los tiempos, excepto cuando se la relaciona con A Whiter Shade Of Pale. Y sí, A Whiter Shade Of Pale está muy bien, pero mejor está Conquistador, digo yo.

No podía pasar mucho tiempo después de hablar de “Selling England by the Pound” sin tocar “In the Court of the Crimson King”, el disco que abrió la veda del Prog, el que inauguró el género desde lo más alto y el que atrajo la atención de cientos de jóvenes que querían hacer algo más atrevido y exigente que todo lo que se había hecho hasta entonces en la década de los 60. También me descubrió un mundo nuevo a mí, ya que da la casualidad de que fue el primer disco de Prog que escuché, y, en su momento, creía que no era más que la punta del iceberg. Me equivoqué: era el iceberg.

Justamente entre tres álbumes muy populares (“Dark Side Of The Moon”, “Wish You Were Here” y “The Wall”), y casi los más conocidos si quitamos el “The Piper At The Gates of Dawn”, se encuentra una obra poco apreciada en la que no muchos parecen detenerse. No sé a qué se debe su desconocimiento. Quizás, debido a su naturaleza (se compone exclusivamente de tres temas largos y una pieza a modo de obertura y cierre), le faltó el sencillo exitoso que le catapultara hacia la fama. En mi opinión estamos ante una nueva injusticia musical más, ya que, en cierta manera, es el disco más redondo de Pink Floyd.

El tercer disco de The Velvet Undeground es el más rupturista de todos. No, no es todavía más experimental. Al contrario, los chicos rebeldes del Rock moderan todos sus excesos y presentan al mundo (y no es que al mundo de entonces le importara mucho, precisamente) su disco más tranquilito. Pero, ¿quién puede asociar tranquilo con aburrido siendo Lou Reed la mayor fuerza creativa del grupo? No, no. Este disco es bello. Realmente bello. Parece mentira que acabaran “White Light/White Heat” con Sister Ray y empezaran éste con Candy Says…

La primera pregunta que surge a la hora de abordar este mítico disco de los Clash es: “¿pero esto es Punk o no?”. Y la cosa es más complicada de contestar de lo que parece, especialmente si acabas de terminar de escuchar el disco y tienes en mente Revolution Rock o Train In Vain (¡Grease!).

Os presento, amigos, a una de las bandas más frikis del Hard Rock setentero. El misticismo y la simbología de Led Zeppelin ya se habían propagado por todo el planeta, especialmente cuando se decidieron a desenterrar viejas historias de Tolkien, y la imagen de muchos grupos de Heavy Metal fue modelada en base a la banda británica, pero quizás el grupo de primera hornada que incorporó una mayor carga de fantasía en sus canciones fue…. ¿Uriah Heep?… Bueno, pero Blue Öyster Cult andaba por ahí también. No en vano su cantante, Eric Bloom, colaboró con varios escritores de ciencia ficción hacia la década de los 80 e incluso con Patti Smith (las letras del destacado Career of Evil son suyas).

Adam Ant (de adamantio, sí) es el típico paranoide new-wavero de voz estridente con una tendencia clara a lo vanguardista. Este hombre, no obstante, tenía ciertas inclinaciones personales, ciertos gustos propios.

Año 1979, Joy Division saca su primer LP. Anteriormente Inglaterra había visto la salida de “An Ideal for Living”, un EP bastante Punk con unos matices más propios de Siouxsie que de los Sex Pistols, pero nada podía determinar que su siguiente trabajo se alejara tanto de todo lo hecho hasta entonces.

Supongo que es un lugar común empezar una crítica de este disco señalando lo explotado que estuvo y está en las radios musicales. En España no es que suene mucho en los 40 Principales, que digamos, pero en otras radios más “clásicas”, este disco es una cantera de hits radiofónicos de finales de los 70.

La verdad es que el New Wave ha dado al mundo todo tipo de experimentos bizarros. Si hace poco veíamos el pseudo-Glam de Adam Ant, hoy toca el cajón de sastre Cockney de Ian Dury. “New Boots and Panties!!” es un disco en el que caben todos los géneros habidos y por haber, pero el toque distintivo (y extraño) se encuentra en la voz. El acento del señor Dury es uno de los más exagerados que he escuchado en mi vida, y esto es, en parte, su razón de existir musicalmente hablando.

Tras una serie de reformas dentro del grupo (se fue todo Cristo), la banda puso en orden sus ideas y sacó al mercado su carta de presentación, su verdadera carta de presentación. Combinaron un pianista virtuoso con, en mi opinión, una de las mejores voces femeninas del Rock, Annie Haslam, aunque entre cantantes de élite es difícil poner a alguien por encima del resto. Renaissance era un grupo de Progresivo considerablemente accesible.

En los años 60 no había mejor banda que captara la esencia de los viejos sonidos americanos y se la insuflara al Rock que Creedence Clearwater Revival. Está tan “clear” como el “water” que el Roots Rock alcanzó picos de vértigo con discos como “Green River”, “Bayou Country”, “Wily And The Poor Boys” y, sobre todo, con “Cosmo’s Factory”.

Con la formación de Deep Purple Mk II (1) la banda vio su renacer como la banda más dura de Inglaterra. Sólo hizo falta fichar a Roger Glover como bajista y al magnífico Ian Gillan como cantante y dejar que se integraran con las leyendas que quedaban en la banda, es decir, Ritchie BlackmoreJon Lord e Ian Paice.