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En un artículo sobre Lucky Jim, Christopher Hitchens escribe que la novela de Kingsley Amis "ilustra la crucial diferencia entre el tipo de a pie y el hombre pequeño". El protagonista, Jim Dixon, "como su creador, no era un payaso, sino un hombre de sentimientos después de todo".

Primera o segunda cadena. Poco importa si en color o en blanco y negro: el caso es que aquella televisión de nuestra infancia y juventud resume un viaje audiovisual fascinante, que nos llevó de la dictadura a la libertad, y desde una programación digna de un despotismo ilustrado ‒la de los primeros años de la democracia‒ hasta una oferta bastante más frívola, despojada por completo de pedagogía.

El encuentro con dragones provoca una sensación de hechizo y agonía. En nuestras pesadillas, deseamos guarecernos de sus escamas y colmillos, pero nos deslumbran el poderío de la bestia, sus dimensiones y su éxito evolutivo.

A través de su obra y de lo que sabemos de su vida, Lord Byron refleja el pulso de su época. La del apasionamiento es una virtud enteramente byroniana, y seguramente por ello hemos idealizado al escritor con otros detalles románticos: la búsqueda de la libertad y la belleza, el individualismo a ultranza, el refinamiento estético, la raíz oscura del deseo...

¿Por qué nos atraen tanto las obras de Arthur Conan Doyle? Está claro que nos gustan, eso ya lo sabemos, pero ¿por qué lo hacen con tanto énfasis? En otras palabras: ¿qué detalle las convierte en libros de culto?

A través de las latitudes y de las épocas, lo cotidiano ha ido codificándose por medio de una serie de costumbres que hemos despojado de trascendencia. Cada instante de nuestra existencia debería ser autónomo y significativo, pero al final, dejamos que la rutina encaje cada cosa en su lugar, como si el presente no pudiera tener diferencias de énfasis o temperatura.

A la hora de explorar los caminos del feminismo, Camille Paglia sabe que es posible ‒tal vez, inevitable‒ apartarse de la vía principal y proseguir por rutas alternativas, a veces perturbadoras, pero idóneas para quien no desea que nadie, empezando por los guardianes de la corrección política, determine el rumbo de su trayectoria intelectual.

Los modos de ser español ‒ya lo sabemos‒ tienen su misterio y no pueden resumirse en un puñado de normas básicas. Hay teóricos de la hispanidad que han caído en el estereotipo, como si esta identidad colectiva y telúrica sirviera para definir vidas en suspenso, aisladas del curso de la historia. Por suerte, otros intelectuales han sabido establecer lo que nos une a personas como usted y como yo, y también lo que heredamos de compatriotas que vivieron en circunstancias que ni usted ni yo querríamos.

En este apasionante viaje fotográfico, Massimo Listri se pasea por algunas de las bibliotecas más antiguas e importantes del mundo para descubrir sus secretos arquitectónicos e históricos.

La escena no cambia. El ceremonial, hasta hoy, permanece en nuestra imaginación con la fuerza de un mito: los legionarios dispuestos en triplex acies, o triple orden de batalla, mientras empiezan a oírse los gritos de los adversarios, poco antes de que la sangre y la furia dominen el escenario.

Hay quien devora fantasía heroica light o se apunta a la moda de Canción de Hielo y Fuego sin haber leído los libros de Martin. Es una opción respetable, pero no es a ese tipo de lectores al que se dirige Steven Erikson. En realidad, la saga que lleva su firma es literatura de muchos octanos, escrita de forma competente por un autor ambicioso y apasionado.

Pese a ser uno de los libros más traducidos y versionados de la historia, El arte de la guerra de Sunzi se ve, todavía hoy, envuelto en un halo de misterio y desconocimiento. Daniel Tubau ha hecho un monumental trabajo de investigación para ofrecernos una completa visión del gran clásico de la estrategia.

Toda la obra de Edna O'Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) está impregnada de los paisajes de su infancia, del eco de su tierra, de sus padres, sus vecinos y amigos, su vida entera. Es una obra autobiográfica en el mayor, y mejor, sentido de la palabra. En sus libros vuelve a repetir a veces algunos acontecimientos que le han dejado huella, de forma que, sencillamente, sin alharacas, conocemos a la niña Edna, a la adolescente, a la joven y, sobre todo en su último libro Chica de campo, a la mujer y a la anciana. 

Aunque en el mundo occidental nos rige el libre acuerdo entre ciudadanos, expresado en constituciones democráticas, se advierte en muchos votantes un entumecimiento de la sensibilidad, sobre todo entre aquellos que desconocen los cimientos de la política ‒la historia, el derecho, la filosofía...‒ y que, sin embargo, se han acostumbrado a hablar a la altura del experto, entregándose a la charla interminable de internet con un buen arsenal de tópicos, confusiones y noticias falsas.

La tensión entre la curiosidad y el mito, entre lo imprevisible y el estereotipo, o entre la espontaneidad y la estatuaria no supone una contradicción para el cinéfilo. Al contrario. Entre un punto y el otro, dialogan en la pantalla esos personajes que, simple y misteriosamente, parecen reales, y que acaban incorporándose a nuestros recuerdos con mayor intensidad que figuras auténticas.

Lo cierto es que este trío de investigadores ‒Alba Vicente, Ferran Llorens y Àngel H. Luján‒ sabe trazar con meridiana claridad y con mucha gracia la arquitectura de la evolución, desde los cimientos teóricos hasta sus penúltimas bifurcaciones en la naturaleza.

Los lectores tenemos puntos de vista diferentes en relación con Lem. Ninguno de sus admiradores lleva en los bolsillos los mismos adjetivos para valorar su obra. Ese criterio, en muchas ocasiones, depende de la biografía de quien devora sus libros.

En demasiadas ocasiones, lo que leemos acerca de nuestra historia es una consecuencia o subproducto de la leyenda negra. Y esto equivale a observar nuestro pasado por medio de ese denso filtro que viene a ser el prejuicio. Así, cuando le toca el turno a las grandes figuras de la historia militar española, esa épica que se permiten los historiadores franceses o anglosajones desaparece del panorama y queda sustituida por la más colorida de las autocríticas.

Con un criterio estricto, la época victoriana ocupa el reinado de Victoria I, que subió al trono con 18 años en 1837 y murió en 1901, después de llevar la corona durante más de 63 años.

Es un atrevido ejercicio literario tomar una obra maestra y construir una secuela. En el cine esto nunca suele traer buenas noticias, salvo que hablemos de El Padrino, cuya segunda entrega no desmerece de la primera (hay gente que la prefiere) e, incluso, la tercera podría ser considerada obra maestra si se analizara aparte.

En 2004, Patricia Almarcegui nos decía desde las páginas de Revista de Occidente que "la mirada del viajero le ha permitido establecer la relación con el mundo exterior, y esa relación ha modificado su identidad". En opinión de la escritora, el acto de viajar no es tanto un simple nomadeo, sino el establecimiento de "una conexión entre el mundo exterior y la identidad del que se traslada".

El concepto de inmortalidad, ejemplarmente explorado por Alejandro Navarro Yáñez en este magnífico libro, se nos antoja fascinante. Sobre todo, desde el punto de vista de aquellos lectores que recorremos estas páginas con unas cuantas décadas en la mochila.

Este es el segundo libro que la editorial Impedimenta publica de los escritos por Penelope Mortimer (1918-1999). La vida de esta autora es tan interesante como sus propias novelas. Es más, podríamos decir que en esa vida encontró el principal vivero de temas de su literatura. Esos temas se resumen en las relaciones entre parejas y todo lo que circula alrededor. Hay una visión pesimista que es un reflejo de lo que Mortimer había vivido. Ese desánimo bien podía venir, incluso, de su infancia, con un padre escasamente protector, más bien todo lo contrario.

Nada es lo que parece. Si eres uno de esos lectores curiosos que sucumben a la tentación de darse una vueltecita por las últimas páginas antes de terminar... no lo hagas. Te perderías lo mejor. Las vueltas de tuerca de Henry James son peccata minuta comparada con estas.

Delicadeza. Esa es la palabra que me sugiere este libro. Ese es el concepto. Algo delicado pero no exento de verdad, de realidades no siempre aceptadas o entrevistas. El corazón de las nueve estancias tiene en su centro a una mujer y, en derredor, a nueve personas que la han habitado, que la han poseído, entendido o amado de alguna manera. Es un largo poema biográfico con sentido filosófico.

Helen Phillips (Colorado, USA, 1983) es una de las nuevas voces de la narrativa americana. Vive en Nueva York e imparte clases en el Brooklyn College. Este es su primer libro publicado en castellano y antes de él publicó en inglés dos colecciones de relatos.

A mí se me antoja que escribir una novela con la figura central de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, es un atrevimiento, un acto de valentía, un gesto kamikaze.

A pesar de que me considero un escéptico, y de que me empeño diariamente en distinguir la ciencia de la seudociencia y la historia de la seudohistoria, reconozco que mi adolescencia no hubiera sido la misma sin aquellos ensueños que me proporcionaron las películas de Indiana Jones ‒más cercanas al ocultismo que a la arqueología‒, los programas de Fernando Jiménez del Oso, y como postre, los mil y un libros que siguieron la estela de El retorno de los brujos (1960), de Louis Pauwels y Jacques Bergier.